MENU

Ana Isabel Díaz-Plaza: “La relación con la zona es...

Sergio Larraín: El fotógrafo silencioso

10 febrero, 2012 Comentarios (0) Visitas: 1007 Arte

Adiós al pintor extraterrestre

Es pronto para decir eso de “si Antoni Tàpies levantara la cabeza…”. Aún así, cuesta no pensar en qué cara pondría el artista si viera que la primera de sus obras subastada tras su muerte, el pasado domingo, lo ha hecho duplicando su valor. Y después de un 2011 en el que apenas vendió nada. Qué diría el pintor catalán, que dedicó buena parte de su carrera a revalorizar aquellas cosas que habitualmente nos producen asco y desprecio, que a veces tienen nombres tan universales como axila o calcetín, pero otras solo forman parte de una enciclopedia de manías en la que casi cada artículo merecería ser discutido.

“Hay críticos a los que tengo cariño y los hay tontitos…. Y mira, los críticos que más me gustan son los que hablan bien de mí”, confesó en una entrevista en 2004. Él se vio unas cuantas veces en la controversia, y no solo porque le gustara, sino porque era un enamorado de la materia -aunque algunos se reirán leyendo esto-; así la quería, entera, con sus pelos de axila, sus vacíos y su todo, y así intentó mostrarla en su obra, como hizo con aquella enorme escultura en forma de calcetín que el mismísimo MACBA rechazó incorporar a su colección en los años noventa.

Calcetín Tàpies

Hacía tiempo que Tàpies casi no veía ni oía por culpa de una enfermedad. Como si hubiera tenido en algún momento una suerte de premonición fatal, la obra del artista siempre apeló a otro sentido, al del tacto, porque daban ganas de acariciar todas esas cicatrices que él trazaba con cariño en sus piezas a base de cruces, cruces y más cruces. “Una cruz se puede hacer de infinitas formas, no se acaba nunca. En este sentido, envejecer da una cierta tranquilidad”, dijo una vez.

Tranquilidad es lo que produce pensar ahora en aquel calcetín desparejado, el de la polémica, que, ya huérfano, vela desde la que ahora es su casa, en el patio de la sede de la Fundación Tàpies en Barcelona, por el verdadero orden de las cosas: ese desorden que Tàpies entendía como nadie.

Tags: , , , ,

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

n