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Tavi y su juguete

TAVI & SU JUGUETE DE HACER DINERO

La persisitencia de la memoria, de Salvador Dalí

LOS DOS TIEMPOS

26 mayo, 2010 Comentarios (0) Visitas: 996 Arte

CREÍA HABERLO VISTO TODO

Siempre había pensado que lo había visto todo. Y no ha sido por interés en formar mi mirada, sino consecuencia de donde me crié. Mis ojos crecieron tras el boom de los 60, 70 y 80 en el levante español. Tuvieron la suerte de crecer a la vez que el ensanche de Murcia y los veranos en Torrevieja, capital de la explotación de orillas, los rascacielos y otras maravillosas atrocidades en las ciudades colindantes: Alicante, Almería y, la nunca desperdiciada, Benidorm.

Creía haberlo visto todo en lo que a descomunales edificaciones en zonas que poco tienen que ver se refiere. ¡Qué equivocado estaba! Hace unos cinco años, en otra visita a la querida casa de veraneo de mis padres cerca de Torrevieja, lo que un día fue un pueblo de pescadores, la plaza de la entrañable ermita que era la iglesia de este pueblo rodeada de limoneros y palmeras, había sido totalmente levantada para hacer una nueva. La foto del proyecto me produjo un agujero en el corazón como el que habían hecho en el propio suelo. Durante unos cuantos años la impaciencia me hizo pasar con el coche cerca de esa plaza por las calles de alrededor, para intentar ver lo que el cuadriculado plano de la ciudad me permitía al asomarme, con la mala suerte de nunca poder ver nada, pero casi estrellándome más de una vez.

Recientemente el edificio estuvo al alcance de todos. He de decir que la iglesia puesta en otro lugar no desagradaría tanto, pero  es que me gustaría pensar que el arquitecto Adolfo Rodríguez nunca había visto esa plaza, porque con que simplemente haya pisado una losa alguna vez por allí, entonces se merece que le cuelguen de la cruz. Las ventanas  y torres enormes, intentando dar un estilo gótico a lo siglo XXI en un blanco nuclear, nada tienen que ver con los edificios de veraneo de tres plantas de alrededor, que casi desde sus terrazas pueden tocar las paredes de la nueva iglesia. Sustituyendo los árboles y bancos entre los que tantas generaciones jugaron a los distintos placeres de cada edad, que se conjugan en verbos y se hacen en carnes, ahora hay una entrada a un parking que hay debajo del suelo de los bancos de la casa del señor, donde desde debajo del asiento sale el aire acondicionado. No voy a entrar en juegos de palabras sobre que la puerta principal de la iglesia esté a la derecha y la del parking al centro de la tierra esté a la izquierda. Tampoco si hay ascensor directo desde las plazas de garaje a los confesionarios. Mi verdadera duda, ¡mi verdadera duda! es que si entro y comulgo, si me sellarán el ticket del parking.

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