‘Jurassic Park’: así es como se juega a ser Dios

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Veinte años después del estreno de El Mundo Perdido, la secuela de Parque Jurásico, el actor Jeff Goldblum vuelve a la franquicia de los dinosaurios más famosos gracias a J.A. Bayona, encargado de dirigir la segunda entrega de Jurassic Wold. Aunque no sabemos si este nuevo largometraje estará a la altura de la película original, todo apunta a que el cineasta logrará sobreponerse a la anterior cinta, creada por Colin Trevorrow, y le dará un nuevo enfoque al dilema que han ahondado todos los largometrajes en mayor o menor medida: el mito de Prometeo (cómo el ser humano ha jugado a ser Dios sin pensar en las consecuencias) bajo el filtro de la ciencia, la cual ha supuesto un gran avance, ya que nos ha permitido prosperar y mejorar nuestra calidad de vida, pero plantea la cuestión de hasta qué punto se puede jugar con ella.

La trilogía principal de la franquicia está compuesta por Parque Jurásico (1993), El Mundo Perdido (1997) y Parque Jurásico III (2001). En 2015 se estrenó Jurassic World, la cuarta parte y el inicio de una nueva trilogía cinematográfica de dinosaurios. El estreno de su continuación está previsto para el 22 de junio de 2018.

Parque Jurásico (1993)

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Parque Jurásico está basada en la novela homónima del escritor estadounidense Michael Crichton y fue dirigida, en 1993, por Steven Spielberg. Esta película se convirtió, en su momento, en el mayor éxito de la historia del cine.

El filme trata sobre lo que supondría llevar a cabo una manipulación biológica para devolver a la vida a una especie extinta hace miles de millones de años. A través de esta premisa se desarrolla la trama central de la trilogía cinematográfica, la cual cuenta con una secuela que vuelve a ahondar en el mismo tema.

En Jurassic Park, el multimillonario John Hammond (Richard Attenborough), fundador y presidente de InGen (International Genetic Technologies, Inc) deseaba que el circo de pulgas, su primer proyecto, dejara de ser una ilusión y se convirtiera en algo que se pudiera ver y tocar. Esto le lleva a crear un parque temático cuando las investigaciones científicas de su compañía logran devolver a la vida a varias especies de dinosaurios. Así nace Parque Jurásico, situado en Isla Nublar, al oeste de Costa Rica.

Como se puede ver existe un paralelismo claro entre Hammond y Prometeo: el presidente de InGen se mueve para lograr un sueño y el titán lo hace guiado por su amor a los seres humanos. Ambos terminan llevando a cabo unas acciones cuyas consecuencias son más negativas que positivas.

El paleontólogo Allan Gran (Sam Neill) y la paleobotánica Ellie Salter (Laura Dern) reciben la visita del multimillonario, el cual les promete financiar su trabajo a cambio de visitar y valorar el parque temático que ha construido. Ambos acaban viajando a la isla acompañados de Ian Malcolm (Jeff Goldblum), matemático y profesor de la teoría del caos. Una vez allí se dan cuenta de que lo que ha creado Hammond va más allá de lo que ninguno hubiera imaginado. Tras superar el asombro inicial, es Malcolm quien advierte del riesgo que supone la clonación de dinosaurios cuando comenta que los científicos de InGen “estaban tan preocupados de si podían hacerlo o no que ni siquiera pensaron en si debían”. El fundador del parque se justifica diciendo que nadie se quejaría si creara especies que están a punto de extinguirse como el cóndor, pero el matemático matiza que los dinosaurios no se extinguieron «por una deforestación o la construcción de alguna presa», sino por «la elección de la naturaleza».

Al igual que le pasó a Prometeo, la acción de Hammond se vuelve contra él cuando un boicot por parte de uno de los empleados hace que fallen los sistemas de seguridad del parque y los dinosauros terminan campando a sus anchas por la isla. Estos se convierten en una amenaza que pone en peligro la vida de los nietos del presidente de la compañía.

Para explicar el colapso que sufre el parque temático, se utiliza la teoría del caos: el resultado de algo depende de diferentes variables. Estas pueden suponer cambios en el comportamiento futuro, por lo que es imposible predecir su conducta. En Isla Nublar hay tantas variables que el comportamiento de los dinosaurios es impredecible. Para Malcolm el parque está destinado a ser un fracaso, hecho que ratifica cuando descubren que “la vida se abre camino” ya que los dinosaurios han encontrado la manera de reproducirse a pesar de ser todas hembras.

Volvemos a encontrar una clara referencia a Prometeo en la mítica frase del matemático: “Dios crea al dinosaurio, Dios destruye al dinosaurio, Dios crea al hombre, el hombre destruye a Dios. El hombre crea al dinosaurio”. Si la analizamos con detenimiento podemos ver que Hammond y Prometeo representan la dualidad del poder, el cual puede ser creación o destrucción. Todo depende del uso que se le dé.

El Mundo Perdido (1997)

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Cuatro años después de lo ocurrido en Parque Jurásico, Spielberg nos sitúa en Isla Sorna, el enclave donde los dinosaurios eran criados para, posteriormente, ser trasladados al parque. InGen se ve sumida en una profunda crisis debida, en parte, a que la mayoría de sus inversores retiraron sus fondos tras lo ocurrido con el proyecto principal. Tras ello InGen abandona este enclave, lo que provoca que los dinosaurios acaben moviéndose libremente por toda la isla.

Cuando una niña de una familia adinerada que echa el ancla en Isla Sorna es atacada por un grupo de dinosaurios, Peter Ludlow (Arliss Howard), el sobrino de John Hammond, decide destituir a su tío. Ludlow se convierte, así, en el nuevo presidente de InGen y organiza una expedición para capturar vivos a los dinosaurios y llevarlos a San Diego (California) para exhibirlos en un nuevo parque. Al ver lo que intenta su sobrino, Hammond trata de convencer a Ian Malcolm para que se una a un equipo de investigación que va a ir a la isla para realizar un dossier con el fin de convencer a la opinión pública de que los dinosaurios deben permanecer dentro de esa isla. Malcolm se niega al principio, pero cambia de opinión cuando se entera de que la paleontóloga Sarah Harding (Julianne Moore) forma parte del equipo, el cual lleva ya tres días trabajando allí.

En este filme se rescató a Ian Malcolm debido a la fama que alcanzó en la primera película para presentar como conflicto principal la avaricia empresarial de InGen. No obstante, la cinta también trata el tema de la extinción de los dinosaurios y reflexiona sobre el destino de los seres humanos, ¿están abocados a acabar como ellos?

Es innegable que el largometraje fue todo un éxito. Sin embargo, no logró superar a su predecesora. A pesar de ello, El Mundo Perdido cuenta con un mayor número de localizaciones, nuevos dinosaurios y secuencias de acción inolvidables. Puede que no llegara a la altura que la primera entrega, pero Spielberg logró que los espectadores disfrutaran del largometraje sin repetir de forma excesiva la fórmula que llevó al éxito a Parque Jurásico. En esta ocasión, es el sobrino de Hammond el que se convierte en Prometeo. Al igual que el titán, quien no conforme con el engaño de las ofrendas decidió volver a jugársela por los seres humanos, Ludlow hace caso omiso al fracaso del parque anterior y decide crear uno nuevo en plena ciudad.

De nuevo, Ian Malcolm se convierte en la voz de la razón cuando señala que “no se debe jugar con la ciencia y la naturaleza”, pero el hombre es el único ser vivo capaz de tropezar dos veces (o más) con la misma piedra, tal y como queda reflejado en estas películas.

Parque Jurásico III (2001)

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Spielberg pasó el relevo al director Joe Johnston, quien se encargó de que los dinosaurios volvieran a la gran pantalla cuatro años después. El largometraje muy esperado por los fans de la saga, resultó ser toda una decepción, ya que se trataba de una vuelta de tuerca fallida a la misma historia que no aportaba nada nuevo.

Este tercer film recupera el personaje de Alan Grant. La excavación que lleva acabo se encuentra en una precaria situación por motivos económicos por lo que el paleontólogo termina aceptando, ante la perspectiva de una generosa retribución económica, hacer de guía a Paul (William H. Macy) y Amanda Kirby (Téa Leoni), quienes desean volar por encima de Isla Sorna. Lo que Grant no sabe es que el objetivo real del matrimonio es aterrizar allí para buscar a su hijo, quien desapareció tras sobrevolar la zona en ala delta.

El mensaje que transmite es prácticamente el mismo que el de la primera entrega, salvo que, en esta ocasión la prometeica InGen no tiene un papel activo. No obstante, en la cinta se pueden apreciar los laboratorios de la compañía. Allí, Amanda Kirby afirma que así era como “se hacían los dinosaurios”. Alan Grant la corrige inmediatamente matizando que así era “como se juega a ser Dios”.

Jurassic World (2015)

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Después del desencanto que supuso Parque Jurásico III, se realizaron varios guiones que no llegaron a buen puerto. A pesar de ello, en 2013 se rescataron algunos de ellos para sacar, dos años después, Jurassic World, la cuarta parte de Jurassic Park.

Si la primera entrega abordó el mito de Prometeo para hablar de la delgada línea que hay entre jugar a ser Dios y perder el control de lo que se crea, este último largometraje dobla la apuesta e introduce la ciencia como un juego de invención. ¿Por qué conformarse con un Tiranosaurio Rex cuando se puede crear algo más grande y más letal?

En esta cinta, la nueva creación, el Indominus Rex, consigue engañar a los humanos y salir de su jaula. Los responsables de dicha criatura, quienes han jugado con el ADN de muchas especies para crearla, ni siquiera son capaces de adivinar sus habilidades y su nivel de inteligencia.

Owen Grady (Chris Pratt), uno de los entrenadores de los dinosaurios, verbaliza el mismo pensamiento que el matemático Ian Malcolm dejó claro en el primer film (los científicos se centraron en si eran capaces de traer de vuelta a los dinosaurios que no se pararon a pensar si debían hacerlo), salvo que, en esta ocasión, se añade un nuevo matiz: la creación de nuevas criaturas para sorprender a los espectadores. A través de esto se realiza una fuerte crítica a la sociedad, la cual se cansa rápidamente de todo, ya sean avances científicos extraordinarios o el último teléfono móvil del mercado.

Tanto Malcolm como Grady son un recordatorio constante de las consecuencias que tienen las acciones y de la facilidad con la que el poder puede transformarse en caos.

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La saga de Jurassic Park utiliza, por tanto, el mito de Prometeo para enseñarnos que, a través de la ciencia, podemos mejorar y modificar el entorno para avanzar, pero también podemos destruirlo. Se trata de una llamada de atención sobre los riesgos de jugar con la genética.

La ética científica existe para evitar, en la medida de lo posible, que los seres humanos terminen trasgrediendo las reglas naturales y devastando el mundo. Sin embargo, como se puede ver, el hombre la ignora de forma deliberada y comete actos que acaban teniendo consecuencias fatales. En el tercer film, Alan Grant asevera que las peores cosas que puedas imaginar “fueron hechas con las mejores intenciones” y no hay que irse muy lejos para comprobar su veracidad, pues la bomba atómica es un claro ejemplo de ello. Esto pone de manifiesto que los seres humanos, buscando avances científicos y tecnológicos, acaban destruyendo lo que tienen a su alrededor, tal y como le ocurrió a Prometeo, pues tras el castigo que le impuso Zeus, el dios griego mandó crear a Pandora, quien trajo una serie de desgracias a los seres humanos.

A través de un argumento sencillo (el deseo de Hammond de convertir su sueño en algo tangible), se trata el tema de la frivolidad de los avances científicos y tecnológicos y la osadía de los hombres a la hora de alterar la naturaleza. Ni las cercas electrificadas, ni el sistema de seguridad del parque logran, en las cuatro entregas, detener el caos. Todo esto pone de manifiesto que no existe ningún tipo de control o supervisión que regule la ciencia y la tecnología, por lo que cualquiera con dinero y medios para ello puede convertirse en un intento de Dios y desatar la destrucción a su paso. Sin embargo, aunque, en ocasiones, es complicado trazar una línea entre lo que es éticamente correcto y lo que no, hay límites que la ciencia no debería cruzar jamás.

Este mito, rescatado en la saga, habla también de cómo el conocimiento puede ser la llave para la libertad o para la esclavitud, para la creación o para la destrucción. La energía atómica, por ejemplo, puede ayudar a mejorar el mundo, pero también es el arma más peligrosa de la que dispone el ser humano.

En todo el artículo, hemos hablado de un caso ficticio de clonación genética cuya idea surgió hace más de veinte años. No obstante, solo hay que mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que la ciencia ya está explorando este campo. Un claro ejemplo de ello fue la oveja Dolly, el primer mamífero clonado a partir de una célula adulta (perteneciente a una oveja de 6 años). Dolly nació en 1996 y fue sacrificada a los 6 años y medio debido a que padecía un cáncer pulmonar. El promedio de vida de su raza es de unos 12 años por lo que los científicos especulan que, genéticamente hablando, Dolly nació con 6 años, por lo que vivió el tiempo que cabría esperar.

En 2013, un grupo de científicos rusos hallaron sangre y tejidos musculares perfectamente conservados entre los restos de un mamut lanudo que quedó enterrado en el hielo. Esto supuso un avance para la clonación, aunque, a día de hoy, todavía no se ha logrado nada significativo. Dos años después, tras el hallazgo de dos cachorros de león cavernario, se empezó a trabajar en la posibilidad de revivir este animal extinto.

En septiembre de 2016, la noticia ‘Por qué la ciencia está incumpliendo su promesa de resucitar al mamut’ publicada por El Diario trataba solamente las complicaciones de hacer realidad el deseo del ser humano de volver a ver a estos animales de La Edad del Hielo, pero en ningún momento se plantean si es ético o no. La verdadera pregunta no es si se puede, sino si se debe devolver a la vida a estas criaturas. ¿No sería más sensato buscar la forma de evitar que las especies que conviven con nosotros se extingan en vez de clonar otras que vivieron hace miles de años?

Cristina García

Siempre he tenido mis monstruos, aunque nunca fueron a verme. Simplemente convivían conmigo. Y empecé a escribir para intentar aplacarlos. Aquello se convirtió en hábito cuando descubrí que con las letras podía mantenerlos encerrados. Así que construí mundos enteros. Después llegó el periodismo y, con él, el amor por la cultura.

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