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DESMONTANDO A INCUBUS

4 mayo, 2011 Comentarios (0) Visitas: 962 Música

PETE DOHERTY. ENTRE EL JOLGORIO Y LA VERGÜENZA

Drogadicto, intelectual, barriobajero, pero también talentoso. Pete Doherty es un artista dotado de indudable talento escondido bajo numerosos pecados capitales. Un músico desfigurado por algún trauma, la droga y modelos bellas. Fracasa constantemente en su rehabilitación, pero la música se le da bien.

Siete años hace que su grupo The Libertines lanzó su álbum homónimo. El single de aquel LP, el segundo de la banda, fue el tema ‘Can’t Stand Me Now’, el elegido por Peter para abrir el concierto el pasado 17 de abril en una sala abarrotada que esperaba su aparición en el escenario desde hacía más de media hora. Vestido con el elegante estilo que le caracteriza, Pete salió escoltado por un santo varón que le dispuso una cubitera con bebidas de toda gama y le afinó la guitarra deshumanizando al genio.

Dio comienzo así un concierto en el que hubo grandes temas de The Libertines: la ya nombrada ‘Can’t Stand Me Now’, la potente ‘What a waster’ y ‘For lovers’, en la que dos bailarinas salieron a adornar las cadencias esperpénticas de Peter. En contra del primer pensamiento general, el número tenía sentido, porque una letra soñadora e ilusa mezclada con la voz quejosa de Pete hacen que el tema rezume un débil romanticismo.

El líder de Babyshambles también regaló al público temas como la coreada ‘Fuck Forever’, ‘The Blinding’ y ‘Delivery’, pero el protagonista de la noche fue su primer disco en solitario, que supone un giro en su estilo y quizá -ojalá- sea el reflejo de un alma que siente el impulso de empezar a calmarse. Bien podría ser así, pues los que conocemos al Doherty de hace una década nos frotamos los ojos en la Joy Eslava al verle solo durante más de una hora y media sosteniendo un concierto plenamente acústico. Un público post-adolescente, eufórico y borracho, que había acudido a ver a la figura de Pete Doherty y no a escuchar su música, se concentró en arruinar el concierto. Las bragas de niñas exaltadas sobrevolaban un escenario en el que el músico, sentado bajo una luz azul, intentaba cantar a la muerte y al amor, luchando contra la tentación de seguir bebiendo de la botella de whisky que algún fan de entre el público le pasaba.

Fotos: Sol Salama Salama

 

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