Rubén Amón y los límites del periodismo cultural

Rubén Amón junto al equipo de profesores interlocutores habituales y los estudiantes del Máster de Periodismo Cultural de la Universidad CEU San Pablo. Fotografía: Cristina Jaramillo.

El periodista y director de La Cultureta Gran Reserva conversó con los estudiantes del Máster sobre las fronteras de las artes, el papel de la crítica y los desafíos de las nuevas tecnologías.

Cuando preguntamos qué es la cultura, la respuesta parece obvia a primera vista, pero todo cambia en el momento en que intentamos trazar sus fronteras: entonces descubrimos que estamos frente a un territorio profundamente amplio, que se mantiene en constante transformación y se vuelve prácticamente imposible de encasillar.

Precisamente esa reflexión fue uno de los ejes de la lección inaugural de Rubén Amón, que el pasado 5 de octubre abrió la puerta a la décima novena edición del Máster en Periodismo Cultural de la Universidad CEU San Pablo. Lo que quedó claro desde el principio es que definir dónde comienza y dónde termina la cultura es quizás la pregunta central para cualquier periodista que se dedique a cubrirla.

Rubén Amón junto a Ignacio Blanco, director del Máster de Periodismo Cultural.

Los límites de la cultura

Durante la conversación, una de las preguntas centrales fue precisamente esa: ¿dónde comienza y dónde termina la cultura? El Diccionario de la lengua española la define como “el conjunto de modos de vida, costumbres, conocimientos y grados de desarrollo artístico, científico o industrial propios de una época o de un grupo social”.

Bajo esa definición se consensúa que la música conversa con las artes plásticas; el cine adopta elementos de la literatura; el teatro se alimenta de la historia; la gastronomía también construye memoria e identidad y así con todas y cada una del basto repertorio que la cultura recoge. Es ahí donde Amón establece uno de los grandes desafíos del periodismo cultural: comprender esas conexiones, profundizar en sus saberes y traducirlas para una audiencia que no necesariamente habita esos mismos espacios culturales.

Un eje en constante cambio

Si la cultura es capaz de atravesar épocas y generaciones, ¿por qué necesitamos acontecimientos coyunturales que vuelvan a ponerla en el centro de la conversación? Este interrogante, surgido durante la charla, resultó especialmente pertinente dentro del contexto actual en el que las nuevas tecnologías han transformado la manera de producir, consumir y compartir contenidos. Sin embargo, pese al sofocante cambio surgido de este contexto, prevalece un parámetro inamovible: cada movimiento estético y cultural debe ser abordado por el periodismo a partir de una mirada profunda y un estudio minucioso de todos y cada uno de sus haberes.

En ese sentido, Amón concluía que para el periodismo cultural adaptarse a esos cambios no significa renunciar al criterio, sino por el contrario: implica dedicarle el tiempo justo y necesario a la comprensión de cada contexto para poder ejercer una mirada crítica, coherente y responsable.

La importancia de saber coincidir y disentir

Otra de las reflexiones que dejó el encuentro fue la necesidad de recuperar el valor del disenso. En un ecosistema mediático donde existe un culto cada vez más evidente al consenso -o un temor más marcado por el disenso- cuestionar aquello que parece “aceptado” puede convertirse en una de las funciones más importantes del periodismo.

El periodista cultural no está llamado únicamente a recomendar, celebrar o divulgar. También debe contextualizar, preguntar, comparar, criticar y, en caso de ser necesario, disentir. Quizás la pregunta más compleja que dejó esta lección inaugural y posterior coloquio con los alumnos fue también la más incómoda: ¿hasta qué punto aquello que no es comprendido por el propio ámbito cultural puede ser considerado cultura?

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