Lentejuelas, ‘música gay’ y tequila de melón ‘caducado’: así es el Gran Bingo Drag

Sugar Nelly y Cristina Vergara vuelven a convertir el Ya’sta Club en una sala de fiestas poco convencional. El espectáculo, celebrado el 24 de octubre, mezcla el juego de mesa de toda la vida con la diversión que acompaña siempre a las drag queens. El resultado: una noche de humor, excentricidad y brillo de la que nadie sale igual que entró

«Oye, ¿nos liamos o qué?». Hace cuatro años, en una discoteca medio vacía y con más aburrimiento que ganas de fiesta, Sugar Nelly se acercó a Christina Vergara con esa propuesta. La noche había transcurrido, tediosa, entre «coca-colas light» (a saber qué llevaban) y suspiros de hastío. Vergara dejó la suya en la barra y contestó con un «pues vale». El beso, como el resto de la noche, no tuvo nada de memorable. De él no salió una pareja, pero sí uno de los dúos más divertidos y menos convencionales de Madrid.

Ese dúo se sube los sábados, de 20.30 a 23.00, al escenario del Ya’sta, en pleno Chueca. Esta vez, el bingo empieza con quince minutos de retraso, tiempo que el público aprovecha para pedir en la barra y empezar a bailar. Suena Grande, de Gloria Trevi y Mónica Naranjo, y las dos presentadoras se pasean entre los asistentes subidas en sus tacones. Nelly, fiel a su nombre, va de rosa de la peluca al vestido; Vergara, con vestido negro corto, peluca rubia y un maquillaje más natural, aunque no por ello menos elaborado.

Christina Vergara y Sugar Nelly cantando en el escenario. Vídeo: Inés de Diego Vaquero

Fiesta de cumpleaños

De bingo al uso tiene poco. Cada número llega con una broma, una anécdota o una pulla. Al 69 le sigue un «qué guarras sois». El cartón de las presentadoras, confiesan, ya no es un cartón, sino «un folio pintado» de tanto manosearlo.

Hay tiempo para todo. Un grupo de amigas sube al escenario y la discoteca entera le canta el cumpleaños feliz a la homenajeada como si fuera su canción favorita. Nelly pide también un aplauso para la madre de Vergara, sentada entre el público. «No le gusta que la señalen, pero esto es culpa suya», bromea Vergara, señalándose a su vez el vestido. «Tuvo un hijo mariquita y aun así dijo: “Lo voy a tratar como si fuera normal”».

Christina Vergara y Sugar Nelly cantando cumpleaños feliz con el público. Vídeo: Inés de Diego Vaquero.

El premio gordo

Los premios están a la altura de la actuación: un chupito, una entrada para otro espectáculo de La Opción Producciones y un puzle que, según cuentan, tenían tirado por casa. El gordo es una botella de crema de melón con tequila que lleva un año guardada. «Y tiene una cosa que os va a gustar un montón», avisa Vergara, «y es que está supercaliente».

Antes del descanso, Nelly vuelve a Gloria Trevi con Todos me miran, y tres personas cantan línea casi a la vez. Dos de ellas, María y Jalal, estudian Estadística en la misma clase: cabe sospechar que traían las probabilidades calculadas de casa. La tercera, Gloria, es camarera, y Nelly aprovecha para pedir «un aplauso a la hostelería de este país, que posiblemente sea la gente a la que peor tratamos». Para repartir los premios hay prueba de cultura popular (¿en qué año se estrenó Operación Triunfo?), horóscopo y sobres sorpresa. Gloria se lleva una piruleta «de hace dos años» y la publicidad de un estudio de tatuajes que ya cerró.

Un nuevo género: música gay

Tras diez minutos de pausa «para ir al baño, tomar una copa, ir a fumar o liaros con el de al lado», vuelve la música. «Todo música gay. Lo sentimos, no conocemos otro estilo», advierte Vergara. Mientras suenan Alaska, Estopa y Katy Perry, aprovecho para hablar con ella.

Vergara llegó al drag casi por casualidad: se apuntó «por probar» a un concurso llamado Operación Anomalía y lo ganó. En el siguiente quedó segunda, pero allí conoció al productor con el que trabaja desde hace cuatro años.

Vivir solo del drag es difícil, reconoce. Ella es integrador social y ha hecho mucho teatro, y la mayoría de sus compañeras tiene otro trabajo: «Muchas son peluqueras». Madrid y Barcelona concentran las mayores ofertas, y por eso llegan muchas artistas del resto de España. Aun así, vivir de esto, cuenta, es sobre todo cosa de la tele: en la capital no conoce a nadie que lo consiga.

Hay muchos locales que te van a decir: «Hazlo gratis». No dejes que te engañen. Lo mínimo es que ese día te paguen la pelu.

Antes de cada espectáculo, el maquillaje se lo hace ella misma; la peluca, en cambio, se la prepara otra persona porque, admite, no sabe peinar. Del teatro bebe también su inspiración, sobre todo de su vertiente más dramática, y como referente drag cita a Hornella Góngora. ¿El truco del maquillaje? «Ensayo y error. Mucho error».

Errores, recuerda, ha cometido un montón. En la final de un concurso se le cayó la peluca —fue, asegura, la mayor vergüenza de su vida— y sus primeros maquillajes no eran precisamente para enmarcar: «Ves mis primeras fotos y piensas: “Este es un tío con peluca”». Aun así, no reniega de aquellos comienzos: «Estoy orgullosa, porque es de donde vengo».

A quien quiera empezar le aconseja insistir, porque tarde o temprano todo llega, y no olvidar el compañerismo: «Ayudaos entre vosotras, sé buena compañera». Si tuviera que definir a su personaje en una palabra, elegiría «teatro»; para el drag, en general, reserva otra: «felicidad». Porque, explica, «una es libre y feliz cuando está ahí».

Esa idea del drag como felicidad no anda lejos de lo que defiende Nené Romero (Penélope Cruz) en La bola negra cuando afirma que «el travestismo es la fantasía de la posibilidad».

La fiesta que nunca termina

De vuelta al escenario, es Vergara quien canta. Anuncia «una canción que ninguna travesti se ha atrevido nunca antes a hacer»: La gata bajo la lluvia, de Rocío Dúrcal, interpretada en lengua de signos. No es un gesto casual: ahí asoma su otra vida como integrador social. Tras la actuación, Sugar Nelly le dice que huele a gato mojado.

Christina Vergara interpreta La Gata Bajo la Lluvia en lengua de signos. Vídeo: Inés de Diego Vaquero

A pesar de las bromas, o precisamente a través de ellas, queda claro el profundo vínculo que une a ambas artistas. «Compartir escenario todas las semanas con Sugar Nelly es un honor», confiesa Vergara. «El honor es mío, amiga», le contesta Nelly.

La recta final se aproxima y la botella sigue sin dueño. Mía, que ha cantado bingo, promete invitar a todo el bar si le toca el premio gordo, y con eso estalla el caos: el público se vuelca y grita colores sin descanso. Mía acaba decantándose por el sobre verde. Dentro no hay alcohol, sino un puzle de Freddie Mercury: el mismo que decían tener tirado por casa.

Tras el broche final (una última actuación conjunta, fotos con el público y más baile), la velada llega a su fin, aunque nadie parece tener prisa por irse. Ante el anuncio de que Vergara presentará un karaoke en el local de al lado, gran parte del público la sigue. Esta vez, el micrófono es para todos.

Sugar Nelly y Christina Vergara posan con los asistentes tras el show. Foto: Inés de Diego Vaquero

Deja una respuesta

Your email address will not be published.