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Playa de San Lorenzo de Gijón. Autor: Labé

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Planes para una Semana Santa madrileña

22 marzo, 2012 Comentarios (0) Visitas: 912 Miscelánea

El ataque de los clones súperguays

Había una vez una chica que se marchó a vivir a un lugar donde, se quejaba, todo el mundo era igual. Desde Madrid, su hermano creó un blog, en el que empezó a publicar los dibujos que hacía de algunos de los habitantes de la capital, para demostrarle que ésta  estaba llena de gente que se creía original, pero en realidad tampoco lo era. Hoy Fauna Mongola, la bitácora que en Facebook se define como la más “inconsistente, inconstante e idiota de Madrid”, ya tiene tres años y más de 2.000 seguidores, y su autor, Cristóbal Fortúnez, sigue sorprendido de que “ninguno se dé por aludido” con sus retratos robot.

 Aquel chico que quería explicarle a su hermana “que nadie es tan diferente ni tan especial”, indica a Fanzine Radar por correo electrónico que ha rechazado ofertas de “sexo y dinero” por parte de quienes ansiaban aparecer en esta enciclopedia ilustrada “de la falsa diferencia y el querer pertenecer a una élite”. Como ya hiciera el naturalista Gerald Durell con los escorpiones y los escarabajos, Fortúnez clasifica sin piedad -modernos, pijos, taitantos peterpanescos, titanes de la fiesta, diseñadores plastazo- a aquellos rebaños que pululan por la ciudad convencidos de que son ejemplares en peligro de extinción.

Una herramienta de trabajo imprescindible para tal labor científica son, claro está, los prejuicios. “Generalizar es algo muy malo a nivel social”, reconoce Fortúnez, “pero imprescindible como método de supervivencia. Que se lo digan, si no, a las focas del Ártico, que aún confían en el ser humano, y así les va”. El autor de Fauna Mongola se declara arrepentido de todos sus prejuicios. Él mismo se confiesa fácil de retratar, “casi un estereotipo”. “Pero ahí están (los prejuicios)”, admite. “Maduran y se caen, como las manzanas. Es un proceso natural; forzarlos a desaparecer es caer en el buenrollismo, que es uno de los grandes males de nuestra sociedad”.

Eso sí, “muchísimas veces” Fortúnez se ha encontrado a gente a la que se sintió incapaz de dibujar, “tan rara que ni siquiera encajaba en Fauna Mongola, individuos tan irrepetibles o únicos que nadie tenía referencias para entenderlos”. “He dejado de hacer varios posts por pensar esto no se lo cree ni Dios”.

Fauna Mongola

De los que sí ha podido retratar hasta ahora, adora “por encima de todas las cosas” a los jóvenes de las Jornadas Mundiales de la Juventud, que visitaron el pasado agosto la capital. “Han introducido cacha en el catolicismo”, asegura. “Si el próximo Papa no se deja flequillo, he perdido ya toda mi fe en la adaptabilidad de la Iglesia a las demandas de la sociedad”.

Pero que nadie se engañe: este blog no es un arma «para reírse de los demás», ni siquiera de los madrileños. La única meta de Fortúnez, apunta él mismo, es “que al final no quede nadie que no haya salido, para que todos veamos que somos igual de mongolos, unos y otros, y que no pasa nada”. “Fauna Mongola funciona en cualquier lado. Si en una aldea la gente se pone la boina de lado para parecerse a aquel chico del pueblo de al lado que se llevó a la hija del alcalde, se puede hacer un Fauna Mongola ahí”.

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