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Un gran ensayo sin expectativas

5 diciembre, 2014 Comentarios (0) Visitas: 1230 Escena

‘Hacia la alegría’ : últimos días en el Teatro de La Abadía

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Representación de la obra 'Hacia la alegría' (imagen procedente de la web oficial del Teatro de La Abadía)

Representación de la obra ‘Hacia la alegría’ (Imagen procedente de la web oficial del Teatro de La Abadía)

Sobresaltado a altas horas de la madrugada se levanta invadido en un sudor frío el protagonista de Hacia la alegría, obra teatral, dirigida por el francés Oliver Py, que forma parte del proyecto europeo Cities on Stage/Ciudades en Escena. Las últimas sesiones en la capital madrileña se representarán hasta el próximo 7 diciembre en el Teatro de La Abadía.

El actor sevillano Pedro Casablanc interpreta el enfático soliloquio que mantiene un arquitecto, contrariado, al despertarse partícipe del especulativo crecimiento urbano de la ciudad. Desnudo, en la tenue oscuridad de la habitación iluminada débilmente a través de los cristales de la blanca carpintería, vocifera ante el frenético ritmo de vida naturalizado en una sociedad histérica, consumida por su propio egocentrismo.

La escenografía está conformada en primera instancia por las cuatro paredes del cuarto que aíslan al personaje de esa realidad que tanto le atormenta. No pudiendo demorar más su huida, se asea apático para enfundarse el traje gris marengo con corbata a juego y se dirige con presteza al pulido asfalto de la desolada calle nocturna. El decorado se reduce ahora a un despliegue de luces blancas parpadeantes sobre fondo negro, en donde comienza a correr agitadamente con sus elegantes mocasines.

La trama de este monólogo interior se divide en tres ideas argumentales. La primera, señala los matices de superficialidad que describen a una clase social envuelta en una burbuja de cristal habitada por el lujo de la vida perfecta e impoluta que termina por consumir cualquier ápice de alma humana. La segunda, relata la insatisfacción personal sufrida por el diseño de un proyecto que no es funcional para el entorno en el que se ha emplazado. La tercera, recoge el alivio experimentado al dejar la ciudad atrás, en medio de aquellos eriales desde donde se puede apreciar la luz del cielo nocturno y sentir el barro bajo las suelas.

En todo el acto está presente el sugerente juego de objetos y sombras en continuo movimiento acompañado de la melodía emanada por la banda de cuatro cuerdas que tocan la música compuesta por Fernando Velázquez, autor de importantes bandas sonoras como Ocho apellidos vascos o Lo imposible. Una grata combinación que mantiene al espectador en tensión durante la hora y cuarto del éxodo ‘hacia la alegría’.

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