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THE OFFICE. EL HUMOR TRIDIMENSIONAL

Cartel promocional de la película Primos

PRIMOS

3 febrero, 2011 Comentarios (0) Visitas: 1340 Cine y Televisión

BSO CÓMO ENTRENAR A TU DRAGÓN: MAGIA EN CLAVE DE SOL

Magia. Ese es el elemento principal que logra que una película nos enamore, que nos hechice y se transforme en algo más que una simple sucesión de imágenes que nos entretiene. Esa magia es la sustancia de la que están hechos los sueños, y que en el mundo del cine se descompone en anhelos, escalofríos, emociones y, sobre todo, la capacidad de la obra para transmitir al espectador sensaciones únicas e irrepetibles.

La primera vez que vi Cómo entrenar a tu dragón, no esperaba que me despertara un sentimiento apasionado, y mucho menos que el ingrediente esencial de la película fuera la magia. Magia en estado puro, cosida con hilo encantado, imagen a imagen, por la maravillosa banda sonora de John Powell, creador de otras obras maestras musicales como las bandas sonoras de Shrek, Horton y Posdata: Te quiero.

Y es que la historia de Hiccup y Toothless, ese dragoncillo Furia Nocturna con reminiscencias gatunas, fue la película revelación del año pasado, de esas tímidas cintas que matan callando. Una caja de sorpresas increíbles esperando a ser descubiertas por aquellos que vieron más allá de un título muy acertado para el libro original de Cressilda Cowell, pero tal vez poco afortunado para un film. Sin duda, merecedora del Oscar a la mejor película de animación a la que está nominada —y no, no me estoy olvidando de ese gigante titulado Toy Story 3— y, por supuesto, de ese otro Oscar a la mejor banda sonora, categoría en la que compite con los scores de Origen (Hans Zimmer), El discurso del rey (Alexandre Desplat), 127 horas (A.R. Rahman) y La red social (Trent Reznor y Atticus Ross).

Powell nos brinda una fantástica partitura que emociona incluso sin estar acompañada de las imágenes de la película. Las melodías son tan maravillosas que un simple viaje en un vagón de metro con aroma añejo y gente con caras aburridas puede convertirse en una aventura: un vigilante se pone a bailotear mientras suena ‘New Tail’ en mis auriculares y una niña corretea a ritmo de ‘See You Tomorrow’. Ellos no escuchan la música, ni falta que hace.

Ecos celtas aquí y allá, e incluso vestigios del mejor Hans Zimmer y su asombroso trabajo en la banda sonora de Gladiator acompañan durante los 25 cortes. Percusión, épica y coros masculinos para las melodías dedicadas a los vikingos, como ‘This Is Berk’: testosterona pura y dura que conecta con su mentalidad. ‘Test Drive’ es una inyección de adrenalina y jovialidad para acompañar a Hiccup en su primer vuelo a lomos de Toothless. Con ‘Romantic Flight’, tema dedicado a la transformación de Astrid (la chica de la película), volamos al ras de las olas, vemos el atardecer sobre el mar, atravesamos las nubes y nos bañamos con la luz de la luna.

Astrid, Hiccup y Toothless

Pero no cabe duda de que el momento de la banda sonora, aquel que nos conecta directamente con nuestra infancia y que nos hace soñar con la paz de las cosas salvajes es ‘Forbidden Friendship’. Magia. Así, sin más. La película llega a tal grado de armonía en esta escena que es prácticamente perfecta. No hay diálogos. Sobran las palabras, la música lo dice todo. Un canto a la amistad y la inocencia mágica de la niñez. Hiccup extiende su mano y el dragón mueve ligeramente su hocico hasta ella. Ya está. Ahí está. Belleza visual unida a la belleza argumental y a la belleza musical. Un todo perfecto en clave de amistad prohibida.

Jónsi, el cantante del grupo irlandés Sigur Rós, pone su voz a la única canción con letra de la BSO. El artista utiliza en ‘Sticks & Stones’ (palos y piedras) una nueva versión mucho más positiva del dicho anglosajón Los palos y las piedras pueden romper mis huesos, pero las palabras nunca me harán daño, más acorde al mensaje de la cinta. “Su trabajo en solitario es tan luminoso, contagioso y alegre que pensamos en pedirle que cantara en los créditos del final. Vio la película en Londres mientras hacíamos la música y cuando salió reaccionó muy positivamente. Estaba tan emocionado que quería hacerlo. Compuso la canción en dos días”, declara Dean DeBlois, uno de los directores y guionistas, en el audiocomentario del DVD. Bonnie Arnold, la productora, añade además que “es optimista y alegre, es una forma estupenda de terminar la película. Te entran ganas de seguir el ritmo con el pie y celebrar la película”.

Lo confieso: esta película, con su sencillez y su magia, me fascina. Al final siempre te deja con esa sensación melancólica de retorno a la infancia que derriba las barreras que hemos ido construyendo con la edad y te conecta con el niño que temblaba de emoción al ver cómo la Estrella de la Muerte explotaba por obra y gracia de un humilde granjero. Gran parte de la culpa la tuvo John Williams, igual que la tiene ahora John Powell.

J.R.R. Tolkien decía que la música era cosa de magia. No podría quitarle la razón.

 

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Artículo también disponible en Fantasymundo.

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