Representada por primera vez en 1941, la popular obra de Castelao pone el foco en el amor y la muerte a través de tres versiones de la misma historia
2025 fue el ‘Ano Castelao’, un homenaje para conmemorar el 75 aniversario de la muerte de Alfonso Daniel Castelao Rodríguez (Rianxo, 1886 – Buenos Aires, 1950). Un año después, su única obra de teatro cumple 85 años. Os vellos non deben de namorarse («Los viejos no deben enamorarse», en español) es considerada una de las piezas más populares del teatro gallego del siglo XX, de la cual solo se conservan dos manuscritos completos y un tercero a medias.
Aunque el rianxeiro es más bien conocido por su faceta como novelista y dibujante, o por su papel en el ámbito político, en su carrera también hubo hueco para la dramaturgia. De joven, durante su etapa como estudiante de Medicina, participó como actor en varias comedias costumbristas. En 1916, tras mudarse a Pontevedra, hizo un pequeño papel en Miss Ledyia, la primera película de ficción gallega.
Pese a que Os vellos se considera su única pieza teatral, su primer boceto de obra dramática se encuentra en Cousas con Si eu fose autor («Si yo fuese autor»), un cuento de dos lances que explica la diferencia de ‘crisis’ según los ricos y los pobres.
Tres historias, un final
La obra está hecha para ser entendida como una trilogía, presentando tres visiones de un mismo conflicto: las consecuencias del amor desigual en la vejez. Castelao lleva a escena el miedo a la soledad y la necesidad de amar y ser amado. Las relaciones oscilan entre el amor y la muerte, dejando entrever subtemas como los matrimonios pactados o la búsqueda de la felicidad.
En cada uno de los lances, un anciano se enamora de una joven, dando lugar a una serie de situaciones que transitan entre lo cómico y lo trágico. No fueron escritos seguidos: el tercero fue pensado como pieza independiente en 1931, el segundo en 1936 y el primero en 1939. La pieza cierra con un epílogo —escrito antes de representarse— donde los protagonistas se reúnen en el cementerio para contar el propósito de la farsa.



El autor escribió esta obra durante su exilio en Nueva York «para regalía del pueblo gallego», como remedio contra los momentos de nostalgia. En palabras del rianxeiro, esta pieza fue fruto de la combinación de dos sensibilidades: la literaria y la imaginación plástica del pintor.
Sobre los escenarios
Encendió los focos de los teatros por primera vez el 14 de agosto de 1941 en el teatro Mayo de Buenos Aires (Argentina), donde se exilió tras su estancia en Nueva York. Esta representación fue dirigida por el propio Castelao, quien no solo la escribió y la llevó a escena, pues también diseñó toda la escenografía —caretas, figurines, fondos…—. Poco después, el 8 de octubre debutaría en el teatro Solís de Montevideo (Uruguay). El autor no pudo asistir a la actuación, por lo que mandó una grabación en castellano que constituye el único documento sonoro con su voz.




No fue hasta 1953 que se publicó de manera oficial bajo la Editorial Galaxia. Para verla en vivo en Galicia, hubo que esperar 20 años desde su estreno, hasta las Festas do Apóstolo Santiago, donde se pudo ver por primera vez en la plaza de la Quintana.
Desde entonces, Os vellos non deben de namorarse se ha convertido en la obra más representada del teatro gallego. Desde los apuntes de Literatura Gallega a representaciones en las salas de teatro, la obra de Castelao sigue pasando de generación en generación para pedir una prórroga a la vida.
