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¿Quién sufrió más, Rodin o Camille Claudel?

Ramón Fotserè

«No por abrir mucho los ojos se ve más»

13 marzo, 2016 Comentarios (0) Visitas: 1585 Escena, Recomendamos

…Y la casa crecía: embriagados de usufructo

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…Y la casa crecía es una alegoría de la burbuja crediticia de nuestro tiempo. Aquello de: «querría un préstamo de 30.000 euros para comprar una casa», y acabamos suscribiendo, por iniciativa del prestamista, un contrato de hipoteca por importe de 40.000, por si acaso queremos también adquirir un coche.

Esta obra es la historia de una pareja de funcionarios de Agricultura, Isabel y Alberto (Ana Cerdeiriña y  Juan Carlos Talavera), que alquila un palacete a una viuda millonaria (Ana Marzoa) por un precio ínfimo. La única condición estriba en conservar los bienes inmuebles y albergar cualquier pieza que sea introducida a posteriori por la propietaria.

Según Jesús Campos García, autor, director y escenógrafo de la obra, se trata de una «comedia de lo absurdo, disparatada, crítica, alegórica y algo financiera». Sin embargo, si bien nos traslada en ocasiones a Cuatro corazones con freno y marcha atrás, de Jardiel Poncela, por la sátira burguesa, alterna con puestas en escena dramáticas dignas de la narrativa escultórica de Bernini.

 

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La obra da comienzo y término con una proyección de la casa en pantalla, que funciona como telón, aparentemente para situar al espectador, pero al levantarse, observamos la recreación del palacete, pues cobra protagonismo convirtiéndose en el elemento clave que hace estallar el nudo de la historia. Una casona tan ilusoria como su posesión por parte de la pareja.

No en vano, la banda sonora de Lo que el viento se llevó, largometraje también mencionado explícitamente por los protagonistas, marca las transiciones entre escenas.

 

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Cartel de ‘…Y la casa crecía’

Cabe destacar la brillante labor de iluminación de Juan Gómez-Cornejo, que resalta la majestuosidad de la mansión, así como el vestuario, adecuado en función del plano real, alegórico o divino, de la figurinista María Luisa Engel. No podemos olvidarnos del diseño del cartel de Isidro Ferrer, que ilustra un caracol de hierro cuya casa a cuestas forma la letra capital de la obra, sello del CDN que, en esta ocasión, ha aumentado el tamaño del programa de mano.

En cuanto a la interpretación actoral, la naturalidad del elenco logra trasladar progresivamente al público de la comodidad de la comedia a un pseudoauto sacramental mediante un «crescendo sostenible».

Contrasta la picardía de Yuya (Marilyn Torres) con la profesionalidad de Don Ruperto (Fernando Albizu), pero coinciden en la lucidez de su interpretación, que solaza la de los protagonistas, también irreprochable.

«El capitalismo se supera a sí mismo» (Yuya)

Así pues, el María Guerrero es el teatro idóneo para acoger esta puesta en escena que, al tiempo que complace sobremanera al espectador, proyecta en él, de la mano de Isabel y Alberto, la sensación de angustia ante el crecimiento desmesurado y mal distribuido de la economía capitalista.

Es paradójico, pero necesario, que un público con cierta solvencia acuda al teatro para sentirse en cierto modo denunciado por esta comedia financiera. Al menos, invierte su dinero en cultura, que a menudo denuncia, y no en el dinero como bien en sí mismo.

 

 

… Y la casa crecía.

Teatro María Guerrero.

Producción: Centro Dramático Nacional.

Del 4 de marzo al 10 de abril.

Duración del espectáculo: 1 hora y 45 min. apróx. (sin intermedio).

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