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musical más de 100 mentiras

Sabina cumple sus fantasías

17 noviembre, 2012 Comentarios (0) Visitas: 1292 Multimedia

Una noche con la Chispa de la Felicidad

 
 
Apertura de puertas y acción. Niñas, adolescentes, madres y novios pacientes. Juntos pero no revueltos. Reunidos en el Palacio de los Deportes de Madrid para deleitarse con el gran repertorio de artistas y “proyectos de”  que Coca-Cola había reunido. Como presentador Tony Aguilar, dj de los 40 Principales y gran showman, quien sabía bien como aumentar la emoción de las precoces fans entre actuación y actuación. Algunos iban con la intención de ver a los adolescentes Auryn o Xuso Jones, otros para Efecto Pasillo y Lagarto Amarillo, los jóvenes más rockeros esperaban ansiosos a Simple Plan y las madres y las chicas más románticos aguardaban la salida del malagueño Pablo Alborán.
 
Para gustos los colores. Comenzando con los artistas más prematuros, el auditorio empezó a hervir y a cambiar de ritmo cuando Aguilar presentó a Xuso Jones. El joven murciano dio vida y puso en pie a toda la grada al ritmo de su canción ‘Celebrating the life’. Las más jóvenes vitoreaban su nombre y hasta se llevó algún que otro regalo de sus fans.
 
Poco después Auryn, el quinteto inspirado en Take That, creó un revuelvo considerable. El grupo pop de estilo británico, entre tirantes y gorritos, consiguió que todas gritaran su nombre al unísono. Pero la cosa mejoró cuando saltó al escenario Efecto Pasillo que trajeron el calor de las Islas Canarias y dieron de merendar al público con ‘Pan y mantequilla’ acompañados de un coro de niños que cantaron con ellos. Vino, después, el momento de Lagarto Amarillo. Los hermanos enseñaron que aún se pueden hacer canciones tiernas sin caer en cursilerías cuando entonaron ‘Culpable’ y versionaron a sus amigos de Maldita Nerea con la canción ‘Kantamelade’, un momento emocionante para todos aquellos que vieron nacer a este último grupo. 
 
Pero lo mejor de la noche estaba por llegar; Tony Aguilar lo anunció durante horas y algunas pancartas, ya lo auguraban desde el principio. Los maestros de Simple Plan saltaron al escenario, levantaron a todo el palacio e hicieron vibrar hasta al más perezoso con esa energía arrolladora que les ha hecho mantenerse en los escenarios de todo el mundo desde hace más de 10 años. El grupo canadiense llegó con hambre de rock y muchas ganas de ligar con las más jóvenes del lugar. Fue el mejor momento del concierto, sin duda alguna; su marcha, sus letras, sus movimientos y su gracia, hicieron que fuera una de las bandas más vitoreadas del Coca Cola Experience. Tras algo más de una hora de concierto, agua, toallas y púas volaron para llegar a manos de esos fans acérrimos que se pelean por un poco de sudor de sus integrantes.
 
Un momento emotivo tuvo lugar tras Simple Plan, ya que se hizo un pequeño homenaje, con mecheros y móviles encendidos al aire, a las víctimas de Madrid Arena la pasada noche de Halloween. Pero para que el ánimo no decayera, Tony Aguilar, puso la marcha con la música discotequera del momento para dar tiempo a los organizadores a cambiar el escenario que daría paso a Pablo Alborán.
 
Luz tenue, una guitarra y un piano. El malagueño saltó al escenario con un look formal pareciendo, así, mayor de lo que es (23 años). El ánimo empezaba a decaer tras cinco horas de concierto y sus baladas hicieron que todo el estadio pudiera sentarse a escuchar una de las voces más populares del panorama musical español actual. Alguna, incluso, se quedaba dormida en las gradas. Aunque lo cierto es que su voz atrapaba a todos los presentes cual encantador de serpientes. Consiguió poner el pelo de punta a tantos miles de personas que acudieron a la cita. Aunque un poco soso en sus palabras, se metió a todas las chicas, niñas y madres en el bolsillo con sus letras de amor llenas de sentimiento y sensualidad.
 
Y si ya creíamos que todo llegaba a su fin con Pablo Alborán, lo cierto es que aún quedaba una sorpresa final. Carlos Jean salió al escenario con su mesa de DJ para hacer bailar a todos aquellos que se atrevían a seguir en el recinto. 
Una noche de variedades donde pudimos ver que las cosas se pueden organizar correctamente, que el éxito no solo se consigue con la madurez musical pero ayuda bastante y en la que todos los ojos quedaron más que alimentados y los sueños crecidamente superados.
 
(Esta crónica no hubiera sido posible sin la colaboración de Saioa Camarzana en la redacción y fotografía)

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