El Instituto Cervantes, un espacio de unión

Fachada principal del Instituto Cervantes en la calle de Alcalá, 49. PEXELS

El director de Comunicación Digital recibe a los alumnos del Máster en Periodismo Cultural del CEU San Pablo y les muestra una sede marcada por más de un siglo de historia

Miguel Marañón siempre ha pensado que la cooperación es lo contrario de la competencia. Quizá sea por eso que se incorporó en 1997 a una institución como el Instituto Cervantes, donde la lengua y la cultura se convierten en herramientas de encuentro entre personas y países. Desde entonces, su carrera ha estado estrechamente vinculada a la comunicación y la divulgación cultural. Ha sido director del Departamento de Foros y Contenidos del Centro Virtual del Instituto Cervantes y de sus portales asociados y, actualmente, dirige el Departamento de Comunicación Digital. “Pero de eso hace ya 30 años, y ya veréis cómo vosotros usaréis también pronto esa expresión en la vida”, bromea ante los alumnos de la 19.ª edición del Máster en Periodismo Cultural de la Universidad CEU San Pablo. 

Esta vez, además, es él quien se encarga de abrir las puertas de la sede a los once estudiantes, que hasta entonces solo habían podido admirarla desde fuera. Para comenzar el encuentro, Marañón invita a los alumnos a sentarse en las butacas y sofás de lo que parece el salón de una casa y, en un ambiente que enseguida se vuelve cercano, les lanza una pregunta: “¿Qué sabéis de este sitio?”. Una alumna levanta rápidamente la mano y responde en un hilo de voz: “Que opera internacionalmente… Y que busca el acercamiento a la cultura y a la literatura hispanohablante”. Marañón sonríe, asiente y completa esa primera definición. Explica que el Instituto Cervantes es un organismo público dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores y que su presencia internacional está estrechamente ligada a la diplomacia cultural. Su misión, sin embargo, va más allá de proyectar la cultura española. También trabaja con la lengua y las culturas del conjunto del ámbito hispanohablante, con el español como principal herramienta para tender puentes con otros países.

Esa vocación internacional, explica, se traduce en una actividad que va mucho más allá de las aulas. El Instituto Cervantes cuenta con alrededor de 90 centros repartidos por los cinco continentes, desde los que impulsa programas de enseñanza y certificación del español, pero también una amplia programación que abarca desde la literatura y el cine hasta las artes escénicas y las artes plásticas. “El español es una lengua en la que se puede intercambiar conocimiento con otras lenguas, con otras culturas”, resume Marañón. Esa idea está detrás de algunos de sus proyectos más recientes, como la traducción de un poema de Federico García Lorca a distintas lenguas originarias de América, una iniciativa desarrollada en colaboración con la Universidad Nacional Autónoma de México.

Tras explicar la labor que se desarrolla entre esas paredes, Calderón pasó a mostrar el inmueble con detalle. Construido en 1918 por Antonio Palacios y Joaquín Otamendi como sede del Banco Español del Río de la Plata, pasó después por distintas entidades y varias ampliaciones hasta convertirse, en 2006, en sede del Instituto Cervantes. La visita comenzó en el antiguo patio de operaciones, conocido como el “cubo de luz”. El nombre hace referencia a la estructura del espacio, que se elevaba a través de varias plantas hasta una cúpula por la que entraba la luz natural y que iluminaba el antiguo corazón del banco.

La cúpula, que corona el antiguo patio central de operaciones del edificio principal. PROPIA

El recorrido continuó hasta la Caja de las Letras (enlace noticia de Alba). Cuando el Instituto Cervantes llegó al edificio en 2006 se encontró con esta antigua caja fuerte, destinada durante años a guardar documentos y objetos de valor. Marañón cuenta que decidieron darle una nueva vida y se preguntaron: “¿Por qué no invitamos a grandes figuras de la cultura en español a que nos hagan regalos?”. Así nació, en 2007, esta particular cápsula del tiempo, donde escritores, científicos y otras personalidades han ido depositando sus legados.

La última parada fue la cúpula, una estructura de plomo y vidrio situada en la quinta planta. Una de las alumnas se acercó a la ventana mientras Madrid se extendía al otro lado del cristal. Fue allí, frente a una de las mejores vistas del edificio, donde la conversación con Marañón derivó en el espíritu del Instituto Cervantes. Habló de la lengua como un espacio común entre países y culturas distintas, de todo lo que comparten los millones de hispanohablantes y de la necesidad de poner el foco en aquello que une. “Sobre todo compartir lo que tenemos en común y lo que nos une e intentar no trabajar demasiado lo que nos separa”, explicó. Una idea que también atraviesa su propia trayectoria en el Cervantes y que resume su manera de entender la institución. “Yo siempre he pensado que la cooperación es lo contrario de la competencia. Si colaboramos, vivimos mejor”, concluyó.

Vistas desde la quinta planta del Instituto Cervantes. PROPIO

Viola Lumina

A veces, periodista. Cualquier disciplina artística me hace un nudo en la boca del estómago.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.