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18 abril, 2015 Comentarios (0) Visitas: 1753 Letras

Samanta Schweblin y el costumbrismo alucinado

“Me cuesta mucho hablar, por eso escribo”, anunció tímidamente la escritora de cuentos Samanta Schweblin, ganadora desde la semana pasada del IV Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, dotado con 50.000 € y organizado por la editorial Páginas de Espuma, por su libro Siete casas vacías. 

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La argentina explicó que en estos cuentos «hay un avance del campo y de lo abstracto hacia la ciudad y el realismo, sin abandonar lo extraño, que ahora es como si fuera más personal, más cercano, y eso lo convierte en menos monstruoso pero más terrible». Desde El núcleo del disturbio (2002) y Pájaros en la boca (2009), ella dice haber percibido ese tránsito hacia una nueva concepción de cuentista, oficio que Guadalupe Nettel, la anterior ganadora del Premio y este año miembro del jurado, definió como “guerrillera contra la maquinización de la edición”, que presta menos atención al cuento que a la novela. «El cuento se ha considerado erróneamente como un camino de aprendizaje y no como un género valioso”, dijo Schweblin.

A la argentina, nacida en Buenos Aires en 1978, le sorprendió la energía de las historias y de la literatura cuando tenía once años y escuchaba recitar poemas a su abuelo y a Cortázar a su amiga Ana. El escritor Rodrigo Fresán, presidente del jurado, alabó la obra de Schweblin y calificó Siete casas vacías de «costumbrismo alucinado».

Por su parte, el escritor Jon Bilbao, dijo que los relatos de Schweblin “están llenos de emoción, dosis de ternura y afecto”, con un desorden familiar de convivencia difícil  “y una atmósfera de David Lynch”. Bajo esta técnica narrativa, la joven escritora continúa “la tradición de lo fantástico dentro del cuento extraño”, según Fresán.

Los finalistas presentes en el fallo del galardón fueron mencionados y analizados literariamente por el escritor Andrés Neuman, quien les dio la enhorabuena por “la calidad insólita”. Destacó “la belleza estilística de Edmundo Paz Soldán en su libro Las visiones; distinguió a Alberto Olmos, con su “gran prosa” en Todos cuanto vagan; a Cristina Cerrado por su audacia sintáctica en Adversidad; y subrayó la que fue la gran sorpresa para el jurado, Vera Giaconi, por ser Seres queridos, su primer libro que ha recibido el elogio del jurado, quien la ha calificado de “narradora intensísima”. La escritora Pilar Adón afirmó que los finalistas y la ganadora de esta edición “son representativos de lo que se está haciendo ahora en literatura, donde prima el personaje desubicado, con sensación de pérdida, sin espacio en el que refugiarse y bajo una crueldad soterrada”.

 

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