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29 marzo, 2012 Comentarios (0) Visitas: 1068 Miscelánea

Brujas, un destino encantado

Érase una vez, en un país muy lejano, una ciudad tan mágica que sus calles y sus casas parecían sacadas de un cuento; tan mágica que todo aquel que pasaba por ella no conseguía olvidarla nunca; tan mágica que, el sólo verla en el mapa, hacía que la imaginación se llenara de manzanas envenenadas, escobas voladoras y sombreros negros puntiagudos… «La Venecia del norte» para algunos; pues, al igual que en otras ciudades como Ámsterdam o Estocolmo, sus calles se entremezclan con una red de canales que cortan el paso al doblar cada esquina.

 

«La ciudad de cuento» para otros; ya que sus edificios, de distintos colores y estilos, se asemejan algunos a los castillos medievales donde los príncipes celebran sus bailes de ensueño y sus amadas pierden zapatitos de cristal, y otros a las posadas que dan cobijo a los viajeros en las noches más frías del invierno.

Canal de Brujas

La capital de la provincia de Flandes Occidental para muchos; y, como tal, la ciudad belga no carece de un lado más cosmopolita y capitalista: no faltan en sus calles comerciales tiendas de ropa de última moda, móviles o informática; los carruajes de caballos se cruzan en la calzada con un sinfín de bicicletas y con los coches más lujosos; y, por sus aceras, se ven paseando brujos y brujas que han cambiado sus capas negras y sus cestas de mimbre por bonitos abrigos de piel y costosos bolsos de Channel. Parada obligatoria son sus museos y sus importantes edificios monumentales como el Ayuntamiento, la Catedral de San Salvador o la Basílica de la Santa Sangre.  

¿Quién no ha soñado alguna vez con pasearse por una ciudad en un carruaje tirado por caballos? ¿Quién no se ha imaginado leyendo en un campo de flores rodeado de cisnes que descansan bajo los rayos del sol? ¿Quién no ha querido cruzarse con una bruja y mirar dentro de su cesta de manzanas? Esto se vuelve posible en Brujas, una ciudad tan especial que las señales crecen en macetas y en la que se interrumpe el tráfico para que mamá pato y sus seis polluelos crucen la calle sin ningún riesgo. En resumen, una ciudad única.

Brujas

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