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1984 vuelve a llenar el Teatro Galileo

28 noviembre, 2018 Comentarios (0) Visitas: 201 Teatro

El guion de ‘El Funeral’ deja un amargo sabor de boca

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El elenco de El Funeral al completo

Concha Velasco y el resto del elenco en la obra El Funeral

Salen a escena las nietas de la difunta. Clara Alvarado (La Casa de Papel) y Cristina Abad (Acacias 38), enfundadas en trajes negros y con labios rojos, intercambian palabras con el público y animan a los presentes a despedirse de su abuela, Lucrecia Conti, pudiendo subir al escenario a velar a la famosa actriz, supuestamente fallecida.

Desde ese momento, los que acudimos esa tarde al teatro, pasamos a formar parte de la obra, ya que los protagonistas se dirigen continuamente a nosotros, tratando de introducirnos en los acontecimientos que suceden en la representación. Y, al principio, ciertamente, lo consiguen.

Sin embargo, la diversión de los primeros minutos va desapareciendo paulatinamente. Se esfuma, igual que lo hace el interés depositado en el espectáculo.

El talento, tesón y más bien admiración hacia Concha Velasco de todos los asistentes, no son suficientes ante un guion tosco y carente de profundidad. El Funeral vaga entre bromas repetitivas y “sin sabor”, desaprovechando, en cierto modo, el privilegio de contar con una actriz galardonada con un Goya de Honor en 2012 y dos Premios Nacionales de Teatro, junto con otras muchas distinciones honoríficas que denotan su extensa y brillante carrera. Concha Velasco ha deleitado al país y al resto del mundo con películas como Las Chicas de la Cruz Roja o La Colmena, series de televisión como Gran Hotel y, por supuesto, obras de teatro como La Truhana.

Concha Velasco en Las Chicas de la Cruz Roja

Concha Velasco en Las Chicas de la Cruz Roja, vestido de lunares

Uno de los momentos punta es su primera aparición en La Latina. Guiada por un haz de luz que nace en la puerta de la sala principal del teatro, Concha Velasco recorre la alfombra roja hasta llegar a las escaleras, acompasada con la música de Juan Cánovas y Juan Robles de la Puente y la iluminación de José Manuel Guerra.

Pero esa misma aparición sucede incesantemente, solicitando siempre el aplauso de un público impaciente por encontrar “algo más”. Un “algo más” que nunca llega. Diálogos vacíos y, en varias ocasiones descarados por parte de Concha Velasco que, lejos de agradar al oyente, acrecientan una imagen de “diva” que se relaciona directamente, de forma inconsciente, con la manera de ser de la artista, que comparte un notable parecido con su personaje; Lucrecia Conti, una actriz mayor que, deducimos, era una eminencia en el mundo de las artes escénicas; celebrándose en su honor un velatorio en uno de los principales teatros de la ciudad.

Emmanuel Medina (Dulce Pájaro de Juventud) es otro de los asistentes a este inexplicable encuentro. Su historia con una de las nietas de la fallecida Lucrecia le convierte en personaje fundamental en el trascurso de los hechos. Por el contrario, sus intervenciones son insulsas, carentes de sentido. Le pervierten, transformándole en un niño de cinco años que de vez en cuando se ríe escandalosamente en situaciones inapropiadas.

Manuel M. Velasco, primer hijo de la actriz, autor y director de la función, en un intento por conmover al público a través del recuerdo, añade algunos guiños a la carrera profesional de su madre; Conchita Velasco, “la chica ye-ye”; apodada así tras su papel en Historias de la Televisión, y juega con innovadores recursos que despiertan las mentes y refrescan el acto. Entre ellos, un vídeo al fondo de la escena donde aparece Andreu Buenafuente, que se comunica con los actores desde su plató de Late Motiv.

Mientras, Jordi Rebellón (Hospital Central, Amar es para siempre), representante de L. Conti, enumera las exclusivas y el dinero que cobrarán a raíz de la noticia de la “resurrección” de la aclamada intérprete. Un papel que, mejor exprimido hubiese obtenido, también, un mejor resultado, pero que queda delegado a los fallos de base que El funeral asume.

Una obra que, de no ser por el renombre que le otorga Concha Velasco, quedaría, inevitablemente, sumida en el olvido.

Sus representaciones terminan el 20 de enero en el teatro La Latina.

 

 

 

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