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EL HOTEL LOCO: CRISOL DE CULTURAS

«EN UN LUGAR DEL HENARES…»

8 febrero, 2011 Comentarios (0) Visitas: 1098 Miscelánea

POR LA MANO MUERE EL PEZ

Como todos los chavales de mi cole, aprendí a escribir con las plantillas que la profesora copiaba en nuestros cuadernos. Horas y horas me dejó castigada la buena señora porque me entró el capricho de hacer una “d” en forma de bucle. Ella se afanaba en que corrigiera mi pequeño acto de rebeldía; yo, en seguir escribiendo a mi manera. Lo que ninguna de las dos sabíamos es que ese gesto era mi particular manera de demostrar mi gran imaginación y que difícilmente lo podía controlar. Del estudio de estas peculiaridades de la escritura surgen escuelas e instituciones por todo el mundo. Una de ellas es GRAPECA, una asociación sin ánimo de lucro creada por profesionales de la pericia, la grafología y la documentoscopia.

El doctor Max Pulver, uno de los pioneros en la ciencia de la grafología escribió: “El que escribe, confecciona su propio retrato”. Efectivamente, la escritura proyecta nuestra personalidad, nuestros sentimientos y nuestras sensaciones. Es por eso que la letra puede ser diferente de un día para otro, porque no siempre nos sentimos igual. Aunque algunos rasgos se mantienen inalterables, si prestamos un poco de atención descubriremos que un día nuestra letra es un poco más grande (porque nos sentimos mejor con nosotros mismos) o quizá que las líneas se desvían levemente hacia arriba (signo que indica fuerza de voluntad y extraversión).

Las teorías del doctor Pulver, junto con los descubrimientos empíricos de otros científicos, sientan las bases de la interpretación grafológica. En su obra Simbolik der Handschrift (El simbolismo de la escritura), habla de la izquierda o la derecha, la zona superior o inferior del papel, como áreas simbólicas que recogen nuestras experiencias. Es decir, el individuo proyecta su interior en el espacio en el que escribe, y es así como el simbolismo del mismo se convierte en un factor crucial de la representación mental del escritor.

La zona superior, en cuanto a su cercanía psicológica a la altura y al cielo, representa lo espiritual, lo místico, la intuición, la creatividad, la imaginación, los pensamientos, las metas y las aspiraciones, así como las convicciones psicológicas o filosóficas del escribiente. Por el contrario, la zona inferior, equivalente a lo subterráneo y a lo terrenal, representa lo práctico, la sexualidad, el apetito satisfecho, lo instintivo, lo pragmático, nuestro subconsciente, nuestro materialismo y, sobre todo, nuestro instinto.

Antiguo libro de grafologíaLa zona intermedia se asemeja con el cuerpo y el corazón, representado los afectos, cómo se ve uno a sí mismo, los sentimientos y las emociones. La parte izquierda de la escritura representa el pasado, el significado de la figura de la madre, el respeto a la tradición y los valores transmitidos, timidez y la dependencia de lo sucedió en el pasado. El significado de la parte derecha es contrapuesta, ya que nos habla del futuro. Representa la figura del padre, extraversión, ardor, iniciativa, dinamismo, actividad y ausencia del temor al futuro.

Partiendo de estas bases y dependiendo de hacia dónde se incline la letra, la parte que esté más destacada, hacia dónde se vuelque, la zona que esté más presionada… podemos establecer un análisis grafológico y psicológico de la persona. Para ello es preciso entender que no es nuestra mano la que escribe, sino que es el propio cerebro el que transmite la información de cómo nos sentimos y qué somos. Da igual que escribamos con una mano, con la otra, con un pie, con la boca o con la punta de la lengua: los gestos siempre se repiten.

Para realizar un examen grafológico se necesita un lápiz, una regla y un escrito de la persona de dos hojas o más  sin plantilla y que estén redactadas hasta el final cuyo contenido no haya sido dictado. Lo ideal es una carta, ya que suelen incluir la firma, elemento que resulta muy esclarecedor tanto por sus rasgos, como por su colocación en el papel. Así, una persona que sitúa su firma en el lado izquierdo del papel, representa signos de inhibición, timidez o prudencia excesiva. Si la firma se encuentra en el centro de la hoja, se trata de alguien con autocontrol y capacidad de reflexión y que evita instintivamente el contacto con el mundo exterior. Si la persona coloca la firma en el lado derecho, tiene una gran tendencia a la actividad y a la iniciativa, es extrovertida e impremeditada. Curiosamente, para un puesto de director será más adecuada la persona que sitúa su firma en la parte izquierda.

Más allá de examinar el orden, los márgenes, el tamaño de la letra, la forma, los coligamientos, la inclinación, la dirección, la velocidad, la continuidad, la plenitud, la presión, el relieve del escrito y sus tipos cualificados (nadie dijo que la grafología fuera una ciencia sencilla), cada letra se puede examinar una a una, siempre que el gesto se repita. A modo de ejemplo, si examinamos la letra de Tony King, el asesino psicópata sexual, encontraremos dos rasgos característicos cruciales: la “d” en forma de nota musical (que denota una inteligencia superior) y el bucle exagerado en la jamba o zona inferior de la “g”, la letra del sexo. Este último rasgo indica una sexualidad exacerbada, obsesión sexual y un erotismo que desequilibra su personalidad.

Si ahora mismo estás comprobando frenéticamente si tu letra tiene algo en común con la suya, no te preocupes: eso no te convierte en un maníaco sexual. Quizá, simplemente, es que estás más salido que los balcones.

Un buen informe grafológico no puede realizarse a la ligera. Requiere tiempo, reflexión y mucha paciencia. Los grafólogos no son pitonisos, adivinos ni videntes. Tampoco saben echar las cartas. La grafología es una ciencia y, lo que deja claro, es que lo que escribes habla de ti.

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