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28 noviembre, 2011 Comentarios (0) Visitas: 993 Música

2011: Una odisea del espacio

El viernes La Riviera hizo un lleno. En la entrada de la sala madrileña, los rezagados de última hora intentaban hacerse a toda costa con una entrada. Dentro del recinto, predominaban las camisas de cuadros y las barbas frondosas en una tentativa mimética de demostrar a Robin Pecknold y los suyos que aquí también nos hemos dejado seducir por su música indie-folk y sus letras intimistas. Ya les habíamos visto este año en el Primavera Sound. Ahora Fleet Foxes han vuelto para presentar su segundo disco, Helplessness Blues; aunque, visto el cartel de «agotado» que colgaba en las taquillas desde hace varios días, el sexteto de Seattle no necesita introducciones. Su paso por España coincide además con la presentación de su nuevo video, en el que el hermano de Pecknold nos ofrece su visión particular del tema The Shrine / An Argument’.

El concierto comenzó con un aplauso de la banda dirigido al público, agradeciéndoles su apoyo y su asistencia. Después empezaron a tocar y, con ello, dio comienzo el viaje hacia lo fantástico. Un melódico cuarteto de voces lideradas por la de Robin Pecknold envolvía al público y lo conducía por una particular travesía espacial. Acompañando a las voces, todo un despliegue de instrumentos: guitarras eléctricas y acústicas (de seis y de doce cuerdas), flautas, batería, bajo, violín, saxo, violonchelo, xilófono y hasta un piano. Los de Seattle se valieron de todos los medios a su alcance para crear dentro de la sala una atmósfera vibrante y atemporal, una isla de paz y tranquilidad en medio del trajín de una ciudad como Madrid.

Concierto Fleet FoxesFleet Foxes redefine el concepto tradicional de concierto adaptándolo a sus necesidades. No destacan los juegos de luces, los rasgueos de guitarra o una batería potente; al contrario, acompañan sus temas con la puesta en escena: sobre el escenario seis figuras en la penumbra y, de fondo, una pantalla de video en la que paisajes montañosos y escaques de colores cálidos se intercalan con una escena recurrente: el espacio sideral. El ambiente ideal para que sus canciones tiernas, profundas y melancólicas lleguen a lo más profundo del alma.

En la hora y media de concierto, la banda norteamericana repasó su segundo disco, Helplessness blues, casi por completo y nos regaló cinco temas del primero, Fleet Foxes. Canciones como ‘Your Protector’, ‘He doesn’t know why’ o ‘Helplessness blues’ −con la que cerraron− fueron las más aclamadas por el público, que las coreó llegando a tapar incluso la voz del propio Pecknold. Un tímido Robin Pecknold que, enfundado en su camisa roja de cuadros, se dedicó en cuerpo y alma a su guitarra, su voz y su taza de té.

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