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12 noviembre, 2013 Comentarios (0) Visitas: 2229 Escena

Dairakudakan. Virus con mensaje a la carta

dairakudakan

Dairakudakan es un grupo de danza japonesa. Dairakudakan es un nombre poco pronunciable para occidente. Dairakudakan ha consolidado una rama del arte: la técnica Butoh. Dairakudakan cumple 40 años y lo celebra en Madrid.

Quien conozca mínimamente la técnica Butoh, relacionará en seguida un tipo de arte minimalista en el que los artistas aparecen con caras blancas, movimientos rígidos y ojos y boca muy abierta. Quien no haya oído nunca hablar del Butoh, se lo presentamos.

Butoh es una técnica que nace de Hiroshima. Hiroshima el desastre. El fatídico accidente de 1945 arrambló con la vida de un tercio de la población allí existente. Los otros dos tercios se movían desorientados, medio desnudos, con la boca muy abierta para aspirar o para sollozar, con las cuencas de sus ojos vacías. Tatsumi Hijikata (1928-1986) y Kazuo Ohno (1906-2010) estuvieron allí. Fueron testigos de todos estos cuerpos que acababan de perder trozos de vida y que corrían. Y de ello crearon el Ankoku Butoh (danza de la oscuridad). No pretende acercarse a la belleza. Su herramienta es el cuerpo: uso y consciencia.

No es estable, ni definido, ni completo. Su esencia reside en las energías internas del bailarín. Tatsumi Hijikata decía que su danza fluía para realizar los movimientos de la muerte a través de la muerte misma. Pero cada creador interpreta el concepto butoh de forma distinta. Uno de sus alumnos, Akaji Maro, renovó la técnica a su manera. Y fundó Dairakudakan.

La mayor inquietud de Maro es el ser humano y sus misterios. Motor que le ha llevado a innovar en el desarrollo del Butoh y crear nuevas técnicas influyentes en todo el mundo. «Nacer en este mundo es en sí mismo un gran talento» y la recopilación de movimientos primarios del ser humano antes de ser influido por la cultura, son los principios en los que se basa su técnica.

daraku

Virus

Virus es el nombre de la obra que conmemora el 40 aniversario de la compañía. El actual festival Madrid en Danza les brindó durante la pasada semana, los Teatros del Canal para representar el montaje.

Es una metáfora para referirse al ser humano. En la obra se representa la relación del humano con el mundo exterior, entrada de elementos desconocidos dentro del cuerpo humano y batalla entre los nuevos elementos y los existentes para definir quién ocupa el puesto dentro del cuerpo. Metáfora hacia el cambio constante que sufre el cuerpo humano ante su exposición al exterior: cómo el exterior lo va modificando constantemente.

Todo este mensaje se difunde en un escenario silencioso, que no articula palabras. Únicamente solloza algún grito o alarido indescifrable, que sirve de extensión del sentimiento que la expresión de la cara ya no es más capaz de exagerar. La música, como en toda danza, está presente. Para cambios de posición y para movimientos, se acompaña la banda tecno sonora del músico Jeff Mills.

El mensaje no lo define la representación, ni siquiera el propio autor. Lo que tiene que transmitir cada bailarín no está encuadrado en un esquema y es diferente en cada ocasión. Como cuando una enfermedad ataca a diferentes cuerpos, cada uno percibe una sensación distinta. Una interpretación del mensaje, que cada uno se diseña según haya percibido los elementos y el conjunto de energías. Según haya asimilado de una u otra forma las bacterias. Un conjunto de mensajes procedentes de un sólo Virus.

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