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‘Las tres bodas de Manolita’, una novela de supervivientes

3 marzo, 2014 Comentarios (0) Visitas: 1869 Letras

Antonio Machado, símbolo de un lado de la contienda

Antonio Machado (1875-1939)

Antonio Machado (1875-1939)

El 22 de febrero de 1939 fallecía Antonio Machado. Poeta, dramaturgo y narrador de la Generación del 98 es una de las grandes figuras de la literatura española, a pesar de que el franquismo trató de borrar sus huellas. Su nombre estará siempre vinculado a una de las dos Españas, la de la bandera tricolor, por la que permaneció en el exilio francés durante el último mes de su vida.

Machado nació en Sevilla un 26 de julio de 1875, pero dejó sus versos en numerosas ciudades, que estos días le han recordado con emoción. De niño se trasladó a Madrid con su familia, donde cursó sus estudios. Sin embargo, de adolescente viajó a París, en una de las primeras de muchas visitas que haría a la capital francesa. Allí conoció a Rubén Darío y a Oscar Wilde y trabajó para la editorial Garnier.

El sevillano formó parte en Madrid de la compañía teatral María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza. Enseñó francés en Castilla y Baeza, ingresó en la Real Academia Española y antes del comienzo de la Guerra Civil comenzó a escribir teatro junto a su hermano, Manuel Machado.

El comienzo de la contienda cambió su vida. El escritor tuvo que trasladarse en varias ocasiones por el avance de las tropas nacionales. En una primera fase, permaneció en la capital ayudando a las evacuaciones republicanas y realizando campaña literaria, pero en 1939 se marchó a Valencia. Allí colaboró en la revista Hora España, una publicación mensual organizada por intelectuales republicanos durante la Guerra Civil, y participó en el Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. Poco después huyó a Barcelona, desde donde cruzó los Pirineos, ya enfermo, a Colliure (Francia), donde falleció tan sólo un mes después.

Su vida sentimental tampoco fue un camino fácil. A los tres años de casarse, falleció su primera mujer, Leonor Izquierdo. Poco después conocería a la ‘Guiomar‘ de sus poemas, la poetisa Pilar de Valderrama.

Su obra poética, con obras como Soledades, galerías y otros poemas o Campos de Castilla, está influenciada por tres grandes aspectos: los entornos intelectuales, primero de su familia y luego de la Institución Libre de Enseñanza, su interés por las lecturas filosóficas de Unamuno o Bergson, y una reflexión sobre la España que vivió, cargada de referencias políticas.

Sus restos, en la lucha política

Junto con las conmemoraciones del fallecimiento de uno de los miembros de la Generación del 98, se ha recuperado un debate en torno a la ubicación de los restos del escritor, actualmente en Colliure. El consejero de Educación, Cultura y Deporte de la Junta de Andalucia, Luciano Alonso, ha propuesto que sean llevados a Sevilla, la ciudad que le vio nacer.

Sin embargo, ésta no es la primera vez que se pide su repatriación a España. Poco después de su muerte, y finalizada ya la contienda, el escritor y político Dionisio Ridruejo quiso recuperar sus obras. En la década de los 50, el Ministerio de Asuntos Exteriores contactó con el único familiar vivo de Machado, su hermano José, residente en Chile, para saber qué deseaba hacer con los restos. Su respuesta fue tajante. Mientras permaneciera el dictador en el poder, Machado se quedaría en Francia. En 1966, Fraga volvió a intentarlo, con José ya muerto. En esta ocasión, la intención era llevarlo a Soria, donde yacía Leonor. Sin embargo, los esfuerzos tampoco tuvieron ningún fruto.

Desde el comienzo de la democracia ha habido varias tentativas, primero desde Sevilla, en torno al periódico ABC y sectores del PSOE y UGT. Alfonso Guerra, en su postura de vicepresidente entre 1982 y 1991, se declaró contrario a un traslado de la tumba de Machado, pero José Luis Rodríguez Zapatero volvió a insistir en 2004.

Los intentos políticos de recuperar a Machado, tanto desde un bando como desde otro, han estado dirigidos a intereses que van más allá del homenaje de la figura del poeta. El franquismo quiso adoptarlo para elevar a Machado a figura de la cultura nacional y acabar con su simbología republicana, pero también quiso evitar que se convirtiera en un líder de los antifranquistas en torno a cuya tumba se pudieran reunir.

Desde entonces, las posturas han sido variadas. Políticos conservadores, y otros no tanto, que desean hacerlo regresar  y personalidades de izquierdas que prefieren que permanezca en Francia. Esté donde esté la tumba, sus obras seguirán presentes en la historia de la literatura española y cada 22 de febrero o 26 de julio se recordará a este poeta, dramaturgo y narrador de una España convulsa.

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