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5 febrero, 2014 Comentarios (0) Visitas: 3664 Arte

Nicolás Muller, el viajero documental

 

'Casa de campo (Madrid)' (Nicolás Muller, 1950)

‘Casa de campo (Madrid)’ (Nicolás Muller, 1950)

Contemporáneo de Capa, Nicolás Muller no gozó del reconocimiento merecido ni permanece en la memoria de la sociedad. Su obra fotográfica revolucionó la situación. Se adelantó a una época. Incorporó nuevas perspectivas y personajes. Inauguró la fotografía documental en España.

En el centenario de su nacimiento, la Sala de Exposiciones Canal de Isabel II le rinde homenaje con una muestra de su trabajo. Nicolás Muller. Obras Maestras expone 125 fotografías en blanco y negro seleccionadas por su comisario, Chema Conesa, una vídeo-proyección autobiográfica del artista y algunos de sus objetos y documentos, entre los que se encuentra una de sus últimas cámaras, cedidos por su hija, la fotógrafa Ana Muller. Conesa analizó los más de 14.000 negativos del archivo fotográfico de Muller para realizar la selección. En el proceso declaró haber descubierto 40 imágenes hasta ahora desconocidas.

La muestra, organizada por la Comunidad de Madrid en colaboración con La Fábrica, se podrá ver hasta el 23 de febrero. Luego viajará a Tours con el nombre de Jeu de Paume. Hors les Murs, donde estará expuesta de noviembre a mayo de 2015.

Retrato del viaje de una vida

Nicholas Muller nació en Orosháza (Hungría) en 1913 en el seno de una familia de judíos practicantes. Con tan solo 11 años ya tenía una cámara de fotos, de la que no se separaba. Siguiendo los pasos de su padre abogado, estudió Derecho y Ciencias Políticas y convirtió la fotografía en su afición.

'Manos' (Nicolás Muller, 1937)

‘Manos’ (Nicolás Muller, 1937)

Durante su primera etapa como fotógrafo capturó la situación feudal de los campesinos de la  Hungría de esa época.  Potentes imágenes de trabajadores en el campo sufriendo, primeros planos o cuadros poco habituales. Instantáneas improvisadas que muestran la intensidad del momento captada por un intruso.

En 1937, la ocupación nazi de Hungría le obliga a huir a París. Allí conocerá a Kertész, Brassaï y Robert Capa, también exiliados, que le ayudarán a colaborar en las revistas más relevantes: Regards, France Magazine y Math publicando varios reportajes. Muller mantiene su objetivo de capturar a los más desfavorecidos y uno de sus reportajes más relevantes es el que realiza en el puerto de Marsella.

Junto a retratos muy cercanos para la fotografía de la época, algunos de ellos concertados con los protagonistas, siempre anónimos, el artista capta de nuevo el sufrimiento de los trabajadores. Lavanderas, descargadores del puerto con la piel curtida por el sol o marineros con el cuerpo tatuado.

'Hombres en el puerto de Marsella' (Nicolás Muller, 1939)

‘Hombres en el puerto de Marsella’ (Nicolás Muller, 1939)

La invasión alemana de Francia le vuelve a obligar a huir, esta vez, a Portugal, donde permanecerá unos meses como paso a Tánger. En Oporto captura de nuevo a los marineros del puerto trabajando, con impresionantes vistas cenitales.

Muller es detenido por la policía política del dictador Salazar, aunque pronto consigue marchar a Tánger, donde podrá vivir por primera vez de manera libre. Durante los ocho años que permanece allí, sus imágenes se impregnan del exotismo árabe con sensuales mujeres muy provocadoras para la época y el país en el que vive.

'Tagara la bailarina' (Nicolás Muller, 1942)

‘Tagara la bailarina’ (Nicolás Muller, 1942)

Es en Tánger donde conoce a Fernando Vela, secretario de Ortega y Gasset. Gracias a él entabla relación con las autoridades españolas del protectorado, que le encargan varios trabajos, y logra exponer en Madrid, invitado por la Revista de Occidente.

En 1947 el fotógrafo decide trasladarse a España, donde viaja capturando la realidad del país, aunque establece su estudio en la capital. El local se convertirá en reunión de célebres tertulianos, a los que tendrá ocasión de fotografiar: Pio Baroja, Azorín o Camilo José Cela.

'Pío Baroja' (Nicolás Muller, 1949)

‘Pío Baroja’ (Nicolás Muller, 1949)

Muller capturó la cotidianeidad española hasta la década de los ochenta, momento en el que se retiró a Andrín (Asturias) para contemplar la naturaleza. El fotógrafo llegó a declarar que ya no tomaba imágenes, ni por afición. Llevar la cámara a cuestas durante tantos años había sido suficiente.

Allí falleció en el año 2000. Durante los últimos años de su vida pudo ver cómo homenajeaban su carrera. El Museo de Bellas Artes de Asturias en 1985, Instantáneas de una vida; Diálogos con la luz en Pamplona y Echos d´Espagne en Lyon, en una muestra sobre fotógrafos españoles; La Escuela de Madrid en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid; y, con motivo de su 75 cumpleaños, su pueblo natal le dedica una muestra y Muller viaja invitado por el Gobierno Húngaro.

“El artista que tiene en su mano una cámara fotográfica tiene un instrumento único para poder expresar con ella su pensamiento, sus ideas. Creo que esto significa una cierta obligación”. Nicolás Muller.

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