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14 febrero, 2016 Comentarios (0) Visitas: 1121 Escena

«Los diablillos rojos», historia cómica de una enfermedad

Diablillos-rojos

Cartel de la obra teatral Los diablillos rojos

La versátil actriz Beatriz Carvajal, que acaba de cumplir 50 años sobre las tablas, protagoniza la obra de teatro Los diablillos rojos, una cómica y tierna historia basada en dos casos clínicos reales, creada por Eduardo Galán (dramaturgo y guionista) y Arturo Roldán (médico psicoanalista). Junto a ella, intervienen su hija Montse Plá (con quien comparte escenario por primera vez), Juanjo Cucalón y Sergio Pazos, bajo la dirección de Francisco Vidal.

Beatriz Carvajal es Toñi, una mujer de 60 años que, a consecuencia de una situación traumática por la que ha tenido que pasar, sufre unas visiones de unos diablillos rojos que le causan placer. Debido a esta crisis, es ingresada de urgencia en un hospital, donde conoce a Andrés (Juanjo Cucalón). Este paciente sufre el síndrome de Cotard: cree que de él emana un olor desagradable, como a putrefacción, y no puede soltar su máquina de escribir, ya que está convencido de que si la suelta echará a volar. Antes de ingresar en el apartado psiquiátrico era profesor de literatura, sin embargo ahora es un escritor fracasado que se dedica a memorizar los libros pues está convencido de que los van a quemar.

Los otros dos protagonistas son el psiquiatra que trata a Toñi (interpretado por Sergio Pazos), casado y con un hijo, y la médico residente (Montse Plá), amante del doctor. Ambos discutirán a lo largo de la obra sobre el verdadero motivo de la enfermedad de Toñi: ¿histeria o esquizofrenia?

Con chistes que reflejan la situación de la sociedad actual o que remiten a obras clásicas de la literatura, esta historia mezcla las escenas divertidas con las emotivas y nos ayuda a sumergirnos en el interior caótico de los corazones humanos. No solo se habla del miedo a la soledad, sino también de la necesidad de sentirnos queridos y deseados, sin importar la edad que tengamos. Sin duda, esta obra demuestra que el amor es una buena terapia para curar cualquier enfermedad.

Beatriz Carvajal en escena (fotografía de Pedro Gato)

Beatriz Carvajal en escena (fotografía de Pedro Gato)

Hay que destacar la actuación de la actriz protagonista, pues Beatriz Carvajal sabe conectar con el público haciendo que casi cada intervención suya consiga una carcajada de los asistentes. Su compañero Juanjo Cucalón invita a querer darle un abrazo y provoca el deseo de querer arrebatarle, de una vez por todas, la máquina de escribir a la que tanto se aferra.

Sergio Pazos interpreta muy bien su papel, en el que se enfrenta a una complicada decisión: convivir con el deseo de tener a su amante, pero sin separarse de su esposa. Gracias a sus comentarios cargados de ironía, es muy fácil sentirse atraído hacia este personaje. El papel de joven amante de su compañera en escena es algo menos brillante al no tener mucha carga cómica, pero Montse Plá consigue imprimirle fuerza con sus diálogos y expresiones.

No nos podemos olvidar de mencionar la escasa escenografía, ya que solo la conforman un diván, un escritorio, dos sillas y un perchero, pero tampoco se necesita nada más para ambientar una consulta de un médico psiquiatra, lugar donde se desarrolla toda la acción.

La complementan los dibujos animados de los diablillos rojos proyectados en el escenario, creados por el humorista gráfico José Gallego (Gallego & Rey, El Mundo), que intervienen en la obra creando situaciones singulares y divertidas.

Los diablillos rojos es una coproducción de Secuencia 3, Iniciativas Teatrales, Pentación y Pedro Hermosilla Management.

Se puede disfrutar de la obra hasta el 27 de marzo en el Teatro Amaya.

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