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Cartel español de Pánico en la Granja

Una historia de cesta de juguetes

Portada Mario Benedetti, un mito discretísimo

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29 noviembre, 2011 Comentarios (0) Visitas: 1791 Letras

¿es la sociedad la que corrompe al hombre?

«Por qué nos hemos quedados ciegos, No lo sé, quizá un día lleguemos a saber la razón, Quieres que te diga lo que estoy pensando, Dime, creo que no nos quedamos ciegos, Creo que estamos ciegos, ciegos que no ven, ciegos que, viendo, no ven». Ensayo sobre la ceguera, obra escrita por José Saramago, es una novela apocalíptica, casi surrealista, una utopía invertida, en donde se describe una realidad imposible y terrible: un mundo de ciegos, la regresión del hombre a sus instintos animales y su lucha contra todos para sobrevivir.

 En un tiempo y un lugar desconocidos, de repente, un país entero se queda ciego, por una inexplicable epidemia, llamada la «ceguera blanca». El miedo del contagio, la plaga repentina, el manicomio y un desfile de personajes sin nombre ni cara contribuyen a crear una atmósfera asfixiante y claustrofóbica, que deja al lector sin respiro.

El escritor, poniendo en escena un drama universal como este, intenta representar la estructura y el comportamiento de la sociedad para reflexionar sobre nosotros mismos. Además, trata de encontrar una respuesta a las grandes preguntas de filósofos como Rousseau o Hobbes: es decir ¿es la sociedad la que corrompe al hombre o el hombre corrompe la sociedad? En una situación de peligro, ansiedad, tensión e incertidumbre, ¿cual seria la reacción del hombre?

En esta hipotética realidad, en la que desaparecen gobiernos, instituciones, negocios y cualquier tipo de norma social, el hombre se queda sin poder, sin certezas, sin guías de comportamiento y vuelve a los instintos primarios. Individualismo, insolidaridad y corrupción moral guían los comportamientos de los ciegos, hasta el punto de regresar a un estadio primitivo. A ganar sobre la racionalidad, la dignidad y la humanidad son los instintos animales. En conclusión, esa degeneración quiere ser metáfora de la corrupción de la sociedad contemporánea: una sociedad que, aunque pueda ver, se deja conducir sin mirar a donde va.

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