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7 febrero, 2019 Comentarios (0) Visitas: 698 Arte, Crítica, Galería

Todas las calles de Anthony Hernandez en la Fundación MAPFRE

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Los Ángeles

Los Ángeles, nº14, 1973

»Paseaba y miraba. La ciudad era mi estudio».

Buscaba lugares diferentes, caminaba entre las calles de Los Ángeles esperando ver lo que nadie más ve. Un detalle, un punto de vista distinto, algo especial, y así convertir sus ojos en un espejo para el mundo. En palabras del propio Anthony Hernandez: »Siempre lo vi como una danza. Yo iba danzando y sacando fotos con la cámara en mis manos».

De esta manera, se abre la primera exposición en honor al fotógrafo realizada en España, que nos presenta una retrospección a lo largo de sus más de cuarenta y cinco años dedicados a esta disciplina. Sin embargo, esa inocente sencillez que lo impulsó a consagrar su vida a la fotografía, su peculiar manera de entender el arte como un juego, se contrapone a la dura mirada de todos los presentes que inmortaliza a través de sus objetivos. Momentos que dejan huella en una sociedad que, desde los años setenta, lo ha visto crecer y que ahora se encuentran expuestos en las paredes de la Fundación MAPFRE de Madrid.

Dividida en seis secciones y comisariada por Erin O’ Toole, la muestra nos transporta a los inicios de este gran artista para comprender sus últimos proyectos. Un viaje de vida que le llevó a ser considerado un fotógrafo de calle y una de las figuras más representativas en este arte que aprendió a base de pasear y mirar.

Solo una Nikon de 35 mm le acompañó durante los primeros pasos de su carrera. Su mirada se volvió universal a través de ella y las personas a las que fotografiaba, inmortales. Su barrio era entonces el escondite que albergaba tantos secretos por capturar. El tiempo aguardaba a ser congelado en algunas de sus calles; y las playas que no dejó escapar parodiaban con humor a algunos de los grandes fotógrafos que él, en aquel tiempo, apenas conocía. »Estaba intentando capturar momentos de lo que cada persona era. Instantes interiores», nos cuenta Anthony Hernandez, al tiempo que confiesa que ante eso, él solo buscaba ser invisible.

Santa Mónica

Santa Mónica, nº14, 1970

A medida que iba estableciéndose su propia voz como artista, la figura humana comenzaba a perder relevancia. A partir de 1978, el fotógrafo decidió convertir a la ciudad en su única protagonista. Sin embargo, dentro de la importancia que en cada imagen le confería, ella no nos hablaba de sí misma, sino de las personas que la habitaban. Con firmeza y sin apartar la vista de la realidad, Anthony Hernandez retrató las diferencias de las clases sociales, en medio de una ciudad ajena a las necesidades de los que viven en ella; ajena a la invisibilidad que él hace palpable en los destartalados y vacíos entornos urbanos que nos muestra. Los indigentes y la clase trabajadora que, en series como Automotive Landscape, se sienten en la atmósfera perdida de la soledad.

Automotive Landscape

Automotive Landscape, nº35, 1978

La ciudad que ha quebrado la calma de sus fotografías, cede paso a su primera incursión en el mundo del color y al último escalón para deshacerse completamente de la figura humana. Anthony Hernandez nos lleva en esta ocasión a la famosa calle comercial de Beverly Hills, Rodeo Drive, en la que los compradores, vestidos para la ocasión, desean ser observados en este ambiente de consumismo omnipresente. Los colores estridentes con los que Hernandez nos deleita subrayan el lujo de las boutiques entre las que la multitud se mueve; y las pinceladas de un rojo vibrante unen unas imágenes con otras, como si de un eco entre ellas se tratase.

Rodeo Drive

Rodeo Drive nº3, 1984

Después de esta etapa, Anthony Hernandez reduce la presencia humana a un elemento palpable solo a través de los rastros que su ausencia nos ha dejado. Los lugares son testigos del tiempo y es eso lo que el artista fotografía: El tiempo que se ha escapado. En Landscape for the homeless refleja asentamientos de personas sin hogar en las calles de Los Ángeles. Con un encuadre preciso, busca orden entre los escenarios caóticos que retrata, humaniza los restos que las ausencias han dejado tras de sí y convierte en historias los olvidos.

Bosque nacional de Los Ángeles

Bosque nacional de Los Ángeles, nº3, 1988

A partir de finales de los 90, la investigación se adueña de sus fotografías y comienza a explorar las posibilidades del medio, así como diferentes motivos que le llaman la atención, entre los que nos podemos encontrar vayas, verjas, tabiques o huecos. La mayor parte de este período lo produce en Roma, ciudad en la que genera su serie Picture for Rome, centrándose en las ruinas modernas de espacios interiores, con el fin de expresar el carácter relativamente desechable de la cultura contemporánea.

Picture For Rome

Picture For Rome, nº17, 1999

En la primera década de los 2000, su interés por las personas sin hogar sigue presente en series como, por ejemplo, Forever, en la que adopta el punto de vista de los habitantes de asentamientos provisionales, fotografiando aquello que el morador observa al mirar hacia el exterior. Construyendo, de esta manera, una perspectiva completamente diferente a la que estamos acostumbrados.

Forever

Forever, nº74, 2011

La crisis económica es el eje central de las fotografías que ha realizado en los últimos años. En su serie Discarded, regresa a los espacios amplios y abiertos para brindar una reflexión sobre el estado de decadencia en el que se encuentra el sur de California. Para ello, fotografía lugares abandonados de las zonas desérticas que rodean la ciudad de Los Ángeles, desgastadas ante la ola de desahucios de 2008. El fracaso y la pérdida personal son algunos de los aspectos que narran estas imágenes, todo lo que no ha llegado a concluirse en la vida de esas personas. Como si en cada fotografía, algo se hubiera quedado a medias. Como si en cada instantánea existiese algo incompleto, esperando ser llenado otra vez.

Discarded

Discarded, nº50, 2014

»Yo quiero fotografiar las cosas más corrientes. No me interesan temas de actualidad, como la frontera con México, es demasiado cargado». Concluye Anthony Hernandez en la rueda de prensa, y prosigue: »Quiero que mi trabajo sea accesible para todo el mundo. Por ello solo busco una anécdota para lo pequeño».

Hasta el 12 de mayo podremos disfrutar de la exposición de este artista que no ha dejado de crecer. Tendremos, de esta manera, la oportunidad de adentrarnos en un recorrido por la realidad de sus ojos, en la que lo más importante es la manera de mirar. Diferente de un período a otro, pero siempre suya.

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