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17 abril, 2016 Comentarios (0) Visitas: 939

Geometría orquestal en el Auditorio Nacional

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Versatilidad clásica. Allegros y adagios en un baile equilibrado. Y tres lenguajes diferentes; los de Henri Dutilleux, Béla Bartók y Ludwig van Beethoven combinados en un mismo concierto: el armonizado, dentro de la Serie Arriaga 2015-2016, por la Gustav Mahler Jugendorchester el pasado miércoles, 6 de abril, en el Auditorio Nacional de Música de Madrid.

La prestigiosa orquesta formada únicamente por jóvenes, fundada hace ya treinta años por Claudio Abbado –y que cuenta con 22 españoles entre sus músicos–, estuvo conducida por David Afkham (Alemania, 1983), nombrado recientemente Director Titular de la Orquesta Nacional de España. El joven director, cuyo talento se está reconociendo de forma internacional e imparable, contagió la gran pasión que siente por la música con su extrovertido movimiento, al compás de ella y de su sentimiento.

Comenzó el concierto con las Métaboles de Henri Dutilleux (1916-2013), quien se definía a sí mismo como «un polifonista de la orquesta». Aunque breve, requiere de un gran número de instrumentos para tocar sus cinco movimientos: Incantatoire, Llnéaire, Obsessionnel, Torpide y Flamboyant. Sutiles, inquietos y misteriosos, conforman una pieza que recuerda al cine policíaco. A ese género, como quizás también al de terror clásico, transporta el andante tranquillo que da inicio a Música para cuerda, percusión y celesta de Béla Bartók (1881-1945); obra situada en el vértice más elevado de su creación orquestal, concebida por él mismo como una arquitectura sonora basada en la simetría y la proporción áurea. El allegro, adagio y allegro molto que continúan tienen en sus pentagramas una exaltada gran precisión, guiada con entusiasmo por David Afkham durante esta segunda parte del concierto, primera dedicada a Bartók.

Le siguió su Concierto para violín núm. 1, que no salió a la luz hasta 51 años después de su composición, en 1907-8. Aquí tuvo lugar uno de los momentos más esperados por el público: la aparición y participación, como solista, de Frank Peter Zimmermann (Alemania, 1965), precoz virtuoso que ha colaborado con casi todas las grandes orquestas internacionales. Y, como gran broche final, la Sinfonía núm. 5 (en Do menor) de Ludwig van Beethoven (1770-1827). «Así llama el Destino a la puerta», declaró el compositor de la que es su obra más conocida y exhuberante. Un estallido de brío y fuerza en su andante con moto y tres allegros que levantaron de sus butacas a un público que se mostró entregado y conmovido durante todo el concierto. Ave, Beethoven.

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