Los estudiantes del Máster Universitario de Periodismo Cultural de la Universidad CEU San Pablo visitaron el pasado viernes 20 de febrero la pinacoteca real que permitió analizar de forma directa cómo la monarquía española construyó su imagen de poder a través del arte
Durante la visita a la Galería de Colecciones Reales, el grupo de estudiantes del Máster en Periodismo Cultural de la Universidad CEU San Pablo fue guiado por la profesora María Fernández-Shaw, especialista en fundamentos de Bellas Artes. La docente condujo al grupo a través de un recorrido que incluyó pinturas, armaduras y carruajes de los reinados de la Casa de Austria, finalizando con la exposición dedicada a la dinastía de los Borbones, ofreciendo así una visión completa de la evolución histórica y artística de la monarquía española.
El legado artístico de los Austrias
El recorrido comienza con un retrato de Isabel la Católica, que se conserva gracias a que Juana de Castilla lo mantuvo consigo durante su célebre encierro. Los estudiantes pudieron observar también 16 de los 47 cuadros que la reina realmente poseía, los únicos que se conservaron hasta hoy. Estas obras son especialmente significativas, ya que Isabel solía llevarlas consigo en sus viajes, reflejando su apego personal y su interés por el arte. Más adelante, la galería incluye una sección del muro de la época árabe, que permite contextualizar la historia arquitectónica y cultural previa a la monarquía moderna.
El trayecto comenzó con la Casa de Austria, desde Carlos V hasta Carlos II. Durante estos reinados, la monarquía hispánica se convirtió en una de las principales potencias europeas, y el arte fue una herramienta esencial de representación del poder.
Entre las piezas más llamativas, destaca una de las armaduras de Carlos V, ejemplo de la magnificencia imperial del siglo XVI. Su diseño robusto y ornamentado refleja la figura de un emperador que dominaba un vasto territorio europeo y americano. Sin embargo, al compararla con la armadura de Felipe III, expuesta también en el recorrido, el contraste resulta evidente: la del monarca posterior, aunque elegante, no transmite la misma imponencia ni la sensación de poder marcial que la del emperador.
También se exhibe la armadura vinculada a Felipe II en el contexto de su matrimonio con María Tudor, reina de Inglaterra. Esta pieza no solo tiene valor militar, sino también político, pues simboliza la alianza estratégica entre las dos coronas y la dimensión internacional del reinado.
Más allá del brillo metálico, las armaduras permiten observar un detalle curioso que sorprende a muchos visitantes: las dimensiones reducidas. Los estudios antropométricos y las propias piezas evidencian que los monarcas de la época eran de estatura considerablemente baja en comparación con los estándares actuales, algo que desmonta la imagen idealizada que a menudo transmiten los retratos oficiales.
Uno de los grandes atractivos son los tapices flamencos del siglo XVI, considerados entre los mejores de Europa. Estas piezas, tejidas en talleres de Bruselas, no solo decoraban los palacios reales, sino que también viajaban con la corte y funcionaban como símbolos portátiles de prestigio y autoridad. Sus escenas mitológicas, bíblicas y alegóricas muestran la riqueza técnica y el refinamiento artístico de la época.
En esta sección, también destacan pinturas de grandes maestros del Siglo de Oro como Velázquez, El Greco o Caravaggio, además de esculturas y objetos litúrgicos que reflejan la estrecha relación entre la Corona y la Iglesia.
Los Borbones y la renovación estética
Con la llegada de los Borbones en el siglo XVIII se produce una transformación del gusto artístico. La influencia francesa e italiana introduce nuevas corrientes estilísticas y una concepción distinta de la representación del poder.
Los cartones para tapices, muchos de ellos diseñados por Goya, junto con el desarrollo de las artes decorativas y la reorganización de las colecciones, marcan esta etapa, reflejando cómo la monarquía borbónica proyectaba una imagen más alineada con los ideales de la Ilustración y los cambios sociales.
Entre las piezas más singulares se encuentra el traje de la Orden de Carlos III, conservado en plomo, un material altamente contaminante y peligroso, pero que en la época era la única manera de preservar la forma y los detalles del traje de manera duradera. Esta pieza evidencia cómo los monarcas combinaban ritual, distinción y simbolismo, convirtiendo cada objeto en un mensaje tangible de autoridad y prestigio que debía resistir el paso del tiempo.
Además, la exposición se enriquece con cuadros cedidos por el Museo del Prado, entre los que destaca el retrato de Carlos III, que permite apreciar no solo la imagen oficial del monarca, sino también la forma en que la Corona utilizaba la pintura para proyectar autoridad, prestigio y continuidad dinástica.
Los estudiantes pudieron contemplar instrumentos musicales del siglo XVIII, como el clave, el arpa y una guitarra, que ilustran la importancia de la música en los ambientes cortesanos y en la vida cultural de la realeza.
El recorrido finaliza con objetos personales de la reina Isabel II, conectando la historia con la monarquía más reciente, y termina mostrando vídeos sobre la situación política actual, ofreciendo un puente entre el pasado y la España contemporánea.
Una experiencia académica enriquecedora para los estudiantes
Al concluir el recorrido, los estudiantes pudieron valorar de primera mano cómo la historia, el arte y los objetos de la monarquía española se entrelazan para contar un relato de poder, prestigio y evolución cultural. La visita dejó una sensación de enriquecimiento académico y descubrimiento, despertando interés por la investigación histórica y museística, y ofreciendo una experiencia didáctica que combina análisis crítico con contemplación directa de piezas únicas.
