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Amor y pasión en verso

Cuarto Round

9 febrero, 2012 Comentarios (0) Visitas: 1284 Escena

El tiempo y los Conway

Hacia 20 años que El tiempo y los Conway no se representaba en España y se descubre con placer que hay montajes que rezuman lozanía aún con el añil de los años. Las dificultades que plantea su producción han retrasado su regreso. No se puede obviar  la circunstancia de que los personajes envejezcan y rejuvenezcan consecutivamente de un acto a otro y que  sus diálogos y conversiones emocionales se den en direcciones contrapuestas casi a diez bandas.  

Porque cada uno de los diez protagonistas de esta dramaturgia coral tiene sueños y secretos propios, no tan diferentes del espectador que les observa y que asiste al ocaso de quienes fueron y creyeron llegar a ser a manos de ese enemigo intratable que aún sin rostro, recibe nombre: El tiempo.

La problemática del transcurso de los ciclos en el ser humano es una variable muy presente en la obra principal de su autor, J. B. Priestley. El tiempo y los Conway pertenece a una trilogía donde el escritor inglés divaga sobre el devenir a través de las teorías del filósofo J. W Donne, quien observaba el tiempo de un modo tridimensional (un “yo” finito, un “yo” soñado, un “yo” eterno).

La obra comienza una vez terminada la Primera Guerra Mundial cuando los Conway se reúnen felices, borrachos de un futuro prometedor, para celebrar el cumpleaños de la novelista en potencia de la familia, Kay. Un ensoñamiento terrible de la joven, conduce al espectador al segundo acto, ubicado en 1937. Pronto estallará la Segunda Guerra Mundial y la estampa familiar es bien distinta: el amargo sabor de la derrota, el cansancio de la infelicidad ha roto las ilusiones y dinamitado los lazos. Cuando en el tercer acto despierte, a la muchacha sólo le quedará un poso lejano de un poema de Blake como clave para afrontar el futuro.

Esta nueva adaptación de Luis Alberto de Cuenca y Alicia Pérez Armiño con dirección de Juan Carlos Perez de la Fuente que ha acogido con éxito la Sala Roja de los Teatros del Canal fortalece la intensidad dramática de la escenografía, acompasada con unos diálogos que destilan tanto veneno como lúcida insensatez. Se le puede reprochar al montaje una carencia de ritmo al inicio que hace del primer acto un oásis efímero de vanalidad porque lo que está por llegar, supera todas las expectativas, eleva sobremanera la mordedura de la obra.  El tándem Luisa MartínNuria Gallardo mimetiza al público con el escenario y dignifica el buen trabajo de sus compañeros, entre ellos, unos bárbaros Chusa Barbero y Román Sánchez Gregory. Sólo Alejandro Tous transmite su intención desdibujada en algunos momentos, especialmente, cuando recita a Blake. Algo súblime se torna sólo un hermoso cierre. Sin embargo, será un pálpito que no abandonará al espectador ni después de romper en aplauso y abandonar la butaca.

 

 

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