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4 octubre, 2011 Comentarios (0) Visitas: 940 Música

SCOTT MATTHEW: DULCE CANTO A LA TRISTEZA

En el Teatro Lara de Madrid aun se escuchan suaves ecos de la voz de Scott Matthew, que sembró la sala el pasado martes de un hiperdelicado folk acústico. A los que estuvimos allí aun nos ronda la cabeza la particular estampa compuesta por este australiano, que de cuatro años acá ha ido ganando incontables suspiros de los más adeptos al neofolk. Armado con una tupida barba negra a juego con su espeso flequillo bien peinado, Matthew subió al escenario a gemir las canciones de su Gallantry’s Favorite Son, el álbum que vino a presentar a Madrid y para mi gusto, el mejor hasta la fecha.

La voz de Scott se alzó por primera vez: “some people say I’m miserable, and I’m certainly not”, y para probarlo dio comienzo con ‘The wonder of falling in love’, no sin antes servirse una copa de vino tinto. El artista fue capaz de comunicar que no está supeditado a la tristeza, y lo hizo durante todo el concierto, a través de gestos, sonrisas, risas, frases lanzadas al público y entrañables relatos de anécdotas. Tímido y travieso, Matthew recorrió las canciones de su último trabajo disfrutando de cada frase, narrándonos historias sobre cómo aprender a volar, sobre el miedo, los cumpleaños o el estar solo. Un recital profundo y melancólico de un chico que siempre viste de negro y que habla sobre lo vivido, pero que tuvo -tiene- la inmensa virtud de no quitar la sonrisa a la sala durante toda la noche.

Entre copa y copa de vino, entre broma y broma, el cantante se desnudó hablando de su madre, de cómo esta le pidió que escribiera ‘Felicity‘, una de las canciones más movidas de su repertorio; desveló también con dulzura cómo su tema favorito del álbum, ‘Sinking‘, está dedicado a alguien que vive en Madrid. Momentos álgidos tuvimos con la ya mencionada The wonder of falling in love, respaldada por los brillantes M. Eugene Lemcio (piano y bajo) y Sam Taylor (chelo y guitarra acústica); la desesperanzada ‘Duet’ o la inolvidable ‘Upside Down’, de la banda sonora de Shortbus, película de John Cameron Mitchell por la que conocimos a Matthew hace cinco años. No nos quedamos insatisfechos tampoco con ‘Sweet kiss in the afterlife’ y la vitoreadísima ‘No place called hell‘. Y no contento con eso, cantó una perfecta parodia del ‘Only girl‘ de Rihanna con la que el australiano se acabó de meter al público en el bolsillo, sin contar con lo que le quedaba: ‘No surprises’, de Radiohead. Señor Matthew, continue así que nosotros seguiremos suspirando.

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