Con 40 años de ejercicio profesional a sus espaldas, el director de La Cultureta de Onda Cero reflexiona sobre la situación actual de la cultura y el valor del oficio periodístico
Rubén Amón siempre empieza por el final. Cuando, en un momento de descanso matutino, las páginas del periódico se doblan entre sus manos, la portada se ve obligada a ceder su indiscutible protagonismo a una sección siempre enclaustrada entre ‘Deportes’ y ‘Televisión’. La Cultura a la que ha dedicado gran parte de su vida laboral, antes incluso de cumplir la mayoría de edad, acostumbra quedar relegada al final. De ahí su forma inusual de leer el periódico.
Por ese mismo final se han decantado también los alumnos del máster de Periodismo Cultural del CEU, quienes tuvieron la oportunidad de conversar con él el pasado lunes, 5 de octubre. En la charla inaugural del curso, reflexiones compartidas y consejos por parte del periodista sirvieron de enseñanzas clave para los estudiantes del posgrado. Unas lecciones que detallo a continuación.
1ª Lección: La importancia de las ‘perchas’ en el extrarradio
En el mundo de la prensa existe una jerarquía que, por desgracia, es en parte responsable de esa postergación de la divulgación cultural. La actualidad es el requisito incuestionable de las piezas periodísticas y las obras artísticas y literarias, así como otro tipo de acontecimientos de carácter humanístico, no siempre lo cumplen. Es por ello que, como explicó Amón, «la cultura necesita coartadas extraculturales para ocupar el centro del escenario».
Unas excusas que en la profesión también reciben el nombre de ‘perchas’, ganchos con los que entretejer las noticias de humanidades en la inmediatez más candente y llamativa. El articulista de El Confidencial continuó lamentando en cierta medida el hecho de que la cultura precise de «accidentes» que fomenten su emisión, recordando a los alumnos el valor de saber atraer la atención del lector hacia los temas culturales, conectándolos con el presente a través de referencias o enlaces que interesen al público general.
2ª Lección: La formación pesa sobre la pluma
Otra de las tareas clave que los estudiantes deberán asumir en su futuro laboral y en la que Amón quiso hacer hincapié fue la formación de una sensibilidad artística, de un criterio que oriente al periodista en su labor cultural. Sin duda, una responsabilidad más relevante que nunca en una sociedad amenazada por «la tiranía del algoritmo» que busca reemplazar el juicio propio del individuo. Porque «el espíritu crítico establece hacia dónde vamos como maquinaria cultural», según el veterano de El Mundo, que instó a los alumnos a no cesar nunca en su refinamiento intelectual.
Como escribió Mario Vargas Llosa en su ensayo La civilización del espectáculo, autor citado por Amón al comienzo de la charla, «la cultura es […] una propensión del espíritu, una sensibilidad y un cultivo de la forma que da sentido y orientación a los conocimientos». Sin duda, un juicio, por lo tanto, que jamás debería ser sustituido por los cálculos matemáticos que aborregan al usuario encerrándolo en su propia burbuja virtual. De ahí que, como divulgadores, los periodistas culturales tengamos la obligación de plantear un espíritu crítico, concluyó el director de La Cultureta.

3ª Lección: El valor de la contracultura
En la hora en que Rubén Amón estuvo conversando con los estudiantes, hubo lugar para muchas quejas sobre el panorama cultural actual. Una de esas protestas resaltó, a raíz de la pregunta de un alumno, el papel de lo marginal. En una época en la que «la cultura convencional es víctima de la corrección», el columnista de El Confidencial reivindicó la función de todo aquello que rompe con el cánon establecido. Frente al oficialismo que se impone en el presente, frente al miedo a escandalizar, quiso dar luz al rol que desempeñan la ofensa y la provocación, dos herramientas capaces de transformar los valores culturales de la sociedad en un momento en el que «la cultura está coartada por el peligro de la cancelación».
Con la contundencia del hartazgo que esta situación genera, Amón insistió en que «no necesitamos un régimen de cortesía y mansedumbre cuyo precio sea la autocensura». De esta manera, resaltó la necesidad cada vez más imperiosa de «aceptar el disenso una y otra vez», porque, como aclaró, es esta una característica esencial de la democracia y no el «culto desmesurado al consenso» ante el que nos encontramos ahora.
4ª Lección: Exhibicionismo frente a intimismo
Según los últimos datos del Barómetro de hábitos de lectura de la Federación de Gremios de Editores de España, el 66,2% de la población española disfruta de la lectura en su tiempo libre. Una cifra que ha ido aumentando a lo largo de los últimos años de forma paulatina y que Amón atribuye, en parte, a la pandemia, a ese momento de 2020 en el que todos nos vimos recluidos en nuestras casas, convertidas en nuevos «búnkeres culturales»
No obstante, este considerable incremento de lectores en nuestro país está inevitablemente ligado al escaparatismo propio de las redes sociales. En ellas somos testigos de cómo «hoy en día se leen libros como si fuesen condecoraciones», lamenta el periodista madrileño. En oposición a ese exhibicionismo superficial, el escritor español advoca por un intimismo que está profundamente ligado al espíritu crítico esencial para todo futuro profesional de este ámbito.
Sin embargo, y citando de nuevo a Vargas Llosa, «el mundo pantalla ha deslocalizado, desincronizado y desregulado el espacio-tiempo de la cultura», debilitando el foco de atención de muchos frente a lo que supone embarcarse en una aventura cultural, como explica Amón. Es así como nos enfrentamos al dilema de promover la reflexión y el cultivo intelectual ante un público que en ocasiones está incapacitado por el despotismo del algoritmo.
Por medio de recursos como las ‘perchas’ y basándonos siempre en nuestro espíritu crítico —bien alimentado por una dieta variada y cuidadosamente seleccionada—, el periodismo humanístico debe seducir a los lectores, exhibicionistas e intimistas, para tratar de conducirlos por el camino de la independencia cognitiva y el deleite desinteresado de lo que Amón califica como «la exaltación de lo inútil», es decir, del arte en estado puro, del ars gratia artis.
5ª Lección: La calidad literaria distingue al periodista cultural
Volviendo una última vez al autor peruano, cabe destacar otra cita en la que define la cultura como «una manera de ser en la que las formas importan tanto como el contenido». He ahí otro asunto de vital importancia para el redactor experto en artes. «La oscuridad se confundía con el profundo azul de su vestido. Y sonreía Morante mientras levitaba, izado como un misterio hedonista. Cuánto placer. Y qué sobredosis». Es este uno de los fragmentos de Morante, punto y aparte, el ensayo de Rubén Amón por el que fue galardonado con uno de los Premios de la Crítica de Madrid el pasado viernes, 2 de octubre. Es, también, una demostración de la estética literaria a la que el periodista cultural tiende casi por inercia. Porque escribir sobre arte, sea bello o desagradable, lo requiere. Porque «en los presupuestos del periodismo cultural va un esmero que no hay en otras formas de periodismo», distingue el cronista taurino.
Así pues, con la humildad que en el mundo mediático es virtud particular, Amón, tras iniciar el curso de los estudiantes del CEU, recuperó las palabras de Eduardo Mendoza al aceptar el premio Princesa de Asturias de las letras en 2025: «Lo último que se pierde en la vida no es la esperanza sino la vanidad». Con este recordatorio y el resalte de un compromiso ético que debe ser inherente al espíritu crítico, el periodista se despidió de un aula que pudo cosechar cada una de estas lecciones para la labor que desempeñará durante el máster y, esperemos, también después de la graduación.
Con conversaciones como esta, el madrileño prueba su predilección por el periodismo cultural, confesando que dicha apreciación aumentó tras volver de cubrir las terribles guerras yugoslavas y los bombardeos de la OTAN en una Europa víctima de rencores enraizados y un estado Frankenstein ya despedazado. Frente a la célebre frase de Theodor Adorno que afirma que «escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie», Amón volvió a España valorando más que nunca el papel de esa sección del periódico que siempre le obliga a comenzarlo por el final.
