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Un cuervo se posa sobre un enigmático mapa

El diario de Ryan, una tetralogía literaria audiovisual

luisgarciamontero

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10 diciembre, 2012 Comentarios (0) Visitas: 1226 Letras

El mito del Zarco

 

El Jaro, una de las celebridades más representativas de la delincuencia juvenil en los años de la Transición, contaba que copió la técnica del tirón (robarle el bolso a una señora tirando de él) de la película Perros Callejeros (1977), el precoz biopic de la vida de El Vaquilla que dirigió José Antonio de la Loma.

La relación del cine con el mito del quinqui por tanto fue esencial. Las películas como Navajeros, Colegas o Deprisa Deprisa participaban de forma activa en la configuración del alegre bandolero que cantaban Los Chichos. De esta manera, también la música ayudó a crear la idea del Robin Hood de extrarradio. La prensa sensacionalista no se quedaba atrás. Pero, más allá de hallazgos estéticos, la cultura popular solo trató el tema de una manera muy superficial y equivocada para una problemática (la delincuencia, la situación de las cárceles y la droga) que representaba las frustradas esperanzas del cambio democrático.

Javier Cercas, especializado en desentrañar mitos a través de sus novelas, se acerca a la figura del quinqui en Las leyes de la frontera, ofreciendo una especie de reverso tenebroso de su anterior ficción (o no-ficción), la magistral Anatomia de un instante. Inspirándose en la transcendental figura de El Vaquilla y poniendo una buena parte de su experiencia vital como charnego (inmigrante de una región española de habla no catalana) en la Gerona de los años de la Transición, Cercas nos trae una historia, la de su generación, que había sido maltratada hasta ahora.

El relato se centra en las conversaciones de un escritor con varios personajes con el fin de escribir un libro sobre la figura de El Zarco, el quinqui-star de la ficción. Entre ellos el principal será Cañas, un abogado íntimamente relacionado durante la adolescencia con el delincuente. De esta manera, Cercas nos sumerge en los polígonos de extrarradio, en los recreativos de la época, en los actos delictivos, en las cárceles, en la droga… En definitiva, en todos los lugares y elementos que configuraron una realidad devastadora que se llevó por delante a muchos jóvenes y de las que muchos otros se libraron por fortuna.   

La novela, sin embargo, rebasa los límites temáticos consiguiendo una sólida historia de amor así como un ejercicio de estilo más que interesante. Al centrarse en las conversaciones de un escritor con personas que solo le proporcionan una verdad determinada del Zarco, el lector tendrá que jugar a atar todos aquellos cabos que intereses, miedos y medias verdades tratan de ocultar. Un juego amañado. Como el mito del quinqui.

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