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La vida es teatro

22 marzo, 2014 Comentarios (0) Visitas: 1885 Escena

‘La punta del iceberg’. Estilo cinematográfico para una crítica social

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A finales de 2006 tres empleados de Renault se suicidaron en su puesto de trabajo. Entre 2009 y 2010 más de cincuenta trabajadores de France Telecom eligieron el mismo trágico final. Y, desgraciadamente, hay más casos. Antonio Tabares, joven dramaturgo canario, vio en esto la posibilidad de escribir un drama teatral. Hasta el día 30 de marzo la puesta en escena de La punta del icebergganadora del premio Tirso de Molina 2011, estrenada por primera vez el pasado 26 de febrero, se podrá ver en Madrid en el Teatro La Abadía con la dirección de Sergi Belbel.

Sofía, sofisticada mujer que ocupa un puesto como ejecutiva en la empresa, se ve obligada a volver a su antigua planta para redactar un informe sobre los tres casos de suicidios que han turbado a los empleados y la opinión publica. La representación se desarrolla a lo largo del día que la mujer pasará en las tristes y grises oficinas, enfrentándose a diferentes personajes que pasan la vida entre los escritorios, la cafetería y los despachos, y que dibujan un amplio abanico de tipos humanos cargados de estrés y, sobre todo, de desilusión. Sofía se verá así obligada, no solamente a investigar sobre los trágicos eventos del presente, sino, gracias al reencuentro con su antiguo entorno laboral, a cuestionar incluso su pasado.

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Esta es, en resumen, La punta del iceberg, drama a través del cual Antonio Tabares pretende mostrar toda esta realidad que nos rodea que, sin embargo, queda sumergida, hundida, olvidada, y que, al mismo tiempo, es causa directa de las tragedias que irrumpen en nuestras vidas. De hecho se trata, en cierta forma, de una interesante investigación sobre la realidad de parte de la sociedad de esta época, tan rápida y tan superficial, tan cínica y ciega frente al individuo; una investigación que huele a crítica de un sistema que no deja casi espacio para aprovechar la vida misma.

En lo que respecta a la puesta en escena hay que decir que el director, el catalán Sergi Belbel, tiene el mérito de haber montado una representación que siempre resulta dinámica, gracias, sobre todo, a la alternancia de situaciones profundamente dramáticas con escenas absolutamente cómicas, respetando la dramaturgia innovadora de Tabares que juega en sus textos con un estilo claramente cinematográfico. Un cumplido especial va a Max Glaenzel, por haber logrado imaginar un escenografía que obliga al espectador a hundirse en la triste «normalidad» de los pasillos y de los despachos de una gran multinacional y que, al mismo tiempo, construye una dimensión opresiva, gracias a los juegos de perspectivas que crea la geométrica disposición de las decenas de muebles blancos.

Sin embargo, la puesta en escena de  La punta del iceberg  resulta, a veces, una representación  en la que, sí se plantean valientemente problemas de vital importancia (¿En que sociedad estamos viviendo y por qué no hacemos nada para cambiarla?), pero en la que, al final, nadie se  atreve a dar respuestas, a indicar una posible solución o marcar un eventual camino de mejora. Además, los personajes (bien interpretados, hay que decirlo) acaban siendo estereotipos de sí mismos, dibujados según el criterio por el cual cada uno de nosotros conlleva cinismo y bondad a la vez, dejándolos desgraciadamente atrapados en un cliché que tira hacia la banalidad.

En conclusión, la obra de Tabares destaca por sacar a la luz un tema complejo y valiente, algo que también se expresa a través de  la puesta en escena de Sergi Belbel. Finalmente, y pese a dejar un resultado general ciertamente bueno, los tópicos constantes durante la entera representación le quitan, inevitablemente, la mayor parte de su potencial narrativo y de su razonada crítica social.

 

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