‘La Ballena’, el regreso de Brendan Fraser a la gran pantalla

El actor vuelve al cine protagonizando la última película de Darren Aronofsky estrenada el pasado viernes 27 de enero, interpretación que le ha regalado su primera nominación al Oscar.

Brendan Fraser interpreta a Charlie, un profesor con obesidad mórbida que intenta reconciliarse con su hija, a la que hace 8 años que no ve. Con La ballena (The Whale), Darren Aronofsky (Nueva York, 1969) dirige un film que consigue, sin salir del interior de una vivienda, crear una experiencia dramática y una bellísima tragedia que atrapa al espectador en un ritmo cada vez más intenso.

Charlie recita una y otra vez las palabras de un ensayo sobre Moby Dick, texto que le sirve para relajarse en momentos en los que su enfermedad le dificulta la respiración y que utiliza, además, como motivación para intentar resistir un día más a su muerte cada vez más próxima. El protagonista, como profesor de literatura, lleva años navegando en libros e intentando conseguir que sus alumnos escriban la verdad, que sean honestos sobre lo que piensan. La relación de Charlie con la ballena, con Moby Dick y con el mar es constante a lo largo de toda la película. Como una metáfora de su vida, Charlie se aferra a esa redacción sincera sobre el libro Moby Dick, como salvavidas en sus momentos de tormenta.

Trailer La ballena

Aronofsky [Réquiem por un sueño (2000), El cisne negro (2010)] muestra en una adaptación del texto de Samuel D. Hunter, el intento de redención de un hombre que ha descuidado a su gente y a sí mismo; un padre que, varado en el sofá viendo una muerte que siente inevitable, busca conseguir que su hija se encuentre y viva, como él no ha podido.

La película, rodada con una relación de aspecto de 1.33:1, consigue que la elección de un formato cuadrado de pantalla haga aún más rebosante la figura de Charlie, que, encajado en los encuadres, simula la prisión de la que no puede salir; la vivienda que no puede abandonar ni el propio Charlie ni los espectadores. No hay espacio para alejarnos de la silueta obesa, con el cuello y espalda siempre empapados en sudor, y la boca y dedos continuamente grasientos. Sumado todo a un piso con paredes marrones y ocres, sucio y lleno de envoltorios de comida, no se supone que sea algo agradable de ver. Es así como la película quiere retratar la realidad de las personas con obesidad mórbida. Sin embargo, en este escenario creado por Aronofsky, lo que se pretende no es que el espectador sienta asco, sino compasión y empatía.

Fotograma de La ballena, A24

Ser honestos

El principio por el que se rige Charlie en sus clases es la honestidad, aunque para llegar a ella haya que pasar por la ofensa. Y es en estos últimos días de vida que le quedan cuando su existencia se ve irrumpida por actos inesperados de honestidad. Su hija Ellie (Sadie Sink), su amiga y enfermera Liz (Hong Chau), un misionero (Ty Simpkins), su exmujer (Samantha Morton), y el repartidor que le trae cada noche dos cajas de pizza (Sarthya Sridharan); estas son las personas más o menos próximas a su vida que orbitan durante estos últimos días alrededor de Charlie, quienes tarde o temprano tendrán que admitir lo “asqueroso” que es su cuerpo como forma de encontrar su verdad. Como si el protagonista sirviera de mártir para la redención de los personajes y su casa como limbo por el que desfilan sus recuerdos.

«La gente es incapaz de que algo no le importe».

Charlie, ‘La Ballena’.

Aunque desde ese lunes que da inicio a la película, el barco ha llegado a su destino hace ya tiempo, el espectador debe recoger y ordenar los restos del naufragio. La cinta parece usar de excusa la obesidad para ir construyendo el relato de vida de una persona sin motivos para vivir, que desmonta sus fracasos y acepta su final. Y lo que podrían ser dos horas tediosas de tristeza consiguen mantener un ritmo cada vez más intenso gracias a la sutileza del guion, que va aportando los detalles de la historia poco a poco, guardando el culmen emocional y épico para el final. Charlie es un protagonista sensible y complejo, cuya personalidad no se desvela de golpe, sino que es trabajo del espectador descubrir su historia completa, quién es Charlie bajo esas “capas” de odio propio, recuerdos y dolor.

Una mirada de esperanza

La película de Aronofsky consigue a la vez tanto una sensación de tristeza como de esperanza. De intentar dejar una marca en el mundo, aunque sea pequeña, y de que siempre hay gente que nos cuida, nos quiere y se preocupa por nosotros. Siempre hay una esperanza que nos puede mantener vivos, como la que mantenemos sobre la vida de Charlie a lo largo del film.

La mirada azul, como el mar, de Brendan Fraser en su interpretación de Charlie es clave para desnudar el alma sincera del protagonista bajo su enorme cuerpo, y transmitir el arrepentimiento, la rabia y el dolor. Pero al mismo tiempo la bondad y la esperanza de Charlie sobre las personas.

La Ballena sólo necesita una casa y seis actores para encajar la historia de principio a fin. Una película redonda, que es al mismo tiempo sencilla y compleja, pero, sobre todo, esperanzadora.

Ficha

Mar Gimeno

Periodista cultural amante del arte y del teatro. Escribo y leo para vivir más vidas de las que puedo.

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