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El arte perenne de la caligrafía

La utilidad de lo inútil

12 noviembre, 2015 Comentarios (0) Visitas: 1928 Letras

El genio que casi asesina a su mujer

Ya lo dijo Robert Lowell, Norman Mailer fue “el mejor periodista de América”. En sus más de 60 años de carrera, se atrevió a escribir sobre temas tan dispares como Hitler (afirmando creer “haberlo comprendido más que a todos los otros”), el toreo, Marilyn Monroe e incluso Picasso. El niño que nació en 1923 en el seno de una familia judía de New Jersey, poco podía imaginar que acabaría recibiendo dos premios Pulitzer y convirtiéndose en el mayor enemigo de Truman Capote. Esta semana se cumplen precisamente ocho años de la muerte de Mailer, pero su influencia en el periodismo literario o la literatura periodística es un legado que no tiene fecha de caducidad.

El escritor Norman Mailer

El escritor Norman Mailer

Machista empedernido, idealista político (se presentó sin éxito varias veces a la alcaldía de Nueva York), conflictivo por naturaleza y amante de las causas perdidas, se convirtió en uno de los padres del nuevo periodismo literario. Se diplomó en Mecánica Aeronáutica por la universidad de Harvard en 1943 y, poco después, trató de evitar su participación en la Segunda Guerra Mundial alegando objeción de conciencia, pero terminó sirviendo al ejército en el Océano Pacífico del Sur y en Las Islas Filipinas. De esta experiencia nació Los desnudos y los muertos (1948), obra que muchos consideran como la mejor novela escrita sobre la contienda y que le abrió las puertas a la gloria eterna como escritor. Mailer murió en noviembre de 2007 a causa de un fallo renal con más de 30 libros y ensayos publicados en su palmarés.

Su conciencia pacifista lo acompañó siempre a lo largo de su carrera y, para los que lo conocían, Mailer era un “agitador de conciencias”. Quiso mirar más allá en todos los aspectos y temáticas que causaban confrontación en una sociedad americana que seguía encasillada en el concepto de “clase” de la era victoriana. Apoyó a Kennedy contra la Guerra de Vietnam e incluso fue arrestado en una manifestación, pero documentó los acontecimientos de este día en su reportaje Armies of the Night. A esta maestría escrita le siguieron varias piezas más de éxito irregular pero, lejos de encasillarse, su ambición le impulsó a redactar también ensayos, guiones y a dirigir varias películas en el Hollywood emergente y frívolo de entonces.

Si como escritor tuvo el reconocimiento que merecía, algunos afirman que a nivel personal también recogió lo que sembró. Se casó seis veces y como fiel  enemigo del anticonceptivo, entre divorcio y abogados, tuvo nueve hijos. Esta turbada vida conyugal escandalizó al mundo con la agresión incitada por su amante a su segunda mujer, Adele Morales. Ella se negó a denunciar el hecho pero le valió para escribir una novela y para, pasados los años, visitar los medios de comunicación asegurándose de que su reputación quedaba tachada de tacaño y agresivo. “Con las mujeres que vinieron después ha sido más generoso. Y tampoco las ha apuñalado”, afirmó Morales en una entrevista.

Su machismo acérrimo marcó también su vida y su obra. “La masculinidad no es algo que te es dado, sino algo que consigues. Y lo consigues ganando con honor pequeñas batallas”, decía. Famoso por las trifulcas televisivas que mantenía con sus compañeros de profesión, retó al novelista William Styron a una lucha de boxeo por, supuestamente, haber insultado a su mujer y agredió públicamente a Gore Vidal por compararlo con George Manson. Repudió sin tapujos la personalidad de Truman Capote y, a pesar de admirarlo como profesional afirmando que era el escritor perfecto de su generación, discutió con él hasta la saciedad sobre Kerouac y los beatnik.

Mailer y Capote, una relación de amor y odio

Mailer y Capote, una relación de amor y odio

Sus grandes obras: Las mujeres y los verdugos 

Era 1960 y la fiesta terminaba. Adele Morales, entonces esposa de Norman Mailer, imitando a un torero, lo retó: «Ajá toro, ajá. Venga, ¿dónde están tus cojones? ¿O es que tu querida te los ha cortado?» El escritor, ahogado en alcohol, respondió clavándole una navaja en la espalda. “¡Dejad que se muera!”, gritaba a los que intentaban socorrerla. La mujer sobrevivió y no presentó cargos, pero la opinión pública lo declaró culpable de por vida. Morales, por su parte, encerró entre dos tapas de libro su venganza: La última fiesta (1997). La obra de Mailer parecía a menudo una extensión de la polémica que envolvía su vida privada. El apuñalamiento a su mujer podría haber salido de una de sus novelas, o inspirarlas. Un sueño americano (1964) y Los tipos duros no bailan (1984), escritas en los años posteriores al altercado, albergaban fantasías de esposas asesinadas.

Otra de sus controvertidas obras también tuvo nombre de mujer, y no de cualquiera. En 1973 se atrevió a conjeturar sobre la muerte de Marilyn Monroe en Marilyn: Una biografía. En el último capítulo, sin tener pruebas, aseguró que la artista había sido asesinada por agentes del FBI o la CIA para presionar a Robert F. Kennedy, entonces fiscal general y con quien la artista habría tenido un affair. “Especulé sobre el asesinato de Marilyn”, reconocía después Mailer, que quería hacer de este libro su particular gallina de los huevos de oro.

Sin embargo, fue en su papel de abogado del diablo cuando el mundo de la literatura volvió a caer rendido a sus pies. En los años 70 La canción del verdugo (1979) le valió su segundo premio Pulitzer (el primero lo ganó en 1968 por el ensayo Los ejércitos de la noche). Basada en la vida del asesino Gary Gilmore, la novela fue escrita como un gran reportaje de investigación, al más puro estilo Truman Capote en A sangre fría y fiel a las técnicas narrativas del nuevo periodismo. Gilmore había pedido que se le aplicase la pena de muerte tras haber cometido dos asesinatos en Utah. No trató de evitar la pena máxima y tampoco aprovechó ningún recurso para apelar o posponer la ejecución. “Prefiero morir a la angustiosa espera en el corredor de la muerte”, confesó a Mailer. El relato, basado en cientos de entrevistas, narra los nueve meses desde que Gilmore salió en libertad condicional y asesinó a dos personas, hasta su muerte.

Precisamente esta novela desencadenó otro episodio que mancharía definitivamente el nombre del autor. Tras la publicación de La canción del verdugo, Mailer recibía esta carta: “¿Quieres saber cómo cometer un asesinato? Así se hace: los dos estáis solos en su celda. Tú conseguiste un cuchillo y lo tienes apretado contra una de tus piernas […] Una luz lo apunta, al tiempo que tú mueves tu hombro derecho hacia adelante. Acabas de hundirle el cuchillo en medio del pecho”. Con relatos así, el asesino Jack Abbott sedujo desde la cárcel a Mailer. El novelista logró que las 1000 cartas que el criminal le escribió se publicaran en un libro, En el vientre de la Bestia (1981). Este recopilatorio le valió a Abbott la libertad condicional, que le duró dos semanas, lo que tardó en matar a un camarero de 22 años. La opinión publica volvió a echarse encima de Mailer por contribuir a  la puesta en libertad de Abbott.

Más allá del polémico personaje que era Norman Mailer, su maestría para combinar la ficción con las técnicas periodísticas era incuestionable. Está considerado el gran innovador del periodismo literario junto con Truman Capote. «Escribir te destroza el cuerpo; te sientas en la silla, hora tras hora, y sudas tinta para sacar unas pocas palabras», admitía. Sin embargo, su vida privada interesaba tanto como la mejor de sus novelas. Era como si no pudiera decidir si quería ser el mayor novelista norteamericano o su personaje más objetable.

 

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