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14 junio, 2012 Comentarios (0) Visitas: 1214 Cine y Televisión

Cuando Billy Wilder versionó a Howard Hawks

Howard Hawks y Billy Wilder son figuras clave del cine clásico norteamericano, dos creadores que han trascendido tanto su tiempo como su geografía y cuyas películas siguen siendo referenciales para los cineastas en la actualidad. El prestigio les precede, pero además, comparten otras similitudes en su hacer cinematográfico. Los dos han trabajado en la edad dorada del celuloide, el peso de su contribución ha sido fundamental para el desarrollo posterior del arte y son directores de larga trayectoria. En lo referente a la estética, la dirección artística y la iluminación comparten un enfoque relativamente común.

Ambos apuestan por una fotografía e iluminación discreta, y una buscada austeridad técnica en favor de la actuación de los actores, porque tanto las películas de Hawks como de Wilder están en función de los personajes y sus acciones.

Luna nueva (1940) es la segunda de las cuatro versiones de la exitosa obra teatral Primera plana, de Ben Hecht y Charles MacArthur. La primera de 1931, traducida en España como Un gran reportaje (1931), fue producida por Howard Hughes y dirigida por Lewis Milestone; la tercera, de 1974, Primera plana, es una auténtica pieza maestra de Billy Wilder; y la última y prescindible, Interferencias, fue realizada por Ted Kotcheff en 1988 con la única novedad de que la acción se traslada al mundo de la televisión.

La gran novedad de Luna nueva con respecto a las diversas versiones de Primera plana es el hecho de que el personaje de Hildy Johnson, un hombre, sea en este caso una mujer. Es decir, que a diferencia del original, de la película de Lewison o la de Wilder, el gran periodista que admira y odia a la vez a su director, es femenino. Y, además, es su ex mujer. Hawks fue el visionario. Quien se dio cuenta de que la relación de los dos hombres unidos por sus destinos periodísticos funcionaba mejor en una relación de pareja, en la que además de los intereses profesionales se mezclaban los intereses sentimentales. 

Por otro lado Primera plana (1974) vive en libertad, se escribe en libertad y se filma sin el corsé homicida de los filtros de la censura de la época de Hawks. Así Wilder puede enfatizar proverbialmente las corruptelas del poder.

Hawks hace un film más dinámico: Wilder, en los setenta, cuarenta años más tarde, firma una obra más finamente irónica, con un calado de comedia más virulento porque el humor de Wilder hace daño cuando se escucha concentrado. Es un humor caústico: un humor ácido y corrosivo. Primera plana, al hilo de esta suerte de acontecimiento vivido, se convierte en un monumento formidable a la libertad de expresión, a la nobleza del arte del periodismo y a su dignidad como oficio indispensable.

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