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10 abril, 2016 Comentarios (0) Visitas: 1206 Escena

‘Yo, Carmen’: la voz de la mujer española

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Entre taconeos, movimientos de abanico y faldas de flamenca se presentó el pasado jueves Yo, Carmen en Los Teatros del Canal. La compañía de danza de María Pagés se ha mudado a Madrid, hasta el próximo 24 de abril, para encarnar al personaje de Mérimée y despojarlo de la imagen prefabricada de la protagonista mientras demuestra quién fue la verdadera cigarrera.

María Pagés (Premio Nacional de Danza en 2002) ya interpretó el mismo papel en Carmen, la película dirigida por Antonio Gades y Carlos Saura en 1983. En 2014 estrenó con éxito su obra en el Teatro Calderón de Valladolid y ahora, dos años después, visita Madrid con el objetivo de servir de altavoz para aquellas mujeres que todavía lo necesitan. «Vengo del trabajo y hago la comida. Los cacharros friego con lágrimas lavando el dolor y tendiendo la vida. Y vuelta a empezar sujetando el alma por no reventar. Ya voy reventaíta. Que yo no quiero más promesas. Que yo lo que quiero son hechos”, canta la Carmen de Pagés.

Su revisión de la obra ha tomado otro punto de vista. La coreografía de la sevillana representa el dolor de las mujeres durante muchos años, y su versión de la partitura tradicional de la ópera francesa grita una oportunidad para el género femenino de hoy. La adaptación de la obra quiere probar, a través del flamenco, que Carmen es una mujer libre, independiente y resistente. La Carmen de ahora se presenta como una mujer nítida y contundente que busca expresar esa realidad que afronta sin resignación y sin miedo a la mirada masculina.

«Carmen fue una mujer hecha por hombres y me interesaba dar la voz a la mujer que ni en la novela ni en la ópera existe”, dice la bailaora. Y de ahí nació su idea. Las ganas de presentar a una Carmen diferente de lo habitual es lo que motivó a la artista a despojarse de todo el romanticismo que envolvía a la protagonista y enfrentarlo a una realidad inevitable. En la obra, sus bailarinas van conscientemente vestidas de morado al final del espectáculo, representando el apoyo perfecto para la lucha de Pagés. Las espectaculares coreografías repletas de carga emocional potencian la idea y el mensaje detrás de la obra, mientras que el attrezzo, reducido pero muy acertado, sitúa al espectador en la historia de la gitana que fue asesinada por amor a manos de Don José.

La novela ha servido de inspiración para innumerables adaptaciones. En 1875 Bizet estrenó en parís la ópera dramática de cuatro actos que partía de la historia del libro. A pesar de que las críticas de entonces fueron bastante duras y negativas, la ópera ha conseguido sobrevivir hasta hoy y convertirse en una cita obligatoria para los amantes de este género. Representada en la mayoría de escenarios de varios países, nadie había conseguido jamás transmitir la intensidad de la tragedia sin apenas mediar palabra, como lo ha hecho Pagés.

Sin embargo, en 1830, mientras Mérimée escribía su novela, envió una carta a la Condesa de Montijo en la que se leía: “Trata sobre aquel valentón de Málaga que había matado a su querida, que se debía exclusivamente a su público. Como yo había estudiado a los gitanos durante un tiempo, he convertido a mi heroína en gitana”. Es posible que el escritor ya creyera en la fuerza de la mujer de entonces, pero María Pagés la ha rescatado para darle la fuerza que requiere casi dos siglos después.

 

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