Hay corrientes estéticas que duran una temporada y otras que permanecen sobre la piel. En tiempos dominados por las redes sociales, el tatuaje se ha convertido en un espacio de encuentro entre la identidad personal y la influencia de las tendencias. El tatuador Víctor Peciña reflexiona sobre esa convivencia y sus consecuencias
Las tendencias cambian a la velocidad de un scroll. Lo que hoy aparece en miles de publicaciones puede desaparecer en cuestión de meses. Sin embargo, hay algo que permanece cuando la moda pasa: la tinta sobre la piel. En una época marcada por la sobreexposición a referencias visuales, el tatuaje vive entre dos mundos: el de la expresión personal y el de las corrientes estéticas que dominan las redes sociales.
Para Víctor Peciña (Madrid, 31 de enero de 2001), tatuador con cuatro años de experiencia desarrollados en Tatualia, estudio ubicado en el madrileño barrio de Chueca, las razones que llevan a una persona a tatuarse suelen combinar ambos aspectos. Aunque el componente visual tiene peso, considera que la identificación con aquello que se lleva en el cuerpo es fundamental. «Creo que es una mezcla de ambas cosas», explica. Al final, añade, tatuarse algo que realmente se desea puede influir incluso en cómo una persona se percibe a sí misma.
Del estigma a la normalización
La percepción social del tatuaje ha cambiado radicalmente en las últimas décadas. Aunque Peciña no ha vivido profesionalmente aquella época, sí conoce los relatos de clientes de mayor edad, que le hablan de un tiempo en el que los tatuajes estaban asociados a estereotipos muy concretos, como los de delincuentes, antiguos legionarios, marineros o personas vinculadas a entornos marginales y considerados conflictivos.
Hoy la situación es distinta. Los tatuajes han dejado de pertenecer a unos pocos perfiles sociales y se han integrado en todos los ámbitos de la vida cotidiana. No es casualidad que España figure entre los países con mayor porcentaje de población tatuada y que alrededor del 42 % de los españoles lleve al menos un tatuaje. También han evolucionado los estilos. Frente a la imagen tradicional de grandes diseños cargados de tinta negra, actualmente conviven propuestas minimalistas, ilustraciones delicadas y trabajos de gran complejidad artística.
La influencia de las tendencias
Como ocurre en la moda o en la música, determinadas imágenes se popularizan de forma repentina. El tatuador recuerda que la llegada de Bad Bunny a Madrid entre el 30 de mayo y el 15 de junio de 2026, provocó una auténtica avalancha de encargos relacionados con el artista. «Muchísima gente empezó a pedirme frases de sus canciones, logos y referencias relacionadas con él», señala.
También menciona el caso de las mariposas, uno de los diseños más repetidos en los últimos años. Sin embargo, advierte de que una tendencia no tiene por qué carecer de valor personal. Un símbolo puede adquirir nuevos significados con el tiempo y acabar formando parte de la historia de quien lo lleva.
Las redes sociales como escaparate
Si hay un elemento que ha transformado el sector del tatuaje, son las redes sociales. Instagram, TikTok o Pinterest permiten acceder a miles de diseños en apenas unos minutos y han multiplicado las posibilidades de inspiración para los clientes.
Peciña no duda sobre su impacto: «Creo que las redes sociales han cambiado en un 99 % los gustos de las personas a la hora de tatuarse». Antes, quienes buscaban ideas acudían directamente a los estudios; ahora descubren estilos y artistas de cualquier parte del mundo desde la pantalla de un móvil.
Aun así, rechaza que el tatuaje pueda entenderse únicamente como un complemento estético. Desde su perspectiva, incluso cuando una decisión nace por motivos visuales, «normalmente termina formando parte de la identidad de quien lo lleva», afirma.
Cuando la tinta permanece
La diferencia fundamental entre un tatuaje y cualquier otra tendencia es su permanencia. Una prenda puede guardarse en el armario cuando deja de gustar; un tatuaje obliga a convivir con la decisión adoptada años atrás.
Por ello, el tatuador reconoce que en ocasiones aconseja a los clientes que reflexionen antes de dar el paso. «Prefiero tener un cliente que dentro de diez años siga estando satisfecho con el tatuaje antes que hacer 80 euros rápidos», asegura. Esa actitud también le ha llevado a rechazar determinados trabajos, como tatuajes faciales, ya que considera que modifican profundamente la imagen de quien los lleva y van mucho más allá de una cuestión estética, o diseños vinculados a mensajes extremistas. «Yo hago arte sobre la piel», explica; por eso evita realizar diseños que busquen difundir ideologías o puedan resultar ofensivos para quienes los vean.
Más allá de las modas, considera que lo importante es que cada persona valore bien qué quiere tatuarse, cuándo hacerlo y en qué parte del cuerpo. A su juicio, un tatuaje acompaña a quien lo lleva durante años y, por ello, conviene tomar la decisión con calma y convencimiento, más allá de las tendencias del momento.
Las tendencias seguirán cambiando, surgirán nuevos estilos y otros desaparecerán. Pero, cuando el algoritmo deje de mostrar un diseño y la novedad se haya agotado, permanecerá la relación que cada persona haya construido con aquello que decidió grabar en su piel.
Al final, la recomendación de Peciña es sencilla y trasciende el propio tatuaje: «Sé feliz y vive el momento. Si quieres tatuarte, tatúate, sin importar demasiado lo que piense el resto. Un tatuaje no te hace mejor ni peor persona. Disfruta, respeta a todo el mundo y vive, porque vivir es muy importante».







