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6 diciembre, 2013 Comentarios (0) Visitas: 1203 Cine y Televisión

‘La gran belleza’ no es belleza

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Quien vea los diez primeros minutos de La gran belleza puede perfectamente preguntarse «de qué va esta película». Y tampoco es seguro que vaya a encontrar un hilo argumental una vez que haya terminado. Pero sí un mensaje, una reflexión.

Ayer se estrenaba en los cines esta película de Paolo Sorrentino en la que hace una desfigurada foto de la alta sociedad romana. Más que una foto es un cuadro abstracto, trasladado al género audiovisual, del concepto de alta sociedad en el que se intuyen los excesos, la soledad, la vanidad o la deshumanización transformada en un bonito envoltorio. Todo sin hilo conductor contundente.

El único que permanece de principio a fin es Jep Gambardella (Toni Servillo), un escritor seco de ideas, que a sus 65 años echa la vista atrás y se da cuenta de que se ha quedado frío. Frío de sentimientos, de ambiciones, de voluntad. Vive una vida mundanamente lujosa, en la que prepara fiestas para rodearse de ese conjunto elitista en el que la única belleza se encuentra por fuera. Sin grandes pasiones, ni grandes amores, ni grandes amigos. Todo ello contado a través de un puzzle de secuencias que, muchas veces sin mucha relación entre unas y otras, pincelan con toque excesivamente preciso, el sentimiento exacto del protagonista.

Tópicos y surrealismo
Sorrentino traza una línea de dos horas y media en la que retrata tópicos italianos estereotipados (la religión, señores mayores con trajes lujosos en fiestas ligando con jovencitas, drogas y mucho desnudo -casi todo de plástico), a la vez que da un paseo por una frívola y solitaria Roma alejada del caos, de la vespa, de los manteles de cuadros, la pizza o las señoras gritando por los balcones. Pero a través de toda esta distante imagen consigue llegar a despertar una reflexión. Emplea elementos surrealistas (a lo Buñuel, pero quizás usándolos para transmitir un mensaje coherente… o no) como flamencos llegados a un balcón, una jirafa que de pronto desaparece, el mar en el techo de la habitación del protagonista o algún diálogo con poco sentido. El recurso eclesiástico (imágenes de monjas y curas a lo largo de toda la película, cobrando mayor protagonismo en la media hora final), acompaña el film a modo de recurso griego (el de las troyanas narradoras, aunque en este caso sin diálogos), lo que pone a la alta sociedad el contrapunto espiritual.Todo ello da como resultado una mezcla reflexiva.

Premiada en Cannes (sección oficial largometrajes a concurso), en el Festival de Sevilla (mejor actor), 5 nominaciones a los Premios del Cine Europeo y nominada a Mejor película extranjera en Independent Spirit Awards y Satellite Awards, La gran belleza no encuentra la gran belleza, ni siquiera es bella en sí, pero el trabajo intelectual al que invita es más bello que cualquier belleza puramente estética.

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