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3 noviembre, 2011 Comentarios (0) Visitas: 883 Escena

Els Joglars celebra sus 50 años sobre las tablas con El Nacional

Albert Boadella y sus Joglars celebran su 50 aniversario retomando con El Nacional (ya estrenada en 1993) una crítica totalmente actual de la mercantilización del arte y la pérdida de lo poético en los valores de la cultura, vigente 18 años después en el panorama cultural del país. Una ejemplo más de la perfecta simbiosis entre la  crítica social y el humor inteligente de la que siempre ha hecho gala la compañía. Hasta el 13 de noviembre en el Nuevo Teatro Alcalá. El Nacional, un vetusto y decrépito teatro dedicado exclusivamente a la ópera, es custodiado por el anciano acomodador Don José, encarnado por un magnífico Ramón Fontseré, que se enfrasca en una lucha suicida por devolverle el esplendor pasado en plena crisis económica y artística. Se esfuerza en preparar a un grupo de indigentes que conformarán una insólita compañía.

 

La idea es recuperar la grandeza del coliseo con un montaje del Rigoletto de Verdi, personaje bufón y deforme que se convierte en la imagen pesimista de las artes escénicas. Acompañan a Don José en la escena algunos actores ya clásicos en los montajes de Els Joglars, como Jesús Agelet o Minnie Marx, la soprano Begoña Alberdi, presente en la primera puesta en escena de la obra a principios de los 90 y perfecta en su voz y su representación, y el barítono Enrique Sánchez-Ramos, entre otros.

Los personajes de la obra son puros olvidados de la sociedad (putas yonkis, farsantes, inmigrantes, ladrones de poca monta, etc.) presentados a modo caricaturesco y bastante esperpéntico, y con la ayuda de elementos casi circenses, mezclan teatro y ópera, interconectando ambas disciplinas artísticas, aunque nunca se hayan encontrado lejos la una de la otra. Los personajes teatrales interpretan a personajes operísticos, y el final de estos últimos anticipará el final de sus alter egos, confundiéndolos en “el sagrado altar de la vida”. castadiva

En comparación con el montaje inicial de 1993, Boadella ha añadido mucha más música, nunca gratuita, que sirve de hilo conductor. Fragmentos de La Bohème, Norma o Rigoletto elevan y acompañan al espectador y crean un marco perfecto que impulsa el desarrollo dramático, rodeado de críticas no especialmente ocultas a la realidad social: los indignados, la Ley Antitabaco, los sindicatos, etc.

La libertad creativa e ideológica, la crítica y el humor son las señas de identidad de Albert Boadella y han convertido a Els Joglars en una compañía de culto, que conecta con el público obligándole a la reflexión más allá de las puertas del teatro, con independencia de sus sensibilidades políticas. Forman parte de la digna profesión desempeñada por “cabrones, putas y maricones, y cuya magia estriba en que sobre el escenario los cabrones se transforman en héroes, las putas en vírgenes y los maricones en donjuanes”. Reflejo perfecto de la vida misma.

 

 

 

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