La escritora venezolana presentó su nueva novela arropada por la directora Paula Ortiz y con una lectura dramatizada de Marta Poveda que convirtió el acto en una experiencia escénica
La literatura se convirtió en acontecimiento cultural el pasado viernes 20 de febrero en el auditorio de Fundación Telefónica, donde Karina Sainz Borgo (Caracas, 1982) presentó Nazarena (Alfaguara, 2026), su última novela, en un diálogo que trascendió el formato habitual de presentación para convertirse en una conversación sobre la fe, la violencia y la resistencia femenina. La autora estuvo acompañada por la cineasta Paula Ortiz y la actriz Marta Poveda, que puso voz a varios fragmentos de la obra ante un público que llenó la sala.
La familia como territorio devastado
Sainz Borgo explicó que Nazarena aborda la descomposición familiar no solo como conflicto íntimo, sino como síntoma de una fractura mayor. La novela indaga en la pérdida, el desarraigo y la violencia que atraviesan los vínculos más primarios, hasta convertir el hogar —tradicional espacio de protección— en un lugar de tensión y ruptura.
“La familia puede ser un refugio, pero también el primer campo de batalla”, señaló la autora, quien defendió que la literatura permite explorar esas grietas con una profundidad que trasciende el análisis sociológico. En Nazarena, la destrucción del núcleo familiar se erige como una tragedia contemporánea que resuena en lo colectivo.
Ecos de Lorca y García Márquez
Durante la conversación, Sainz Borgo reconoció la influencia de Federico García Lorca en la dimensión trágica y simbólica de la familia, así como la huella de Gabriel García Márquez en la construcción de un universo donde lo íntimo adquiere resonancias míticas. De Lorca, destacó la fatalidad que se cierne sobre los personajes; de García Márquez, la capacidad de convertir las sagas familiares en relatos donde el tiempo y la memoria se entrelazan con lo extraordinario.
Paula Ortiz recogió estas referencias para subrayar que Nazarena dialoga con esa tradición al tiempo que construye una mirada propia, marcada por la tensión entre lirismo y crudeza.
“El amor de una familia puede ser político”
Uno de los momentos más destacados del acto llegó cuando Paula Ortiz afirmó que “el amor de una familia puede ser político”. La cineasta explicó que los afectos no son neutros: están atravesados por el contexto, las normas sociales y las estructuras de poder. En ese sentido, sostuvo que la novela de Sainz Borgo muestra cómo los vínculos familiares pueden convertirse tanto en espacio de resistencia como en escenario de opresión.
Para Ortiz, el libro revela que lo doméstico no es un ámbito aislado de la historia, sino un lugar donde se reflejan las tensiones del mundo. “En el interior de una casa también se dirimen conflictos que son profundamente políticos”, añadió.
La palabra encarnada
La lectura de Marta Poveda aportó intensidad y respiración a los pasajes seleccionados. Su interpretación acentuó la musicalidad del texto y la fragilidad de los personajes, especialmente en aquellos fragmentos donde la ruptura familiar se manifiesta con mayor crudeza.
El público siguió en silencio cada palabra, y los aplausos finales confirmaron la fuerza escénica de la lectura.
Literatura como memoria y resistencia
Con esta presentación en Fundación Telefónica, Nazarena inició su recorrido público consolidándose como una novela que explora la destrucción de la familia desde una perspectiva literaria que dialoga con la tradición y, al mismo tiempo, interroga el presente. Una noche en la que literatura, cine y teatro se unieron para pensar el poder —y la fragilidad— de los lazos que nos definen.
