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2 abril, 2021 Comentarios (0) Visitas: 850 Escena, Máster en Periodismo Cultural

Encuentro con el equipo de El Bar que se tragó a todos los españoles

Asistimos al coloquio en el teatro Valle-Inclán con parte del elenco y su director Alfredo Sanzol

De izquierda a derecha, Elena González, Alfredo Sanzol, Natalia Huarte y Francesco Carril

El bar que se tragó a todos los españoles se ha convertido a lo largo de estos últimos meses en la obra revelación actual en la escena teatral. Tanto es así, que tras casi dos meses de representación ininterrumpida, volverá a escenificarse del 15 de septiembre al 17 de octubre de este año en el mismo Teatro Valle-Inclán en el que se celebró el coloquio. Escrita y dirigida por Alfredo Sanzol, se trata de su primera obra como director del Centro Dramático Nacional desde que tomó los mandos en enero de 2020. Sanzol explicó que la idea no partió inicialmente de la historia de su padre, pero mientras avanzaba en su creación, se dio cuenta de que ahí tenía un buen punto de partida.

La obra combina realidad y ficción para contar un largo viaje en el que el protagonista, Jorge Arizmendi, interpretado por un impecable Francesco Carril, un hombre de treinta y tres años que a los doce fue obligado a meterse a cura, decide dar un vuelco a su vida y solicitar la dispensa para poder formar una familia. La historia se desarrolla como una road movie que va desde Estados Unidos hasta Roma, pasando por Madrid. En palabras del propio Sanzol: “Esta es la historia de una persona que se enfrenta a su destino marcado y a la sociedad para empezar una vida nueva, basándose en la responsabilidad y la libertad para hacerlo, sin dejarse atar por las circunstancias”.

Pasando por todo tipo de situaciones y encrucijadas, el entrañable protagonista se introduce en un camino hacia la madurez. Casualmente, cuenta el director que de todas las experiencias que le ocurren a Jorge, la única que tiene relación con la realidad es una de las más surrealistas, cuando la tejana pareja de ancianos le ofrece su rancho por parecerse a su hijo fallecido.

Uno de los asuntos que más llama la atención sobre la obra es su duración, alrededor de tres horas en las que el viaje de Jorge oscila de la alegría a la pena y de la efusividad exterior a la reflexión interior. “Cuando vi que la obra se iba casi a las tres horas, me asusté, pero luego pensé que no se podía cortar nada porque si no perdería su esencia”, detalló Sanzol. Además, gracias a esta duración, el director consigue que el público se vaya encariñando con cada uno de los personajes y acabe sintiendo el viaje de Jorge Arizmendi como propio.

Otro de los temas que se trataron en el coloquio, al que también asistieron tres de los actores, Elena González, Natalia Huarte –Carmen– y Francesco Carril –Jorge Arizmendi–, fue la importancia del escenario, el bar. Sanzol, que siempre quiso hacer una obra en un bar, introduce este elemento en la obra otorgándole una gran relevancia, hasta el punto de llegar a convertirse en un personaje más. “El escenario es un súper personaje, un mismo personaje que representa distintas etapas de su vida. El resultado de las imitaciones que hemos hecho en nuestra vida”, declaró Sanzol. Los propios actores son los que van moviendo los diferentes elementos del mismo y cambiándolo de localización, como si de una coreografía se tratase.

Uno de los temas que salió a relucir fue el de la música, compuesta especialmente para la obra por Fernando Velázquez, autor de la banda sonora de El Orfanato o Lo imposible

Por otro lado, Francesco Carril contó que uno de los problemas que encontró a la hora de la interpretación fue el desarrollo gestual y de movimientos tan exagerado de su personaje. Para ello, pasó por un proceso de olvidar todo lo aprendido, para dejarse llevar por el transcurrir de la historia y los sentimientos de su personaje.

Durante el coloquio, se puso en valor el respeto con el que se acerca a algunos temas tan delicados como el racismo, el feminismo, las heridas de la guerra civil española y la construcción de la democracia. Sanzol habló del humor como ejercicio de empatía, “Para verte el culo, necesitas ver el culo de los demás”, contó entre risas. Por otro lado, también hizo especial hincapié en la famosa frase de El coloquio de los perros de Cervantes, de ser capaz de morder sin hacer sangre.

Gracias a este coloquio el público pudo entender mejor la obra, la intención del director y la historia de Jorge Arizmendi. Un coloquio atípico en tiempos de pandemia, obligado a posponerse por el toque de queda, pero generador de un estilo más reflexivo, ya que todos los asistentes habían tenido al menos una noche para digerir la obra. El encuentro transcurrió de una forma muy natural y distendida durante algo más de dos horas. Se percibió el cariño y el respeto con el que los asistentes habían sentido la obra y que profesaron tanto al director como a los actores. El público formó, una vez más, parte de la representación y volvió a salir del Valle-Inclán con una reflexión: la de poder cambiar sus vidas a pesar de las circunstancias y no gracias a ellas.

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