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5 mayo, 2014 Comentarios (0) Visitas: 1603 Cine y Televisión

Frances y su búsqueda

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Cuando todavía estamos asimilando largometrajes tan finos e independientes como La vida de Adèle o Blue Jasmine, llega Noah Baumbach, quien bien podría tratarse de una estirada mujer, y nos recalca que, de la mente de un hombre, pueden salir las más puras y extraordinarias féminas.

Frances Ha, dando título a la última creación del estadounidense, es mucho más que el nombre de su protagonista. Una joven neoyorquina, de mudanza constante y corazón transparente, cuya existencia ha estado guiada por la dependencia independiente hacia su mejor amiga, Sophie.

En riguroso blanco y negro, Baumbach se alía con su pareja, Greta Gerwig, para dar vida a esta bailarina descentrada, funcionalmente torpe y de andares masculinos, que termina enamorando por completo a todo aquel espectador que la sigue durante los 86 minutos de comedia semiplana. Haciendo uso del inconfundible humor sarcástico, y casi tristón, del Woody Allen de finales de los 70, y apoyada en una serie de personajes afrancesados, niños de papá rico que buscan el sueño americano de alcanzar el arte; Frances Ha supone una vuelta de rosca más en el milimetrado cine de autor del director de Margot y la boda (2007) y Una historia de Brooklyn (2005).

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Aunque el reparto es preciso en su actuación y exacto en cantidad, como Mickey Sumner en el papel de Sophie, y un atractivo Adam Driver (Lev) que hace añicos las bragas de las mujeres que, casi, colecciona; lo que dota de ritmo a las escenas y, a la mudanza en sí, es precisamente uno de los máximos distintivos de Baumbach, la banda sonora. Pues cada uno de los 26 temas que acompañan a nuestra delicada e inocente -esto de que “de tan buena parece tonta”- protagonista, crean a su paso el universo cómico que requiere el film para ser comprendido.

Sembrando la duda, para los adelantados en el cine, sobre lo que podría llegar a ser una película lésbica, deja claro, pasada la media hora, que no lo es, y pasa a convertirse en una fiel colega para la Annie Hall que marcó una era femenina, añadiéndole algunos rasgos de Bridget Jones. Esa jovencita que vive adaptándose, ni guapa ni fea; lucha por sus aspiraciones artísticas siendo una bailarina sustituta simplona; estalla en cariño que dar, con una dulce hiperoactividad que llena de ternura a quien se sienta en la butaca.

Con un tímido carisma que se esconde entre sus ropas anchas, Frances es una nómada que se busca a sí misma, sin ser consciente, todavía, de lo que encuentra.

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