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Cartel de la obra

CINCO HORAS CON MARIO

Escena de TOC-TOC

TERAPIA GRUPAL TRAS UNA INFORTUNADA TARDE TEATRAL

9 febrero, 2011 Comentarios (0) Visitas: 728 Escena

AL FINAL DEL ARCO IRIS

En algún lugar más allá del arco iris, dónde vuelan pájaros azules y pueden cumplirse sueños, una niña de vestido azul y coletas choca tres veces los talones de sus chapines de rubíes mientras pide un deseo. En la película la dulce Dorothy pide dejar el país de Oz y volver con su tía Emma y su tío Henry. En la realidad, la joven Judy Garland seguramente también pedía abandonar por unas horas ese mundo de focos, cámaras y eternas jornadas de rodaje para volver a casa a descansar. Pero la Metro-Goldwyn-Mayer no escuchó su deseo y a base de sacrificar su infancia y su salud logró convertir a la protagonista de El Mago de Oz en una máquina de hacer películas y dinero.

 

El Teatro Marquina recrea ahora los últimos momentos de esa niña prodigio que se encuentra al final de una vida marcada por los excesos, inseguridades y desengaños que a veces conlleva la fama.  Con un logrado equilibrio entre toques de humor y tintes dramáticos, sobre el escenario se desarrollan las actuaciones de Natalia Dicenta en el papel de Judy Garland, de Miguel Rellán como su fiel pianista Anthony y de Javier Mora como su manager y novio Mickey Deans. La calidad de las interpretaciones supera el aprobado, aunque el derroche de voz de la protagonista alcanza el notable alto. Con unas agradecidas letras en inglés y con el acompañamiento de una orquesta en directo, las actuaciones musicales (repartidas en su justa medida a lo largo de la obra) desatan los aplausos del público en repetidas ocasiones.


Llevar a las tablas el drama que rodeó a los últimos conciertos de la popular artista era una apuesta arriesgada, pero público y crítica coinciden en que el resultado obtenido es  más que satisfactorio. Cuando las luces del teatro se encienden, la fuerza de la historia de Garland sigue viva entre los asistentes. Mientras los espectadores caminan atropelladamente hasta la salida envolviéndose de nuevo en sus abrigos, intercambian con entusiasmo y empatía halagos a la portentosa voz de la actriz principal o impresiones sobre la biografía de aquella niña de chapines de rubíes, vestido azul y coletas.

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