Guercino y sus heroínas bíblicas

Abraham repudia a Agar e Ismael (1657) / Fuente: Amazon
Abraham repudia a Agar e Ismael de Guercino (1657) / Fuente: Amazon

En pleno centro artístico de Madrid, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza acoge durante casi tres meses una pequeña exposición del pintor italiano Guercino, que ofrece una relectura de las escrituras bíblicas donde se recupera la voz femenina

Guercino y sus heroínas bíblicas es una recopilación de los lienzos del maestro de Cento. A través de una cuidada selección de obras, la exhibición ubicada en el Museo Thyssen, invita al espectador a redescubrir las mujeres que poblaron las escrituras religiosas, despojadas de prejuicios históricos y revestidas con la humanidad y la fuerza psicológica que les otorgó el propio artista.

El Barroco emocional de Guercino

Giovanni Francesco Barbieri (Cento,1591-Bolonia, 1666), apodado “II Guercino» por su estrabismo, se alza como una de las figuras más relevantes del Barroco en el norte de Italia. La evolución pictórica del artista puede seguirse a través de las figuras femeninas que retrataba, tanto anónimas como bíblicas. Su trayectoria artística se divide en dos grandes etapas que van desde un estilo juvenil más naturalista y vibrante, definido por la pincelada suelta, los contrastes dramáticos de luces y sombras, y una intensa carga emocional en sus representaciones, hasta alcanzar en su madurez un carácter más clásico y equilibrado, tras un viaje a Roma y su posterior asentamiento en Bolonia. Con una fuerte influencia de Guido Reni, transforma la espontaneidad en figuras idealizadas con colores luminosos y gestos organizados bajo la “poética de los afectos”.

Anónimas: fe y cotidianidad

El recorrido se compone de seis cuadros, todos ubicados en una misma sala, comenzando con las mujeres anónimas, aunque no tienen un orden en especial. Por un lado, la obra de Jesús y la mujer adúltera (1621), una pieza de su etapa temprana que muestra la maestría del joven Guercino para narrar historias a través del espacio y el gesto, al crear una composición estrecha y asfixiante donde las figuras de medio cuerpo parecen desbordar el lienzo. El artista captura la tensión máxima del célebre mandato: “Quien esté libre de culpa que tire la primera piedra”, recogido en el pasaje bíblico del Evangelio de San Juan. El cuadro se articula sobre el duelo de contrastes psicológicos, el rostro del perdón, Jesús que emerge como una autoridad serena, bañado por una luz dirigida proyecta la calma que desarma a los acusadores. Él no juzga, sino que ofrece una redención silenciosa frente a la ley humana. Y la fragilidad de la acusada que, ante la rudeza del soldado que la agarra, muestra una expresión de arrepentimiento. Guercino logra que el espectador abandone el juicio para sentir compasión por la mujer con la mirada baja, recogida y vulnerable, convirtiendo una escena de violencia inminente en el milagro visual de la clemencia.

Por otro lado, se observa el cuadro de Jesús y la samaritana en el pozo (1640-1641), considerada una de las joyas de la colección permanente del Thyssen incluida en el libro de cuentas de Guercino. Esta obra marca la transición del artista hacia un clasicismo más radiante, recrea el pasaje de San Juan, en donde Jesús, en su marcha hacia Galilea, se para a descansar cerca de un pozo y allí ruega a una mujer de Samaria que le dé “el agua de la vida eterna”. En este lienzo de madurez, el drama asfixiante de su juventud da paso a una composición equilibrada y serena. En esta obra de precisión técnica, el artista muestra una conversación privada mediante un lenguaje corporal cifrado, que no busca interpelar al público. Resaltando así el uso de colores llamativos y metálicos, enmarcados en un paisaje que aporta aire y profundidad a la escena. Un retrato fiel de la historia bíblica, que convierte un encuentro cotidiano en un intercambio espiritual de gran belleza, donde la luz y el color subrayan el mensaje.

De Agar a Dalila

Siguiendo con las figuras femeninas características de la Biblia, se contempla el drama del destierro en el cuadro Abraham repudia a Agar e Ismael (1657), la única versión de este desgarrador pasaje bíblico del Génesis que se conserva del artista. En él Guercino elabora un estilo escenográfico utilizando colores vibrantes, cabe destacar el uso abundante del azul de lapislázuli, propios de su etapa más adulta y consolidada. La composición se despliega de forma horizontal, recordando a un escenario de ópera, donde los personajes de medio cuerpo ejecutan un auténtico melodrama visual. El semblante de la desolación de Agar se convierte en el foco emocional, sus facciones son un estudio magistral de los “afectos” barrocos. Con unos ojos anegados en lágrimas y una expresión de desamparo que traspasa la tela, buscando una compasión que su hogar le niega. No solo es una mujer expulsada, sino una madre que, en un gesto de instinto puro protege con sus brazos al pequeño Ismael. Además del tratamiento de los materiales textiles, propios de un refinado vestuario teatral.

Más adelante se observa la potencia visual de Sansón y Dalila (1654), una obra que también pertenece a su etapa de mayor plenitud artística. Narra el capítulo perteneciente al Libro de los Jueces, cuando Dalila descubre el poder y la fuerza que reside en el cabello de Sansón, y decide cortarle las siete trenzas mientras duerme, para así derrotarlo. Esta escena ofrece una lectura con ciertos cambios respecto al relato original, en lugar de representar a Dalila como la traidora arquetípica que conduce al héroe a la ruina, una figura similar a Eva y al pecado original, el artista la transforma en una protagonista activa, casi heroica, en la acción. Atribuyéndole los rasgos de una guerrera semidesnuda clásica, con poder, ella no actúa movida por la tentación o la perfidia, sino por un sentido de deber y redención hacia su pueblo. Guercino reinterpreta este mito convirtiendo la tradición en un acto de sacrificio político, donde ella asume el rol operativo y estratégico de cortar el pelo del protagonista y no el soldado, como en el texto inicial. A través de una puesta en escena dramática, el cuadro retrata a una Dalila compleja y con una firme capacidad de decisión histórica.

Belleza y crueldad

Avanzando por el recorrido se puede divisar el cuadro de Susana y los viejos (1617), un excelente ejemplo de naturalismo de su etapa temprana, para exponer una escena de hostigamiento de los ancianos jueces que observan lascivamente a una muchacha, Susana, mientras se baña en la fuente de su hogar, una historia extraída del Antiguo Testamento. Mediante el retrato desnudo e inocente de la joven bajo una luz perlina en contraste a las sombras terrosas de los mirones, la disposición diagonal del conjunto convierte al espectador en testigo directo del acoso de los jueces a Susana. De este modo, el maestro italiano transforma el lienzo en un estudio de caracteres y provoca una reflexión visual sobre la complejidad de la mirada.

Y, por último, en el cuadro de Salomé recibe la cabeza de San Juan Bautista (1637), Guercino propone un enfoque inédito del pasaje bíblico del Nuevo Testamento, donde el verdugo entrega la cabeza de Bautista, colocándola en la bandeja que sostiene Salomé antes de dársela a su madre, Herodías. Guercino se aleja de la imagen típica de otras representaciones de la época de la mujer pecadora, para retratar a una protagonista rodeada de una tranquilidad aparente y un cierto arrepentimiento. El artista introduce una innovadora composición escénica al incluir una figura femenina junto a Salomé, no citada en la versión bíblica, expandiendo el espacio narrativo con una paleta más clara y con claroscuros suavizados respecto a sus etapas juveniles. Al plasmar el preciso momento en el que el verdugo deposita la reliquia en la bandeja, la obra se distancia de la violencia explícita para enfocarse en la psicología de los personajes.

Guercino y sus heroínas bíblicas es más que una exposición, es una experiencia estética, un ejercicio de justicia poética. En un momento de revisión histórica y de búsqueda de referentes femeninos más complejos en el arte, la obra del maestro italiano se percibe particularmente moderna. Sus heroínas no son estatuas de sal, son carne y pensamiento. Esta muestra se puede disfrutar hasta el 14 de junio en la sala 12 de la pinacoteca.

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