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Cartel de la obra

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DÍA A DÍA EN EL CERTAMEN COREOGRÁFICO DE MADRID

14 diciembre, 2010 Comentarios (0) Visitas: 810 Escena

LA FURA EN CARNE CRUDA

La Fura dels Baus presenta durante el mes de diciembre, en los Teatros del Canal de Madrid, Degustación de Titus Andronicus, una obra que sigue la linea conceptual de este grupo de teatro catalá, que les permite introducir la gastronomía, como elemento de innovación, en las artes escénicas. Gracias a la colaboración del reputado restaurante Murgalitz, La Fura nos ofrece un singular plan de noche que incluye la obra, un picoteo por el que el pública casi tendrá que luchar entre sí, y la invitación a una cena para 30 afortunados. La receta de ese último plato es el secreto mejor guardado, y será el centro de la reflexión que acomete La Fura en esta adaptación.

Modernizar el teatro y los textos de William Shakespearre ha resultado siempre una tarea tentadora, compleja y, no pocas veces, ingrata e inalcanzable. En esos casos la culpa, desde luego, no reside en la ancianidad de las palabras del dramaturgo inglés, sino en la errónea percepción por parte de quien acomete la nueva versión, de que Shakespearre necesita ser modernizado. Así nacen aberraciones como Romeo + Julieta, protagonizada por Di Caprio, o la oscarizada Shakespearre in Love: dos ejemplos de cómo traer no solo el texto sino a la figura del literato a nuestros días; eso sí, dando por sentado que el presente está poblado tan solo por niños de 8 años. El contenido de su literatura universal no necesita actualización, y sus formas, difícilmente superables, han servido de guía y modelo a las mejores representaciones y adaptaciones de su obra.  

Durante el mes de diciembre (del 2 al 19) podemos acudir a los Teatros del Canal para ver, e incluso paladear, la última adaptación de una obra del dramaturgo inglés, versionada esta vez por el grupo de teatro catalán La Fura dels Baus: Titus Andronicus, una tragedia menor ambientada en el Bajo Imperio Romano, donde la violencia, el terror e incluso el gore adquieren especial protagonismo. La propuesta de La Fura es, como siempre, muy llamativa e innovadora: la resolución de la trama permite a sus creadores la introducción, definitiva y contundente, del elemento gastronomía en el teatro, elemento que resultará esencial y definitorio de la obra. Desgustación de Titus Andronicus es puro teatro vanguardista: incorporan nuevas tecnologías, materiales orgánicos e industriales al teatro; movimiento, música, cine. Todo en un espacio que rompe con lo convencional, donde el público se siente inmerso, más que en la obra, en la representación. Es decir, en la línea conceptual de La Fura.
Escena de Titus AndronicusEl desafío al espectador comienza cuando éste entra en una sala rectangular sin butacones, con proyecciones sobre las cuatro paredes, y un cocinero y su cocina donde debería estar el escenario, y continúa al dar comienzo una obra que podríamos definir como de 360°. Los actores interpretan sobre enormes peanas auto-deslizables, sobre elevadas plataformas junto a dos de las paredes, en el escenario/cocina y en medio de los asistentes que, en varias ocasiones, tienen que moverse para no ser embestidos, atropellados o para no sentirse molesto obstáculo de la representación. En otros momentos el público es tratado, descaradamente, como pueblo de Roma: es alimentado y asiste al manido espectáculo del circo humano boquiabierto y en complaciente silencio. Copartícipe de la tragedia, de la vergüenza de un mundo mudo, y del instintivo pecado que, por ser animal, llevamos todos dentro.

La obra de Shakespearre gira en torno a la traición, la ingratitud y la venganza; la versión de La Fura añade a ese eje la violencia, en sus múltiples formas, la cólera, la crueldad y una reflexión acerca de lo inmersas que éstas están en nuestra sociedad, en nuestra forma de vida, y hasta en nuestros actos más cotidianos. Más allá de detalles anecdóticos como la música electrónica, utilizada con desigual acierto, o el escalofriante sonido de un cuchillo afilándose a tus espaldas mientras en frente se representa una sediciosa traición, La Fura es capaz de hacernos a todos partícipes de esa realidad, invitándonos a un ágape antropofágico, del que somos plenamente conscientes, y para el que se sirven de un texto al que superan drásticamente.

El atractivo, para público y creadores, es el mismo aunque con fines bien distintos: la comida. De este modo nos transforman en ignorantes cómplices de sus tesis. Porque el trasfondo más interesante de esta adaptación/utilización de Tito Andronico es la relación que establece La Fura entre la violencia, la crueldad y la carencia de piedad que caracteriza a la sociedad, y al hombre por extensión, con un proceso tan cotidiano y necesario como es el de la alimentación. Las precisas proyecciones, la inquietante presencia del cocinero y la maquiavélica situación que crean en la última escena con el banquete, hacen del acto de cocinar e ingerir comida algo tremendamente violento, macabro y cruel. Un mensaje que redunda más cuanto más la gente disfrute con las viandas ofrecidas.

Los deliciosos olores vertidos sobre el público abrirían el apetito de cualquiera. No obstante, parado en el frío cruce de Cea Bermúdez con Bravo Murillo, cualquier espectador avispado habrá cerrado su estómago hasta pasado un buen rato: se da cuenta de que Shakespearre ha sido una excusa, que esto no es un intento más de actualización. La Fura necesitaba un texto que albergase traición, violencia y comida, un texto sobre el que hacer crecer su planteamiento, su mensaje; y sobre el que seguir mostrándose tal y como siempre han sido: abiertos a integrar en la escena a cualquier otro arte, avance o tecnología. Por algo La Fura se sitúa siempre en la frontera de la vanguardia.

 

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