Olivia Lara: «Reír y llorar son la misma cosa, te libera de la misma manera»

La directora y dramaturga de No me toques el cuento revisita las historias de hadas desde el humor para acercarse a asuntos tan complejos como los romances tóxicos, la presión estética o los estereotipos de género

Hay historias que todos conocemos antes incluso de aprender a leer. Blancanieves, Cenicienta, Aurora o Bella forman parte de un imaginario colectivo que ha acompañado la infancia de millones de personas. Durante décadas, sus finales felices parecieron incuestionables: encontrar al príncipe adecuado, alcanzar la belleza ideal y cumplir con el destino que les había sido asignado. Sin embargo, ¿qué ocurriría si esas princesas pudieran abandonar por un momento sus cuentos y hablar con voz propia?

Esa es precisamente la pregunta de la que parte No me toques el cuento, la obra escrita y dirigida por Olivia Lara que podrá verse en el Teatro Pavón de Madrid desde el 31 de octubre al 26 de diciembre. A través de la comedia, la dramaturga propone una revisión de los relatos clásicos para examinar los modelos afectivos y femeninos que han transmitido a distintas generaciones.

Paradójicamente, el proyecto nace del amor de Lara por los cuentos de hadas. Fan declarada de Disney y de los universos fantásticos, comenzó a cuestionar estas historias al volver a verlas desde una mirada adulta. El punto de partida fue Blancanieves. Ya no observaba la película como una niña fascinada, sino con una perspectiva crítica y feminista que le permitió detectar mensajes relacionados con la dependencia emocional, la belleza normativa o el papel que se espera de las mujeres.

La dramaturga reconoce que muchos de los complejos y frustraciones que ha experimentado tienen relación con esos modelos idealizados de romance y feminidad. De esa reflexión surgió la idea central de la obra: imaginar qué dirían estas protagonistas si fueran mujeres reales enfrentándose a problemas reales.

Para ello escogió a Blancanieves, Cenicienta, Aurora y Bella. Aunque la decisión respondió inicialmente a una cuestión práctica, ya que contaba con cuatro actrices, también buscaba trabajar con las princesas más icónicas y antiguas. Según Lara, son precisamente las que más tienen que decir cuando se observan desde la actualidad.

Cuando el final feliz no es suficiente

Una de las principales cuestiones que plantea la obra es la revisión del tradicional «felices para siempre». Lara considera que muchos cuentos han contribuido a normalizar relaciones basadas en el sacrificio, la dependencia o la idea de que el amor puede cambiar a una persona.

Personajes como Bella o Ariel sirven para abrir esa conversación. La autora observa en estas historias modelos románticos que, aunque durante años fueron presentados como ideales, hoy pueden interpretarse de otra manera. El problema, sostiene, es que la ficción suele convertir determinadas conductas en gestos románticos cuando en la realidad podrían resultar preocupantes.

Aun así, rechaza la idea de reescribir los cuentos clásicos. Considera que forman parte de la historia cultural y deben conservarse tal y como fueron creados. Lo importante no es modificarlos, sino aprender a leerlos desde nuevos puntos de vista.

Para Lara, reinterpretar significa dialogar con esas historias y extraer de ellas nuevas preguntas. Los cuentos permanecen, pero la mirada evoluciona.

Reírse de lo que duele

Aunque la obra aborda cuestiones complejas, lo hace desde la comedia. Lara explica que muchas situaciones presentes en los cuentos resultan absurdas cuando se trasladan a una lógica cotidiana. Basta pensar, señala, en una joven que entra en casa de siete desconocidos y decide ponerse a limpiar.

Sin embargo, el humor cumple una función que va más allá de la risa. La dramaturga entiende la comedia como una herramienta para acercarse a experiencias dolorosas sin quedar atrapados en ellas. En ese sentido, recuerda una enseñanza que heredó de su padre, el actor y director Juanma Lara: convertir en humor aquello que duele.

La respuesta del público confirma esa combinación de emociones. Hay espectadores que acuden simplemente para pasar un buen rato y otros que encuentran en las protagonistas experiencias con las que identificarse profundamente. Lara recuerda el caso de una amiga que salió de la función asegurando estar «llorando de empoderamiento».

Su objetivo, explica, es precisamente ese equilibrio: provocar carcajadas mientras algo se remueve también en el interior del espectador. No en vano, insiste en que «reír y llorar son la misma cosa» porque ambas emociones tienen la capacidad de liberar.

La emoción irrepetible del teatro

Parte de la fuerza de No me toques el cuento reside en que el público ya conoce a sus protagonistas. Esa familiaridad permite que la obra juegue con las expectativas de los espectadores y dialogue directamente con los recuerdos de su infancia.

Para Lara, además, el teatro ofrece una experiencia única que ningún otro formato puede reproducir. A diferencia del cine o de la literatura, cada función es irrepetible. Lo que sucede sobre el escenario solo existe durante ese instante compartido entre actores y público.

Tras casi una década de recorrido desde su estreno en 2019 en los Teatros Luchana de Madrid, la obra sigue creciendo junto a su autora. Lara asegura que continúa descubriendo matices nuevos en un texto escrito hace años y que, lejos de alejarla de los cuentos de hadas, el proyecto la ha convertido en una lectora todavía más apasionada de este género.

Más allá de los proyectos que pueda emprender en el futuro, la dramaturga defiende la vigencia del teatro como una de las formas artísticas más completas. En él conviven la palabra, el cuerpo, la música, la imagen y la emoción colectiva. Para Olivia Lara, el escenario sigue siendo un espacio privilegiado desde el que revisitar historias conocidas y dialogar con el público desde una mirada crítica y contemporánea.

Quizá por eso las princesas de No me toques el cuento continúan encontrando espectadores dispuestos a escucharlas. Después de todo, los cuentos no siempre terminan cuando aparece el príncipe. A veces, la historia más interesante comienza justo después.

Imagen promocional de ‘No me toques el cuento’. Fotografía: Lalodeho

Alba Moreno Prior

Entre regar mi rosa y convencer a la gente de que no es un sombrero, sino una boa.

Graduada en Literatura General y Comparada | Máster en Periodismo Cultural

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