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27 abril, 2011 Comentarios (0) Visitas: 1038 Música

‘WASTING LIGHT’ DE FOO FIGHTERS: PURA ESENCIA ROCK

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Dave Grohl es un músico que en sus ratos libres monta una megabanda con John Paul Jones (Led Zeppelin) y Josh Homme (Queens of the Stone Age) llamada Them Crooked Vultures. Y cuando vuelve al ruedo con los Foo Fighters crea Wasting Light, el décimo álbum con esta banda. Además, 2011 se le debe de estar quedando pequeño con la gira mundial pero tiene ánimo para lanzar Medium Rare, un álbum de covers publicado el 16 de abril con motivo del Record Store Day que contiene dos versiones nuevas. ¿La cantidad merma la calidad? No. Nunca con Dave Grohl.

Wasting Light es Foo Fighters puro. Desde el primer y homónimo disco de 1995, Grohl, exbatería de Nirvana, consiguió deshacerse de la etiqueta ‘grunge’ para ganarse un espacio en las listas de ventas mundiales con un disco que basculaba desde los últimos coletazos del punk rock sucio de Seattle hasta el hard rock más potente. A lo largo de toda su trayectoria, también hubo espacio para álbumes benevolentes como In Your Honor o Echoes, Silence, Patience & Grace, más dados al single fácil que a las atronadoras guitarras que podemos escuchar en ‘White Limo’, el tema con el que dieron a conocer Wasting Light y en cuyo video participa Lemmy Kilmister, líder de Motörhead; heavy en vena para un disco que dispara directamente en la sien.

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Y para metralla, el primer corte del disco ‘Bridge Burning’, que empieza con una guitarra solitaria a la que se le van añadiendo los diferentes talentos de los Foo hasta que la batería de Taylor Hawkins hace explotar la canción. El grito desgarrador de Grohl con el que escuchamos su voz por primera vez, da la pista de que en este disco se han dejado de medias tintas para convertirse en plenos dueños de la escena rock actual. ¿Fórmula? Volver al pasado, a su esencia original. Grohl se ha rodeado de Foo Fightersgrandes músicos para el directo (para este disco vuelve a contar con el guitarrista Pat Smear, un talentoso de la escena grunge que aporta matices muy sobresalientes, aparte de seguir con Chris Shiflett, Nate Mendel y Taylor Hawkins), pero en la grabación también colaboraron Krist Novoselic (bajista de Nirvana) en ‘I should Have Known’ y Bob Mould (líder de Sugar) en ‘Dear Rosemary’; todo ello orquestado en la producción por Butch Vig (quien había producido el exitoso Nevermind de Nirvana) y mezclado por Alan Moulder quien también hizo lo propio con Belong, el último disco de The Pains of Being Pure at Heart.

En todos los cortes el toque Grohl está presente. Forzando su voz hasta el desgarro, las seis cuerdas de la guitarra se posicionan como fuerza principal y la batería más punkrocker en momentos clave impulsa los temas; estribillos pegadizos, ascendentes y épicos completan las canciones que conforman esa amalgama de sonidos tan Foo Fighters. Más agresivos en ‘Miss the Misery’ o el citado ‘White Limo’, metidos de lleno en la balada rock como ‘I Should Have Known’ o tan hilarantes como en ‘Back & Forth’, más en la línea del mítico ‘Learn to Fly’, Wasting Light es un disco redondo, puro, con mucha fuerza y tan Foo Fighters que es imposible acabar escuchándolo sin pensar que todavía hay esperanza; todavía existe una fábrica de buen rock que se llama Studio 606, el estudio de Dave Grohl, de donde emergió este Wasting Light y desde el que grabaron un directo del disco que sólo supone un pequeño aperitivo de lo que serán en directo.

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Como colofón, ‘Walk’. Es un himno de rock alternativo, una bomba de energía que empieza suavemente para ir tomando cuerpo con la voz de Grohl hasta que Foo Fighters se desnudan y dan rienda suelta a toda esa rabia que les caracteriza. Un tema épico, emocionante, con un mensaje evidente en el que Grohl deja claro que ha vuelto a aprender a andar después de haber esperado quizás demasiado. No sé si demasiado o no, pero tras el regalo que fueron Them Crooked Vultures, más atmosféricos y progresivos, este Wasting Light ha vuelto a encumbrar a Dave Grohl y a Foo Fighters como lo que son: ROCK PURO.

Foo Fighters tocarán en el Palacio de los Deportes (Madrid) el 6 de julio con una entrada de 40 € (más gastos)

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