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31 octubre, 2013 Comentarios (0) Visitas: 1539 Arte

De África al cielo

Anochecer en el centro de Marruecos

Anochecer en el centro de Marruecos

¿Qué es cultura? La cultura. Cultura.

Hace pocas semanas me plantearon una pregunta que, aunque parecería tener una respuesta evidente para alguien que pretende especializarse en su ámbito, me supuso más dudas que convicciones. A los dos días emprendí un viaje a África.

Era la primera vez que pisaba esa tierra cálida que parece estar pintada sobre un lienzo anaranjado. Todo era diferente. Desde su forma de expresarse hasta su manera de vestir. Los cinco sentidos se distinguen en Marruecos, alejados de lo que entendemos en Europa como tal. Sus colores, su olor, su gusto, sus sonidos y su tacto. Letras de Camus y Hemingway por todas partes. Cuscús y curry. Telas enraizadas sobre sedas con adornos brillantes y mosaicos. Humo y sequedad, un sol enorme que parece no descansar nunca.

Me convertí en una absoluta desconocida, dispuesta a empaparme de todo lo que ese paisaje podía ofrecerme. Decidí experimentar el Sáhara. Llano y deshabitado. De una arena tan fina que se cuela hasta en el alma. Tranquilo e invadido por un silencio que solo osa romperse con los rezos de primera hora de la mañana. Ahí comprendí que sí, que todo era diferente. Incluso el cielo. Un cielo inmenso que baña el mundo por igual. “Siempre compartiremos el mismo cielo”, no. De un azul más penetrante, ninguna luz se superpone a la de la luna que vigila el desierto cuando los pocos corazones que en él se encuentran, duermen. Una brisa que acaricia la piel cuando el sol se pone. Que intenta crear remolinos en esa tierra, enfadada por tanto alboroto, por tanto enfrentamiento, y no se inmuta, se resiste a levantarse. Solo baila al viento durante unos pocos instantes hasta volver a la firmeza de su estado original.

Maravilloso. Un cielo cargado de tantas estrellas que jamás había visto, que hasta a Van Gogh le costaría representarlo. “Las Tres Marías” y la Osa Mayor. Además de infinitas otras, más tímidas y recatadas. Unos puntitos que, a menudo, se deslizaban y caían rápido, con prisa, para cumplir los deseos de todos cuantos los descubriesen. Así, escapando de ese firmamento casi mágico, a hurtadillas, sin mirar atrás. Acompañada de los hombres que nacieron en su seno, entendí que su lenguaje era antagónico al nuestro. Mucho más rico y espiritual, cargado de contenido. Su lenguaje era ese firmamento. Me sonreí. Estaba ante el mayor espectáculo cultural de mi vida. Totalmente en paz, desierta de pensamientos y cargada de sensaciones nuevas.

Cultura. Según la RAE, «Conjunto de conocimientos que permiten a alguien desarrollar su juicio crítico. Conjunto de piezas que construyen la capacidad evolutiva de un ser humano. Aspectos y disciplinas que permiten aprender, crecer. Desarrollo de las facultades emocionales del hombre en base a numerosas representaciones que le rodean.»

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