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Sala de exposición Observados

Observados: fotografía políticamente incorrecta

Autorretrato de Eugène Delacroix, 1839

Eugène Delacroix, un conocido pintor desconocido

1 noviembre, 2011 Comentarios (0) Visitas: 808 Arte

Un hammam de lo más relajante

Nunca habría pensado que un elemento como el agua, tan fundamental e indispensable para la vida humana y, a la vez, tan menospreciado por muchos de nosotros, fuera a proporcionarme una experiencia única. A diferencia de otras culturas, en el mundo islámico el agua no sólo sirve para calmar la sed y para elaborar comidas, sino que es origen de vida. Y no sólo eso, además tiene un sentido purificador para el hombre, ya que limpia y purifica tanto el cuerpo como el alma. Por ello se le atribuye un sentido espiritual. Para cualquier persona que no entienda la cultura islámica puede que todo esto no tenga la mayor importancia.

 

Yo era una de esas personas hasta que viajé por primera vez a Córdoba. Se trata de una ciudad con una marcada herencia musulmana. No hay más que pasear por el centro histórico de la ciudad y admirar la Mezquita (la tercera más grande del mundo, tras la Mezquita de la Meca y la de Casablanca) para darse cuenta de ello.

Declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, la Mezquita de Córdoba es la primera en ser, a la vez, mezquita y catedral cristiana. Además, es de las pocas mezquitas no orientadas a la meca, sino hacia las mezquitas de Damasco. La razón podría ser la nostalgia que sentía el emir de Córdoba que inició la construcción de la Mezquita (Abderramán I) por la ciudad de Damasco, donde pasó su infancia.

Pero no sólo de la Mezquita vive Córdoba. En torno a ella encontramos el barrio de la judería donde reina la luz y el silencio. Paseando entre las calles estrechas y las fachadas repletas de flores se sitúan los baños árabes, el lugar ideal para el descanso de cuerpo y alma.

 

Se trata de una especie de viaje del alma, siguiendo la filosofía de los antiguos hammams. Estas salas de baño (basados en las antiguas termas romanas) consisten en un recorrido en torno a tres salas de agua con diferentes temperaturas: la primera de ellas una de agua templada, a 36 grados centígrados, la segunda, una caliente donde el agua llega a los 40 grados y, por último, la fría con una poza a 15 grados.

La composición arquitectónica de los baños (arcos y celosías) junto a la combinación de luces tenues, aromas y música suave ayuda a crear un clima que nos transporta a nuestro antiguo pasado andalusí. Una forma distinta y original de disfrutar de la cultura.

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