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22 diciembre, 2013 Comentarios (0) Visitas: 3369 Música, Sin categoría

I can’t get no, satisfaction. Feliz cumple Keith

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Keith Richards 1

Sinceramente, ¿quien hubiera apostado por que Keith Richards (18 de diciembre 1943), tan genial como disoluto guitarrista de The Rolling Stones, llegaría a los setenta años de edad? … Probablemente tampoco el buen Keith mismo, que, en cambio, se convirtió en un millonario setentón hace dos días.

Sin embargo, hay que admitir que, a pesar de una existencia al limite, vivida en el filo de la navaja según la fascinante norma de «sex, drugs and Rock&Roll», el legendario rockero británico ya había demonstrado tener la piel dura. Os recordáis cuando, hace siete años y justo antes del comienzo de «A Bigger Bang Tour» con Jagger&Co, el rugoso bluesman con estilo de pirata se cayó de un árbol de coco, mientras disfrutaba de unas vacaciones en un paraíso tropical, sufriendo una grave hemorragia? … Cinco meses después, tras varios agradecimientos a doctores y enfermeras, Keith recorría los escenarios de Europa entera, hechizando el público con sus inconfundibles riffs de guitarra.

Porque, a pesar de su imagen de droga adicto, perdido en el creativo mundo del LSD dentro de una habitación cualquiera de un cualquier Grand Hotel del globo, Keith Richards siempre expreso, y sigue expresando, su verdadero alma a través de las vibraciones precisas de las cuerdas de  su guitarra. Es una mezcla única entre el Rhytm&Blues de Chuck Berry o Marvin Gaye y el Rock&Roll, innovador por aquel entonces, de los Stones. Por los desmemoriados: escuchad el arranque de «Street Fightingh Man», expresión perfecta de toda la irreverencia de la banda inglesa. Pues bueno, la voz de Jagger hace lo demás.

¿Qué más queda? Cantarle «cumpleaños feliz» no sería en su estilo (o quizás sí, ya que declaro que dejó la vida de excesos atrás). Se podría decir que, efectivamente, lo que queda es nada más que un abuelito que sigue tocando piezas sobre la vida loca juntos con sus amigos. Resultando, de hecho, vagamente ridículos al confundirse con sus propias representaciones de cera.  Se podría decir, pero la verdad es otra: lo que queda es una leyenda viviente, testimonio de un rock que no existe más sino cuando Keith se encienda un cigarro y encare la guitarra, llenando estadios todavía alrededor del mundo. Porque sí, será solo Rock&Roll, pero cuánto nos gusta.

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