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14 diciembre, 2020 Comentarios (0) Visitas: 657 Entrevistas, Música

Antonio Trapote: “El ‘tontipop’ tiene su parte de profundidad”

Antonio Trapote AMBRE © Enrique Villaluenga
Fotografía por Enrique Villaluenga

Antonio Trapote (Madrid, 1991) es músico y fundador de AMBRE, una de las bandas más interesantes de la nueva hornada madrileña por su capacidad para atrapar líricamente y, al mismo tiempo, servirse de ritmos bailables y estribillos pegadizos. Aunque llevan cuatro años como grupo, no ha sido hasta febrero de este año 2020 cuando hemos podido escuchar su primer álbum, Nunca Pasa Nada

Desde el inmovilismo social de la generación milenial hasta su propio sentimiento de culpa, pasando por una crítica a la superficialidad de la sociedad, Trapote es capaz de transmitir con su música y letras el sentir de gran parte de la juventud actual. Hablamos con él sobre todo esto y más a continuación.


Cultura Joven: Su último disco, Nunca Pasa Nada, contiene mucho de crítica social, ¿de dónde viene ese sentir?

Antonio Trapote: Personalmente es algo que sale natural. No es queja sino denuncia de ciertos aspectos que quiero poner en relieve, cosas que están pasando, que me resultan importantes y que, en cierto modo, se nos olvidan un poco a todos. También porque componer, para mí, es un desahogo. La música ayuda a convertir las cosas tristes en algo bello.

C.J: El álbum también tiene bastante de generacional. ¿Qué piensa de este término?

A.T: Sí, el álbum se puede entender como algo generacional. En otras entrevistas me han preguntado y en él se deja ver un poco el sentimiento de culpa de nuestra generación. Tenemos mucha responsabilidad por sacar todo adelante. Somos una generación que se ha formado muchísimo, que está preparada, pero que al fin y al cabo no tiene hogar, no tiene un empleo fijo, no está pudiendo formar familias. En cierto modo intento plasmar todas esas sensaciones que quizás nos angustien un poco

C.J: Hablando de las dificultades laborales e inseguridades que afectan a las personas más jóvenes en este momento, ¿cómo cree que afectan a un artista?

A.T: Personalmente es algo muy duro y doloroso. No me da vergüenza decir que en los últimos meses he pasado por una situación equiparable a la depresión. Sientes un desasosiego muy profundo del que es difícil reponerse. No me he independizado porque no puedo pagar un sitio donde vivir. La gente puede pensar que estás acomodado, que puedes buscarte un trabajo, tener hijos… Pero la situación en cuanto a lo laboral es delicada. Dar todo tu tiempo a cambio de un salario miserable que no te va a permitir apenas vivir se trata de una decisión que, a título personal, he tratado de evitar por ahora. La sensación que he tenido cuando he trabajado de forma más o menos precaria es de impotencia. Una persona joven necesita desarrollarse, necesita su espacio.

C.J: Volviendo a la música, ¿qué opina sobre que desde los medios se le adjudique el término “generacional” a bandas que tratan temas mucho más superficiales?

A.T: La industria musical como sistema y, dentro de ella, algunos curators han adquirido una importancia tremenda. Al final todos acabamos consumiendo un poco por inercia. Hay que tener un poco de cuidado con las propuestas que se nos ofrecen como imprescindibles para entender las inquietudes de nuestra generación. Hay que reflexionar sobre si realmente estamos decidiendo lo que queremos consumir. Personalmente, creo que hay algo en esta tendencia a la superficialidad, como en el tontipop, que tiene su parte de profundidad, especialmente a nivel lírico, a nivel musical sí que es algo más precario, quizás por la misma inestabilidad del entorno: si los músicos no pueden vivir bien, mucho menos van a poder estudiar para tocar mejor sus instrumentos. Pero en esas letras tan banales y vacías se puede intuir ese dolor y desazón que estas bandas comparten con nosotros, expresándose de otra forma. Creo realmente que se trata de una manera de desinhibirse y de olvidarse momentáneamente de los problemas. 

C.J: ¿Cuál es su opinión sobre la fama dentro del mundo de la música independiente? ¿Cree que tiene algún componente de arbitrariedad?

A.T: No, no es del todo arbitraria, depende de muchos factores, como de las agencias de comunicación y de publicidad. Creo que para conseguir algo de fama influyen mucho las cadenas de poder. Incluso ahora, por ejemplo, Spotify va a incorporar abiertamente la payola digital. Un promotor puede pagar determinada cantidad que repercute en la visibilidad de la banda, la fama y la aceptación que tiene. La gente no se está planteando qué escucha, escucha lo que escucha simplemente porque lo ponen en todas partes, eso es todo. Por un momento, con el fenómeno trap, parecía que todo esto no iba a ocurrir, que en internet la fama estaba democratizada, independientemente de las majors, pero nos estamos dando cuenta de que no es así. Spotify, que tiene el 85% del flujo del streaming de la red, va a implementar abiertamente y sin ningún pudor un sistema con el que pagando un porcentaje de tus derechos puedes obtener más visibilidad. Al final llegar a más público depende de lo económico, de si eres capaz de ceder más o menos porcentaje de tus derechos o de si tienes más o menos dinero para invertir en publicidad. Aparte, uno de los directivos de Spotify llegó a afirmar que si pretendes vivir de tu música deberías publicar cada tres meses, imponiendo desde la posición del curator cómo debes de comportarte como artista. Estas estructuras de poder están robándonos nuestra voz propia.

Antonio Trapote

C.J: Hablando de la casi obligatoriedad de estar continuamente produciendo, muchas veces los sellos y discográficas te instan a estar activo en redes sociales casi diariamente. ¿Cree que merece la pena salir de esa vorágine?

A.T: Yo creo que sí, es necesario salir. En AMBRE nunca hemos llegado a entrar del todo en ese juego. Entendemos que, cuando hay un lanzamiento de algún single, etc., tenemos que hacer publicidad para que haya un feedback, pero me parece un absurdo total que tus redes sociales sean un reality show constante en el que todos tus fans tengan que saber de tu vida al minuto. En nuestra banda dedicamos mucho tiempo a componer y, para mí, lo importante es que el público se centre en el resultado final. Me interesa que se reflexione sobre mis canciones, no sobre qué estoy desayunando.

C.J: ¿Cuál es su opinión con respecto a la situación actual de la cultura?

A.T: Creo que tenemos la obligación de pararnos y pensar en cómo podemos enfocar todo esto. Nosotros hemos optado por parar del todo, llevamos sin dar conciertos ocho meses, y reflexionar sobre lo que estamos haciendo, hacia dónde vamos, cómo vamos a plantearlo todo a partir de ahora. Creo que muchos artistas están haciendo esto mismo. 

C.J: ¿Cree que ahora, ante las adversidades, es precisamente el momento de hacer escena?

A.T: Pienso que, a nivel artístico, agrupar a ciertos artistas dentro de una escena se da por parte del público o incluso de la crítica. Para que exista una escena es importante que a nivel institucional se valore la cultura y que los grupos tengan la posibilidad de compartir ciertos espacios: locales de ensayos donde encontrarse con otras bandas, salas abiertas donde puedan tocar gratis o, como se hacía antes, por un precio fijo. La escena es algo que se forma de manera natural cuando se tienen esa serie de espacios compartidos. Cuando se comparten espacios se comparten conversaciones y se van dibujando ideas comunes. Para mí una escena es un sentir común y compartido, no se forma porque una revista lo diga. Ahora mismo veo complicado que se forme ninguna.

C.J: ¿Ve algo de luz en cuanto al futuro en la música independiente?

A.T: Sí, mucha. Hay muchísimo talento. Creo que los artistas están respondiendo con unas cotas de creatividad altísimas, hay muchas propuestas interesantes como Adiós Amores, Califato 3/4, Bronquio, Baiuca… Son artistas que combinan de forma muy potente tradición y folclore con las formas que tenemos hoy en día de consumir y de componer canciones. Eso me resulta muy interesante. 

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